<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351</id><updated>2012-02-16T18:05:31.790-03:00</updated><category term='Mensaje del Papa'/><category term='Después de Epifanía'/><category term='Tiempo de Navidad'/><category term='Adviento'/><category term='Memoria'/><category term='Novena de la Inmaculada'/><title type='text'>Meditación diaria</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>381</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-865321648693344244</id><published>2011-12-08T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-12-08T00:00:03.781-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Después de Epifanía'/><title type='text'>LA VIDA EN NAZARET. TRABAJO</title><content type='html'>&lt;p&gt;Después de Epifanía   &lt;br /&gt;8 de enero&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;LA VIDA EN NAZARET. TRABAJO&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;El Señor, que trabajó en el taller de San José, es nuestro modelo en el trabajo, para santificar nuestra tarea diaria.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Cómo fue el trabajo de Jesús. Cómo debe ser el nuestro.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Con el trabajo habitual hemos de ganarnos el Cielo. Mortificaciones, detalles de caridad, competencia profesional en nuestra tarea.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Cuando meditamos la vida de Jesús, nos damos cuenta de que la mayor parte de su existencia la pasó en la oscuridad de un pueblo, apenas conocido dentro de su misma patria. Comprendemos que algunos de sus vecinos le dijeran: &lt;i&gt;Sal de aquí para que vean las obras que haces, pues nadie hace las cosas en secreto si pretende darse a conocer&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. El valor de las obras del Señor fue siempre infinito, y daba a su Padre la misma gloria cuando aserraba la madera, cuando resucitaba a un muerto y cuando le seguían las multitudes alabando a Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Muchos acontecimientos tuvieron lugar en el mundo durante aquellos treinta años de Jesús en Nazaret. La paz de Augusto había terminado y las legiones romanas se disponían a contener el empuje de los invasores bárbaros... En Judea, Arquelao era desterrado por sus innumerables desórdenes... En Roma, el Senado había divinizado a Octavio Augusto... Pero el Hijo de Dios se hallaba entonces en un pequeño pueblo, a 40 kilómetros de Jerusalén. Vivía en una casa modesta, quizá hecha de adobes como las demás, con su Madre, María, pues José debió fallecer ya en ese tiempo. ¿Qué hacía allí Dios Hombre? Trabajaba, como los demás hombres del pueblo. En nada llamativo se diferenciaba de ellos, pues también era uno de ellos. Era perfecto Dios y hombre perfecto. Y nosotros no podemos olvidar que, tanto su vida oculta, como su vida apostólica, son la existencia temporal del Hijo de Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando Jesús vuelve más tarde a Nazaret, sus paisanos se extrañan de su sabiduría y de los hechos prodigiosos que de Él se cuentan; le conocen por su oficio y por ser el &lt;i&gt;Hijo de María: ¿Qué sabiduría es la que se le ha dado?... ¿No es éste el artesano, el hijo de María?...&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. San Mateo nos dirá también, en otro lugar, lo que opinan de Cristo en su tierra: &lt;i&gt;¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre?...&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. Durante muchos años le vieron trabajar, día a día. Por eso sacan a relucir su oficio.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Además, en la predicación del Señor se puede notar que conoce bien el mundo del trabajo; lo conoce como alguien que lo ha tocado muy de cerca, y por eso puso muchos ejemplos de gente que trabaja.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Jesús, en estos años de vida oculta en Nazaret, nos está enseñando el valor de la vida ordinaria como medio de santificación. «Porque no es la vida corriente y ordinaria, lo que vivimos entre los demás conciudadanos, nuestros iguales, algo chato y sin relieve. Es, precisamente en esas circunstancias, donde el Señor quiere que se santifique la inmensa mayoría de sus hijos»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestros días pueden quedar santificados si se asemejan a los de Jesús en esos años de vida oculta y sencilla en Nazaret: si trabajamos a conciencia y mantenemos la presencia de Dios en la tarea, si vivimos la caridad con quienes están a nuestro alrededor, si sabemos aceptar las contradicciones evitando la queja, si las relaciones profesionales y sociales son motivo para ayudar a los demás y para acercarlos a Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Si contemplamos la vida de Jesús durante estos años sin relieve externo lo veremos trabajar bien, sin chapuzas, llenando las horas de trabajo intenso. Nos imaginamos al Señor recogiendo los instrumentos de trabajo, dejando las cosas ordenadas, recibiendo afablemente al vecino que va a encargarle alguna cosa..., también al menos simpático, y al de conversación poco amena. Tendría Jesús el prestigio de hacer las cosas bien, pues &lt;i&gt;todo lo hizo bien: Mc&lt;/i&gt; 7, 37, también las cosas materiales.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Y todos los que le trataron se sintieron movidos a ser mejores, y recibieron los beneficios de la oración callada de Cristo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El oficio del Señor no fue brillante; tampoco cómodo, ni de grandes perspectivas humanas. Pero Jesús amó su labor diaria, y nos enseñó a amar la nuestra, sin lo cual es imposible santificarla, «pues cuando no se ama el trabajo es imposible encontrar en él ninguna clase de satisfacción, por muchas veces que se cambie de tarea»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor conoció también el cansancio y la fatiga de la faena diaria, y experimentó la monotonía de los días sin relieve y sin historia aparente. Esta consideración es también un gran beneficio para nosotros, pues «el sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar. Esta obra de salvación se ha realizado precisamente a través del sufrimiento y de la muerte en la cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús, llevando a su vez la cruz de cada día en la actividad que ha sido llamado a realizar»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Jesús, durante estos treinta años de vida oculta, es el modelo que debemos imitar en nuestra vida de hombres corrientes que trabajan cada día. Contemplando la figura del Señor comprendemos con mayor hondura la obligación que tenemos de trabajar bien: no podemos pretender santificar un trabajo mal hecho. Hemos de aprender a encontrar a Dios en nuestras ocupaciones humanas, a ayudar a nuestros conciudadanos y a contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creación&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Un mal profesional, un estudiante que no estudia, un mal zapatero... si no cambia y mejora no puede alcanzar la santidad en medio del mundo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Con el trabajo habitual tenemos que ganarnos el Cielo. Para eso debemos tratar de imitar a Jesús, «quien dio al trabajo una dignidad sobreeminente, trabajando con sus propias manos»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Para santificar nuestras tareas hemos de tener presente que «todo trabajo humano honesto, intelectual o manual, debe ser realizado por el cristiano con la mayor perfección posible: con perfección humana (competencia profesional) y con perfección cristiana (por amor a la voluntad de Dios y en servicio de los hombres). Porque hecho así, ese trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales –a manifestar su dimensión divina– y es asumido e integrado en la obra prodigiosa de la Creación y de la Redención del mundo: se eleva así el trabajo al orden de la gracia, se santifica, se convierte en obra de Dios...»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En el trabajo santificado –como el de Jesús– encontraremos un campo abundante de pequeñas mortificaciones que se traducen en la atención en lo que estamos haciendo, en el cuidado y en el orden de los instrumentos que manejamos, en la puntualidad, en la manera como tratamos a los demás, en el cansancio ofrecido, en las contrariedades que, sin quejas estériles, procuramos llevar de la mejor manera posible.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En nuestros deberes profesionales encontraremos muchas ocasiones de rectificar la intención para que realmente sea una obra ofrecida a Dios y no una ocasión más de buscarnos a nosotros mismos. De esta manera, ni los fracasos nos llenarán de pesimismo, ni los éxitos nos separarán de Dios. La rectitud de intención –el trabajar de cara a Dios– nos dará esa estabilidad de ánimo propia de las personas que están habitualmente cerca del Señor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nos podemos preguntar hoy en nuestra oración personal si tratamos de imitar en nuestro trabajo los años de vida oculta de Jesús: ¿Tengo prestigio profesional y soy competente entre los de mi profesión? ¿Ejercito las virtudes humanas y las sobrenaturales en mi tarea diaria? ¿Sirve mi trabajo para que mis amigos se acerquen más a Dios? ¿Les hablo de la doctrina de la Iglesia en aquellas verdades sobre las que existe más ignorancia o más confusión en el momento actual? ¿Cumplo acabadamente mis deberes profesionales?&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Miramos el trabajo de Jesús a la vez que examinamos el nuestro. Y le pedimos: «Señor, concédenos tu gracia. Ábrenos la puerta del taller de Nazaret, con el fin de que aprendamos a contemplarte a Ti, con tu Madre Santa María, y con el Santo Patriarca José (...), dedicados los tres a una vida de trabajo santo. Se removerán nuestros pobres corazones, te buscaremos y te encontraremos en la labor diaria, que Tú deseas que convirtamos en obra de Dios, obra de Amor»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 7, 8-4. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 6, 2-3. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 13, 55. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Es Cristo que pasa&lt;/i&gt;, 110. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; F. Suárez, &lt;i&gt;José, esposo de María&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1982, p. 268. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Juan Pablo II, Enc. &lt;i&gt;Laborem exercens&lt;/i&gt;, 14-IX-1981, 27. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. Conc. Vat. II, Const. &lt;i&gt;Lumen gentium&lt;/i&gt;, 41. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; ídem, Const. &lt;i&gt;Gaudium et spes&lt;/i&gt;, 67. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer&lt;/i&gt;, 10. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amigos de Dios&lt;/i&gt;, 72.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-865321648693344244?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/865321648693344244'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/865321648693344244'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/12/la-vida-en-nazaret-trabajo.html' title='LA VIDA EN NAZARET. TRABAJO'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-4180395618869677011</id><published>2011-02-21T21:09:00.000-03:00</published><updated>2011-02-21T21:54:11.217-03:00</updated><title type='text'>Aviso a nuestros lectores</title><content type='html'>&lt;p&gt;Estamos viendo con la editora EDICIONES PALABRA la posibilidad de usar directamente la web original de ellos: &lt;a href="http://www.hablarcondios.org"&gt;http://www.hablarcondios.org&lt;/a&gt;, que ha existido desde siempre y desde la cual se han tomado estas meditaciones realizando un cambio de formato que sea mas apropiado para la lectura diaria (según el criterio del webmaster de esta web) y otras facilidades adicionales.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Hasta tanto sea resuelta esta cuestión les pido que accedan a la web &lt;a href="http://www.hablarcondios.org"&gt;http://www.hablarcondios.org&lt;/a&gt; para poder disfrutar de estas meditaciones que tanto bien hacen en el camino a la santidad en la vida diaria.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;strong&gt;Haga click aquí &lt;/strong&gt;&lt;a href="http://www.hablarcondios.org"&gt;&lt;strong&gt;http://www.hablarcondios.org&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt; para acceder a la meditación del día de hoy.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-4180395618869677011?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/4180395618869677011'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/4180395618869677011'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/aviso-nuestros-lectores.html' title='Aviso a nuestros lectores'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-4109024457277535291</id><published>2011-02-20T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-20T00:00:03.061-03:00</updated><title type='text'>TRATAR BIEN A TODOS</title><content type='html'>&lt;p&gt;Séptimo Domingo - Ciclo A&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;TRATAR BIEN A TODOS&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Debemos vivir la caridad en toda ocasión y circunstancia. Comprensión para quienes están en el error, pero firmeza ante la verdad y el bien.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Caridad con quienes no nos aprecian, con quienes calumnian y difaman, con quienes se sienten enemigos..., con todos. Oración por ellos.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La caridad nos lleva a vivir la amistad con un hondo sentido cristiano.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. &lt;i&gt;Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo... al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también la capa; a quien te fuerce a andar una milla, ve con él dos...&lt;/i&gt; Son palabras de Jesús en el Evangelio de la Misa&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, que nos invitan a vivir la caridad más allá de los criterios de los hombres. Ciertamente, en el trato con los demás no podemos ser ingenuos y hemos de vivir la justicia –también para exigir los propios derechos– y la prudencia, pero no debe parecernos excesiva cualquier renuncia o sacrificio en bien de otros. Así nos asemejamos a Cristo que, con su muerte en la Cruz, nos dio un ejemplo de amor por encima de toda medida humana.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nada tiene el hombre tan divino –tan de Cristo– como la mansedumbre y la paciencia para hacer el bien&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. «Busquemos aquellas virtudes –nos aconseja San Juan Crisóstomo– que, junto con nuestra salvación, aprovechan principalmente al prójimo... En lo terreno, nadie vive para sí mismo; el artesano, el soldado, el labrador, el comerciante, todos sin excepción contribuyen al bien común y al provecho del prójimo. Con mayor razón en lo espiritual, porque este es el vivir verdadero. El que solo vive para sí y desprecia a los demás es un ser inútil, no es hombre, no pertenece a nuestro linaje»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Las múltiples llamadas del Señor –y especialmente su mandamiento nuevo&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;– para vivir en todo momento la caridad han de estimularnos a seguirle de cerca con hechos concretos, buscando la ocasión de ser útiles, de proporcionar alegrías a quienes están a nuestro lado, sabiendo que nunca adelantaremos lo suficiente en esta virtud. En la mayoría de los casos se concretará solo en pequeños detalles, en algo tan simple como una sonrisa, una palabra de aliento, un gesto amable... Todo esto es grande a los ojos de Dios, y nos acerca mucho a Él. Al mismo tiempo, consideramos hoy en nuestra oración todos esos aspectos en los que, si no estamos vigilantes, sería fácil faltar a la caridad: juicios precipitados, crítica negativa, falta de consideración con las personas por ir demasiado ocupados en algún asunto propio, olvidos... No es norma del cristiano el &lt;i&gt;ojo por ojo y diente por diente&lt;/i&gt;, sino la de hacer continuamente el bien aunque, en ocasiones, no obtengamos aquí en la tierra ningún provecho humano. Siempre se habrá enriquecido nuestro corazón.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La caridad nos lleva a comprender, a disculpar, a convivir con todos, de modo que «quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa deben ser también objeto de nuestro respeto y de nuestro aprecio (...).&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«Esta caridad y esta benignidad en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. Más aún, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad que salva. Pero es necesario distinguir entre el error, que siempre debe ser rechazado, y el hombre que yerra, el cual conserva la dignidad de la persona incluso cuando está desviado por ideas falsas o insuficientes en materia religiosa»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. «Un discípulo de Cristo jamás tratará mal a persona alguna; al error le llama error, pero al que está equivocado le debe corregir con afecto; si no, no le podrá ayudar, no le podrá santificar»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;, y esa es la mayor muestra de amor y de caridad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. El precepto de la caridad no se extiende solo a quienes nos quieren y nos tratan bien, sino a todos, sin excepción. &lt;i&gt;Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;También, si alguna vez nos sucede, debemos vivir la caridad con quienes nos hacen mal, con los que nos difaman y quitan la honra, con quienes buscan positivamente perjudicarnos. El Señor nos dio ejemplo en la Cruz&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;, y el mismo camino del Maestro siguieron sus discípulos&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. Él nos enseñó a no tener enemigos personales –como han atestiguado con heroísmo los santos de todas las épocas– y a considerar el pecado como el único mal verdadero. La caridad adquirirá diversas manifestaciones que no están reñidas con la prudencia y la defensa justa, con la proclamación de la verdad ante la difamación, y con la firmeza en defensa del bien y de los legítimos intereses propios o del prójimo, y de los derechos de la Iglesia. Pero el cristiano ha de tener siempre un corazón grande para respetar a todos, incluso a los que se manifiestan como enemigos, «no porque son hermanos –señala San Agustín–, sino para que lo sean; para andar siempre con amor fraterno hacia el que ya es hermano y hacia el que se manifiesta como enemigo, para que venga a ser hermano»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Esta manera de actuar, que supone una honda vida de oración, nos distingue claramente de los paganos y de quienes de hecho no quieren vivir como discípulos de Cristo. &lt;i&gt;Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen también lo mismo los paganos?&lt;/i&gt; La fe cristiana pide no solo un comportamiento humano recto, sino virtudes heroicas, que se ponen de manifiesto en el vivir ordinario.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;También, con la ayuda de la gracia, viviremos la caridad con quienes no se comportan como hijos de Dios, con los que le ofenden, porque «ningún pecador, en cuanto tal, es digno de amor, pero todo hombre, en cuanto tal, es amable por Dios»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Todos siguen siendo hijos de Dios y capaces de convertirse y alcanzar la gloria eterna. La caridad nos impulsará a la oración, a la ejemplaridad, al apostolado, a la corrección fraterna, confiando en que todo hombre es capaz de rectificar sus errores. Si alguna vez son particularmente dolorosas las ofensas, las injurias, las calumnias, pediremos ayuda a Nuestra Señora, a la que, en muchas ocasiones, hemos contemplado al pie de la Cruz, sintiendo muy de cerca aquellas infamias contra su Hijo: y gran parte de aquellas injurias, no lo olvidemos, eran nuestras. Nos dolerán más por la ofensa a Dios que significan, y por el daño que pueden causar a otras personas, y nos moverán a desagraviar al Señor y a reparar en lo que esté en nuestras manos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. El corazón del cristiano ha de ser grande. Evidentemente, su caridad debe ser ordenada y, en consecuencia, ha de comenzar a vivirla con los más próximos, con aquellas personas que, por voluntad de Dios, están a su alrededor; sin embargo, nuestro aprecio y afecto nunca puede ser excluyente o limitarse a ámbitos reducidos. No quiere el Señor un apostolado de tan cortos horizontes.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La unión con Dios que procuramos hacer fructificar con su gracia en nuestra conducta nos debe llevar a tener presente la dimensión entrañablemente humana del apostolado. La actitud del cristiano, su convivencia con todos, debe parecerse a un &lt;i&gt;generoso caudal de cariño sobrenatural y cordialidad humana&lt;/i&gt;, procurando superar la tendencia al egoísmo, a quedarse en sus cosas.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En nuestra oración personal pedimos al Señor que nos ensanche el corazón; que nos ayude a ofrecer sinceramente a más personas nuestra amistad; que nos impulse a hacer apostolado con cada uno, aunque no seamos correspondidos, aunque sea necesario a menudo enterrar nuestro propio yo, ceder en el propio punto de vista o en un gusto personal. La amistad leal incluye un esfuerzo positivo –que mantendremos en el trato asiduo con Jesucristo– «por comprender las convicciones de nuestros amigos, aunque no lleguemos a compartirlas, ni a aceptarlas»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt; porque no puedan conciliarse con nuestras convicciones de cristianos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor no deja de perdonar nuestras ofensas siempre que volvemos a Él movidos por su gracia; tiene paciencia infinita con nuestras mezquindades y errores; por eso, nos pide –así nos lo ha enseñado en el &lt;i&gt;Padrenuestro&lt;/i&gt; de modo expreso– que tengamos paciencia ante situaciones y circunstancias que dificultan acercarse a Dios a personas, conocidos o amigos, que encontramos a nuestro paso. La falta de formación y la ignorancia de la doctrina, los defectos patentes, incluso una aparente indiferencia, no han de apartarnos de esas personas, sino que han de ser para nosotros &lt;i&gt;llamadas&lt;/i&gt; positivas, apremiantes, luces que señalan una mayor necesidad de ayuda espiritual en quienes los padecen: han de ser estímulo para intensificar nuestro interés por ellos, por cada uno. Nunca motivo para alejarnos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Formulemos un propósito concreto que nos acerque a los parientes, amigos y conocidos que más lo necesitan, y pidamos gracias a la Santísima Virgen para llevarlo a cabo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 5, 38-48. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. San Gregorio Nacianceno, &lt;i&gt;Oración 17&lt;/i&gt;, 9. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; San Juan Crisóstomo, &lt;i&gt;Homilías sobre San Mateo&lt;/i&gt;, 77, 6. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 13, 34-35; 15, 12. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, Const. &lt;i&gt;Gaudium et spes&lt;/i&gt;, 28. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amigos de Dios&lt;/i&gt;, 9. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 23, 34. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 7, 60. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;Comentario a la 1ª Epístola de San Juan&lt;/i&gt;, 4, 10, 7. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; ídem, &lt;i&gt;Sobre la doctrina cristiana&lt;/i&gt;, 1, 27. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Surco&lt;/i&gt;, n. 746.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-4109024457277535291?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/4109024457277535291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/4109024457277535291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/tratar-bien-todos.html' title='TRATAR BIEN A TODOS'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-8088190944930366398</id><published>2011-02-19T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-19T21:19:26.475-03:00</updated><title type='text'>LOS PROPÓSITOS DE LA ORACIÓN</title><content type='html'>&lt;p&gt;6ª semana. Sábado&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;LOS PROPÓSITOS DE LA ORACIÓN&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;&lt;i&gt;Jesús nos habla&lt;/i&gt; en la oración.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;No desalentarnos si alguna vez parece que el Señor no nos oye... Él nos atiende siempre y llena el alma de frutos.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Propósitos concretos y bien determinados.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Subió Jesús al Tabor con tres de sus discípulos más íntimos, Pedro, Santiago y Juan, que más tarde habrían de acompañarle en Getsemaní&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Allí oyeron la voz inefable del Padre: &lt;i&gt;Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie, sino a Jesús con ellos&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En Cristo tiene lugar la plenitud de la Revelación. En su palabra y en su vida se contiene todo lo que Dios ha querido decir a la humanidad y a cada hombre. En Jesús encontramos todo lo que debemos saber acerca de nuestra propia existencia, en Él entendemos el sentido de nuestro vivir diario. En Cristo se nos ha dicho todo; a nosotros nos toca escucharle y seguir el consejo de Santa María: &lt;i&gt;Haced lo que Él os diga&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. Esa es nuestra vida: &lt;i&gt;oír lo que Jesús nos dice&lt;/i&gt; en la intimidad de la oración, en los consejos de la dirección espiritual y a través de los acontecimientos y sucesos que Él manda o permite, y &lt;i&gt;llevar a cabo lo que Él quiere&lt;/i&gt; de nosotros. «Por esto –enseña San Juan de la Cruz–, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no solo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad. Porque le podría responder Dios de esta manera, diciendo: “Si te tengo ya habladas todas las cosas en &lt;i&gt;mi Palabra&lt;/i&gt;, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos solo en Él, porque en Él te lo tengo dicho y revelado, y hallarás en Él aún más de lo que pides y deseas (...); oídle a Él, porque ya no tengo más fe que revelar, ni más cosas que manifestar”»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;A la oración hemos de ir a hablar con Dios, pero también a escuchar sus consejos, inspiraciones y deseos acerca del trabajo, de la familia, de los amigos, a quienes debemos acercar a Él. Porque en la oración hablamos a Dios y Él nos habla mediante esos impulsos que nos llevan a mejorar en el cumplimiento de los deberes diarios, a ser más audaces en el apostolado, y &lt;i&gt;nos da luces&lt;/i&gt; para resolver –según su querer divino– las cuestiones que se presentan.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestra Madre Santa María –a quien por ser hoy sábado podemos honrar con particular cariño a lo largo del día– nos enseña a escuchar a su Hijo, a considerar las cosas en nuestro corazón como Ella, según lo hace constar por dos veces el Evangelio&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. «Fue la ponderación de las cosas en el corazón lo que hizo que, a compás del tiempo, fuera creciendo la Virgen María en la comprensión del misterio, en santidad, en unión de Dios. Nuestra Señora, contrariamente a la impresión habitual que existe entre nosotros, no se lo encontró todo hecho en su camino hacia Dios, pues le fueron exigidos esfuerzos y fue sometida a pruebas que ningún nacido de mujer –excepto su Hijo– hubiera podido atravesar»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. En la intimidad con Dios, conoció lo que quería de Ella; allí penetró más y más en el misterio de la Redención, y en la oración encontró sentido a los acontecimientos de su vida: la alegría inmensa e incomparable de su vocación, la misión de José, la pobreza de Belén, la llegada de los Magos, la zozobra de la huida precipitada a Egipto, la búsqueda dolorosa y el feliz encuentro de Jesús cuando este tenía doce años, la normalidad de los días de Nazaret... La Virgen oraba y comprendía. Así nos ocurrirá a nosotros si aprendemos a tratar con intimidad a Jesús.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. &lt;i&gt;Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle...&lt;/i&gt; Muchas veces debemos oírle, y también preguntarle sobre aquello que no entendemos, que nos sorprende, o sobre las decisiones que hayamos de tomar. Le preguntaremos: Señor, en este asunto, ¿qué quieres que haga?, ¿qué te es más grato?, ¿cómo puedo vivir mejor mi trabajo?, ¿qué esperas de este amigo?, ¿cómo puedo ayudarle?... Y si sabemos estar atentos, oiremos esas palabras de Jesús que nos invitan a una mayor generosidad y nos alumbran para movernos según el querer de Dios. Verdaderamente, podemos decir a Jesús en nuestra oración de hoy: &lt;i&gt;Tu palabra es para mis pies una lámpara, la luz de mi sendero&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;, sin la cual andaría dando tropezones, sin rumbo y sin sentido. Guíame, Señor, en mis caminos y no me dejes en medio de tanta oscuridad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;A la oración sincera, con rectitud de intención, y sencilla, como habla un hijo con su padre, un amigo con su amigo, «están siempre atentos los oídos de Dios»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Él nos oye siempre, aunque en alguna ocasión tengamos la impresión de que no nos atiende. Como cuando Bartimeo gritaba a Jesús a la salida de Jericó y este seguía adelante sin pararse ante los ruegos del ciego&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;, o en aquella otra ocasión en la que los discípulos piden al Señor que atienda a la mujer sirofenicia que les sigue sin dejar de suplicar por su hija enferma&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. Jesús conocía muy bien el deseo de estas personas y la fe que, con aquella perseverancia en la oración, se hacía más firme y sincera. Él está atento a lo que decimos, interesado en nuestros asuntos, recibe las alabanzas, las acciones de gracias que le dirigimos, los actos de amor, las peticiones, y nos habla, nos abre caminos nuevos, nos sugiere propósitos... En ocasiones será la oración una conversación sin palabras, como ocurre a veces con amigos que se aprecian y se conocen de verdad. Pero, aun sin palabras, ¡se pueden decir tantas cosas!...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Con frecuencia nos ayudará considerar en la oración que somos los amigos más íntimos de Jesús, como los Apóstoles, que nos ha llamado a servirle desde nuestro lugar de trabajo, y con quien hemos de tratar muchos asuntos, como aquellos que le seguían. «El Señor, después de enviar a sus discípulos a predicar, a su vuelta, los reúne y les invita a que vayan con Él a un lugar solitario para descansar... ¡Qué cosas les preguntaría y les contaría Jesús! Pues... el Evangelio sigue siendo actual»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Y también nosotros debemos prestar atención a Jesús que nos habla en la intimidad de la oración.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor deja en el alma abundantes frutos, aunque a veces nos pasen inadvertidos; habla entonces de modo apenas perceptible, pero nos da siempre su luz y su ayuda, sin la cual no saldríamos adelante. Procuremos rechazar cualquier distracción voluntaria, veamos qué debemos cuidar para mejorar ese rato de conversación con el Señor (guarda de los sentidos, mortificación en lo habitual de cada día, poner más atención en la oración preparatoria, pedir más ayudas...) y seguir el ejemplo de los santos, que perseveraron en su oración a pesar de las dificultades. «Muy muchas veces –recuerda Santa Teresa– algunos años tenía más cuenta con desear se acabase la hora que tenía por mí de estar y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no sé qué penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oración»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. No la dejemos nunca nosotros, aunque alguna vez nos resulte árida, seca y costosa.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«También aprovecha –señala San Pedro de Alcántara– considerar que tenemos al Ángel de la Guarda a nuestro lado, y en la oración mejor que en otra parte, porque allí está él para ayudarnos y llevar nuestras oraciones al Cielo y defendernos del enemigo»&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle...&lt;/i&gt; Jesús nos habla en la oración. Y la Virgen, nuestra Madre, nos señala cómo hemos de proceder: &lt;i&gt;Haced lo que Él os diga...&lt;/i&gt;, nos aconseja, como a los sirvientes de Caná. Porque hacer lo que Jesús nos va diciendo cada día en la oración personal y a través de la dirección espiritual es encontrar la llave que permite abrir las puertas del Reino de los Cielos, es situarse en la línea de esos deseos de Dios sobre la propia existencia. Y cuando somos dóciles a esas insinuaciones y consejos hallamos que nuestra vida se colma de frutos, como aquellos sirvientes de Caná, quienes, por su obediencia a las palabras de nuestra Madre Santa María, encontraron las tinajas de piedra llenas de espléndido vino.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Acudamos a Ella y pidámosle que nos enseñe a hablar con Jesús y a saber escucharle; renovemos el propósito firme de poner cada vez más empeño en la oración; examinemos si estamos atentos a lo que quiera decirnos en ese diálogo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. &lt;i&gt;Haced lo que Él os diga...&lt;/i&gt; Las palabras de la Virgen son una invitación permanente para llevar a cabo los propósitos que cada día nos sugiere el Señor en nuestra oración personal.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Estos propósitos deben estar bien determinados para que sean eficaces, para que se plasmen en realidades o, al menos, en el empeño por que así sea: «planes concretos, no de sábado a sábado, sino de hoy a mañana, y de ahora a luego»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Muchas veces se referirán a cosas pequeñas de mejora en el trabajo, en el trato con los demás, en procurar aumentar en ese día la presencia de Dios al ir por la calle o en medio de la familia...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Otras veces nos habla el Señor a través de los consejos recibidos en la dirección espiritual, que serán de ordinario el principal empeño por mejorar y tema frecuente de oración. Así cada día, cada semana, casi sin darnos cuenta, el querer divino irá señalando nuestros pasos como una brújula indica al caminante el sendero que lleva hasta la meta. El fin de nuestro viaje es Dios, a Él queremos encaminarnos con seguridad, sin titubeos, sin retrasos, con toda nuestra voluntad. Nuestra primera misión es aprender a escuchar, a conocer esa voz divina que se va manifestando en la vida. Los propósitos diarios y esos puntos de lucha bien determinados –el &lt;i&gt;examen particular&lt;/i&gt;– nos llevarán de la mano hasta la santidad, si no dejamos de luchar con empeño.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Hoy podemos ir hasta el Señor a través de Nuestra Señora, quizá diciendo más jaculatorias, rezando mejor el Santo Rosario, deteniéndonos con más amor en la breve contemplación de cada misterio. «Cómo enamora la escena de la Anunciación. —María –¡cuántas veces lo hemos meditado!– está recogida en oración..., pone sus cinco sentidos y todas sus potencias al hablar con Dios. En la oración conoce la Voluntad divina; y con la oración la hace vida de su vida: ¡no olvides el ejemplo de la Virgen!»&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. A Ella le suplicamos hoy que nos dé un oído atento para escuchar la voz de su Hijo, que se nos manifiesta en momentos bien determinados. &lt;i&gt;Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle&lt;/i&gt;. También a Ella le pedimos un mayor empeño por llevar a la práctica los propósitos de la oración y los consejos recibidos en la dirección espiritual.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 9, 1-2. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 2, 5. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; San Juan de la Cruz&lt;i&gt;, Subida al Monte Carmelo&lt;/i&gt;, 2, 22, 5. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 19; 2, 51. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; F. Suárez, &lt;i&gt;La Virgen Nuestra Señora&lt;/i&gt;, pp. 198-199. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Prov&lt;/i&gt; 30, 5. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; San Pedro de Alcántara &lt;i&gt;Tratado de la oración y meditación&lt;/i&gt;, 1, 4. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 10, 46 ss. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 15, 21 ss. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Surco&lt;/i&gt;, n. 470. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Santa Teresa, &lt;i&gt;Vida&lt;/i&gt;, 8, 3. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; San Pedro de Alcántara, &lt;i&gt;o. c.&lt;/i&gt;, II, 4, aviso 5º. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; Cfr. San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;o. c.&lt;/i&gt;, n. 222. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;, n. 481.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-8088190944930366398?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/8088190944930366398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/8088190944930366398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/los-propositos-de-la-oracion.html' title='LOS PROPÓSITOS DE LA ORACIÓN'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-1657948219303170415</id><published>2011-02-18T00:00:00.001-03:00</published><updated>2011-02-18T00:00:39.957-03:00</updated><title type='text'>HUMILDAD</title><content type='html'>&lt;p&gt;6ª semana. Viernes&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;HUMILDAD&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Contar con Dios.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;El egoísmo y la soberbia.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Para crecer en la humildad.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Leemos en el &lt;i&gt;Génesis&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; cómo los hombres se habían empeñado en un colosal proyecto que debería ser, a la vez, un símbolo y el centro de unidad del género humano, mediante la construcción de la gran ciudad de Babel y de una formidable torre. Pero aquella obra no se llevó a término, y los hombres se encontraron más dispersos que antes, divididos entre sí, confundido su lenguaje, incapaces de ponerse de acuerdo... «¿Por qué falló aquel ambicioso proyecto? ¿Por qué &lt;i&gt;se cansaron en vano los constructores?&lt;/i&gt; Porque los hombres habían puesto como señal y garantía de la deseada unidad solamente una obra de sus manos, olvidando la acción del Señor»&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. El Papa Juan Pablo II, al comentar este texto de la Sagrada Escritura, relaciona el pecado de estos hombres, «que quieren ser fuertes y poderosos sin Dios, o incluso contra Dios», con el de nuestros primeros padres, que tuvieron la pretensión engañosa de &lt;i&gt;ser como Él&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;; es la soberbia, que está en la raíz de todo pecado y que tiene manifestaciones tan diversas. En la narración de Babel, la exclusión de Dios no aparece como enfrentamiento con Dios, «sino como olvido e indiferencia ante Él; como si Dios no mereciese ningún interés en el ámbito del proyecto operativo y asociativo. Pero en ambos casos la relación con Dios es rota con violencia»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nosotros debemos recordar con frecuencia que Dios ha de ser en todo momento la referencia constante de nuestros deseos y proyectos, y que la tendencia a dejarse llevar por la soberbia perdura en el corazón de todo hombre, de toda mujer, hasta el momento mismo de su muerte. Esa soberbia nos incita a «ser como Dios», aunque sea en el pequeño ámbito de nuestros intereses, o a prescindir de Él, como si no fuera nuestro Creador y Salvador, del que dependemos en el ser y en el existir. Lo mismo que en la narración de los hechos de Babel, una de las primeras consecuencias de la soberbia es la desunión: en la misma familia, entre hermanos, amigos, colegas, vecinos...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El soberbio tiende a apoyarse exclusivamente –como los constructores de Babel– en sus propias fuerzas, y es incapaz de levantar su mirada por encima de sus cualidades y éxitos; por eso se queda siempre a ras de tierra. De hecho, el soberbio excluye a Dios de su vida, «como si no mereciese ningún interés»: no le pide ayuda, no le da gracias; tampoco experimenta la necesidad de pedir apoyo y consejo en la dirección espiritual, a través de la cual llega en tantas ocasiones la fuerza y la luz de Dios. Se encuentra solo y débil, aunque él se crea fuerte y capaz de grandes obras; también por eso es imprudente y no evita las ocasiones en las que pone en peligro la salud del alma. &lt;i&gt;Dios &lt;/i&gt;-enseña el Apóstol Santiago- &lt;i&gt;da su gracia a los humildes y resiste a los soberbios&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Muchas veces se ha dicho que la soberbia es el mayor enemigo de la santidad, por ser origen de gran número de pecados y porque priva de innumerables gracias y méritos delante del Señor&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;; es, a la vez, el gran enemigo de la amistad, de la alegría, de la verdadera fortaleza...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;No queramos prescindir del Señor en nuestros proyectos. «Él es el fundamento y nosotros el edificio; Él es el tallo de la cepa y nosotros las ramas (....). Él es la vida y nosotros vivimos por Él (...); es la luz y disipa nuestra oscuridad»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Nuestra vida no tiene sentido sin Cristo; no debe tener otro fundamento. Todo quedaría desunido y roto si no acudiéramos a Él en nuestras obras.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. La humildad está en el fundamento de todas las virtudes y constituye el soporte de la vida cristiana. A esta virtud se opone la soberbia y su secuela inevitable de egoísmo. La persona egoísta hace de sí la medida de todas las cosas, hasta llegar a la actitud que San Agustín señala como el origen de toda desviación moral: «el amor propio hasta el desprecio de Dios»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. El egoísta no sabe amar: busca siempre recibir, porque en el fondo &lt;i&gt;solo&lt;/i&gt; se quiere a sí mismo. No sabe ser generoso ni agradecido, y cuando da, lo hace calculando el posible beneficio que le reportará. No sabe dar sin esperar nada a cambio. En el fondo, el egoísta desprecia a los demás.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La soberbia es, en efecto, la raíz del egoísmo, que es una de sus primeras manifestaciones; en este vicio se encuentra el principio de toda maldad&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. El egoísmo (mirar todo en cuanto me reporta algún beneficio) y la soberbia (la falsa valoración de las cualidades propias y el deseo desordenado de gloria) son vicios que se confunden frecuentemente, y en ellos se encuentra de alguna manera el desorden radical de donde arrancan todos los pecados, porque &lt;i&gt;el origen de todo pecado es la soberbia&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;, y el &lt;i&gt;comienzo de la soberbia del hombre es apartarse de Dios&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuántas veces hemos experimentado en nuestra vida personal la realidad de aquella enseñanza de Santa Catalina de Siena: el alma no puede vivir sin amar y cuando no ama a Dios se ama desordenadamente a sí misma, y este amor desgraciado «oscurece y encoge la mirada de la inteligencia, que deja de ver claro y solo se mueve en una falsa claridad. La luz con que la inteligencia ve en adelante las cosas es un engañoso brillo del bien, del falso placer al cual se inclina ahora el amor... De él no saca el alma otro fruto que soberbia e impaciencia»&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Con la gracia de Dios, hemos de vivir vigilantes, combatiendo la soberbia en sus variadas manifestaciones: la vanidad y la vanagloria (a veces muy señaladas en los pensamientos inútiles, en los que se es frecuentemente el centro, el héroe, el que triunfa en toda situación), el desprecio de los demás (manifestado en burlas, ironías, juicios negativos..., intervenciones intemperantes en la conversación, sintiéndose siempre en la necesidad de puntualizar o de poner el punto final). El soberbio suele ser desagradecido, y no habla sino de sí, de su persona y de sus cosas, que es en el fondo lo único que le interesa...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«Hemos de pedir al Señor que no nos deje caer en esta tentación. La soberbia es el peor de los pecados y el más ridículo. Si logra atenazar con sus múltiples alucinaciones, la persona atacada se viste de apariencia, se llena de vacío, se engríe como el sapo de la fábula, que hinchaba el buche, presumiendo, hasta que estalló. La soberbia es desagradable, también humanamente: el que se considera superior a todos y a todo, está continuamente contemplándose a sí mismo y despreciando a los demás, que le corresponden burlándose de su vana fatuidad»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;No permitas, Señor, que caiga en ese desgraciado estado, en el que no contemplo tu rostro amable ni veo tampoco tantas virtudes y buenas cualidades que poseen quienes me rodean.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Para levantar el elevado edificio de la vida cristiana debemos tener un gran deseo de ahondar en la virtud de la humildad: pidiéndosela al Señor, siendo sinceros ante nuestras equivocaciones, errores y pecados, ejercitándonos en actos concretos de desasimiento del propio yo... De ella nacen incontables frutos y está relacionada con todas las virtudes, pero de modo particular con la alegría, la fortaleza, la castidad, la sinceridad, la sencillez, la afabilidad y la magnanimidad; la persona humilde tiene una especial facilidad para la amistad y, por tanto, para el apostolado; sin humildad no es posible vivir la caridad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Para ser más humildes debemos estar dispuestos a aceptar la humillación que suponen aquellos defectos que no logramos superar, las flaquezas diarias... Muchos días, quizá con más atención en determinadas temporadas, nos puede ayudar a la hora del examen alguna de estas preguntas: «¿supe ofrecer al Señor, como expiación, el mismo dolor, que siento, de haberle ofendido ¡tantas veces!?; ¿le ofrecí la vergüenza de mis interiores sonrojos y humillaciones, al considerar lo poco que adelanto en el camino de las virtudes?»&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. Y luego, las humillaciones de fuera, las que no esperábamos o las que nos parecen injustas, ¿las llevamos por Cristo?&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Si buscamos la roca firme para edificar que es la humildad de Nuestro Señor, cada día encontramos incontables ocasiones para ejercitarla: hablar solo lo necesario –o mejor un poco menos– de nosotros mismos, ser agradecidos por los pequeños favores de quienes están a nuestro lado, considerando que nada merecemos, agradecer a Dios los innumerables beneficios que recibimos, querer hacer la vida más amable a quienes encontramos a lo largo de la jornada, rechazar los pensamientos inútiles de vanidad o de vanagloria, no perder las ocasiones de prestar pequeños servicios en la vida familiar, en el trabajo, en cualquier parte; dejarse ayudar, pedir consejo, ser muy sincero con uno mismo –pidiendo ayuda al Señor para no justificar los pecados y las faltas, aquellas cosas que nos humillan y de las que tenemos que pedir perdón, a veces, a los demás–, con Dios y en la dirección espiritual, donde también encontramos a Jesús...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Poniendo los ojos en Cristo, encontramos también el desasimiento necesario para rectificar, que es camino de humildad, en las muchas cosas en que podemos habernos equivocado (porque nos faltaban datos, o ha cambiado alguno de ellos, o no habíamos profundizado en el problema...).&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Aprendamos esta virtud contemplando la vida de Santa María. Dios hizo en Ella cosas grandes «“quia respexit humilitatem ancillae suae” —porque vio la bajeza de su esclava...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»—¡Cada día me persuado más de que la humildad auténtica es la base sobrenatural de todas las virtudes!&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Habla con Nuestra Señora, para que Ella nos adiestre a caminar por esa senda»&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Primera lectura&lt;/i&gt;, Año I. &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 11, 1-9. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Juan Pablo II, Exhor. Apost. &lt;i&gt;Reconciliatio et Paenitentia&lt;/i&gt;, 2-XII-1984, 13. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 3, 5. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;o. c.&lt;/i&gt;, 14. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sant&lt;/i&gt; 4, 6. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;Las tres edades de la vida interior&lt;/i&gt;, vol. I, pp. 445-446. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; San Juan Crisóstomo, &lt;i&gt;Homilía sobre la 1ª Epístola a los Corintios&lt;/i&gt;, 8. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;Sobre la ciudad de Dios&lt;/i&gt;, 14, 28. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Santo Tomás, &lt;i&gt;Suma Teológica&lt;/i&gt;, 1-2, q. 77, a. 4 c. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Eclo&lt;/i&gt; 10, 15. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;, 10, 12. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Santa Catalina de Siena, &lt;i&gt;El Diálogo&lt;/i&gt;, 51. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amigos de Dios&lt;/i&gt;, 100. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; ídem, &lt;i&gt;Forja&lt;/i&gt;, n. 153. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Cfr. ídem, &lt;i&gt;Camino&lt;/i&gt;, n. 594. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; ídem, &lt;i&gt;Surco&lt;/i&gt;, n. 289.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-1657948219303170415?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/1657948219303170415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/1657948219303170415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/humildad.html' title='HUMILDAD'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-5081650009847030030</id><published>2011-02-17T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-17T00:00:02.617-03:00</updated><title type='text'>LA MISA, CENTRO DE LA VIDA CRISTIANA</title><content type='html'>&lt;p&gt;6ª semana. Jueves&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;LA MISA, CENTRO DE LA VIDA CRISTIANA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Participación de los fieles en el sacrificio eucarístico.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;El «alma sacerdotal» del cristiano y la Santa Misa.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Vivir la Misa a lo largo del día. Preparación.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Caminaba Jesús con sus discípulos &lt;i&gt;hacia las aldeas de Cesarea de Filipo;&lt;/i&gt; en el camino preguntó a quienes le acompañaban: &lt;i&gt;¿Quién dicen los hombres que soy yo?&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Y los Apóstoles, con toda sencillez, le cuentan lo que se hablaba de Él: unos decían que &lt;i&gt;Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los Profetas&lt;/i&gt;. Corrían sobre Jesús las opiniones más variadas. Entonces Él se dirige a los suyos de una manera abierta y amable, y les dice: &lt;i&gt;¿Y vosotros quién decís que soy yo?&lt;/i&gt; No les pide una opinión más o menos favorable, sino la firmeza de la fe. Después de tanto tiempo con ellos han de saber quién es Él, sin titubeos, con seguridad. Pedro respondió enseguida: &lt;i&gt;Tú eres el Cristo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;También a nosotros tiene el Señor derecho a pedirnos una clara confesión de fe –con palabras y con obras– en medio de un mundo en el que parece cosa normal la confusión, la ignorancia y el error. Mantenemos nosotros con Jesús un estrecho vínculo, que nació en el Bautismo y que ha crecido día a día. En este sacramento se estableció una íntima y profunda unión con Cristo, porque en él recibimos su mismo Espíritu y fuimos elevados a la dignidad de hijos de Dios. Se trata de una comunión de vida mucho más profunda que la que pudiera darse entre dos seres humanos cualesquiera. Así como la mano unida al cuerpo está llena de la corriente de vida que fluye de todo el cuerpo, de modo semejante el cristiano está lleno de la vida de Cristo&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. Él mismo nos enseñó, con una bella imagen, la forma en que estamos unidos a Él: &lt;i&gt;Yo soy la vid; vosotros los sarmientos...&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. Y es tan fuerte la unión a la que podemos llegar todos los cristianos, si luchamos por la santidad, que podremos llegar a decir: &lt;i&gt;Vivo, pero no yo; es Cristo quien vive en mí&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. Esta cercanía con Jesucristo nos debe llenar de alegría, pues si somos parte viva del Cuerpo Místico de Cristo participamos en todo lo que Cristo realiza.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En cada Misa, Cristo se ofrece todo entero, también juntamente con la Iglesia, que es su Cuerpo Místico, formado por todos los bautizados. Por esta unión con Cristo a través de la Iglesia, los fieles ofrecen el sacrificio juntamente con Él, y con Él se ofrecen también a sí mismos: participan, por tanto, de la Misa &lt;i&gt;como oferentes&lt;/i&gt; y como &lt;i&gt;ofrendas&lt;/i&gt;. Sobre el altar, Jesucristo hace presentes a Dios Padre los padecimientos redentores y meritorios que soportó en la Cruz, y también los de sus hermanos. ¿Cabe mayor intimidad, mayor unión con Cristo? ¿Cabe mayor dignidad? La Santa Misa, bien vivida, puede cambiar la propia existencia. «Teniendo en nuestras almas los mismos sentimientos de Cristo en la Cruz, conseguiremos que nuestra vida entera sea una reparación incesante, una asidua petición y un permanente sacrificio para toda la humanidad, porque el Señor os dará un instinto sobrenatural para purificar todas las acciones, elevarlas al orden de la gracia y convertirlas en instrumento de apostolado»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Y vosotros, &lt;i&gt;¿quién decís que soy yo?&lt;/i&gt; En el sacrificio eucarístico conocemos bien a Cristo. Allí se hace firme nuestra fe, y nos fortalecemos para confesar abiertamente que Jesucristo es el Mesías, el Unigénito de Dios, que ha venido para la salvación de todos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. La Santa Misa es ofrecida por los sacerdotes y también por los fieles, pues «por el carácter que se imprimió en sus almas en el momento del Bautismo participan del sacerdocio mismo de Cristo»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;, aunque esta participación sea esencialmente diferente de la de quienes han recibido el sacramento del Orden&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Solo por las palabras del sacerdote –en cuanto representa a Cristo–, en el momento de la Consagración se hace presente el mismo Cristo sobre el altar, pero todos los fieles participan en esa oblación que se hace a Dios Padre para bien de toda la Iglesia. Juntamente con el sacerdote ofrecen el sacrificio, uniéndose a sus intenciones de petición, de reparación, de adoración y de acción de gracias; más aún, se unen al mismo Cristo, Sacerdote eterno, y a toda la Iglesia&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En la Misa podemos ofrecer cada día todas las cosas creadas&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt; y todas nuestras obras: el trabajo, el dolor, la vida familiar, la fatiga y el cansancio, las iniciativas apostólicas que queremos llevar a cabo en ese día... El &lt;i&gt;Ofertorio&lt;/i&gt; es un momento muy adecuado para presentar nuestras ofrendas personales, que se unen entonces al sacrificio de Cristo. ¿Qué ponemos cada día en la patena del sacerdote?, ¿qué encuentra allí el Señor? Llevados por ese «alma sacerdotal», que nos mueve a identificarnos más con Cristo en medio de la vida corriente, no solo ofreceremos las realidades de nuestra existencia, sino que nos ofreceremos a nosotros mismos, en lo más íntimo de nuestro ser.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;; debemos llenar de contenido, y de oración personal, esta como otras oraciones que se repiten en cada Misa. Acudimos a la Misa para hacer nuestro su Sacrificio único, de infinito valor. Nos lo apropiamos y nos presentamos ante la Trinidad Beatísima revestidos de los incontables méritos de Jesucristo aspirando con certeza al perdón, a una mayor gracia en el alma y a la vida eterna; adoramos con la adoración de Cristo, satisfacemos con los méritos de Jesús, pedimos con Su voz, siempre eficaz. Todo lo suyo se hace nuestro. Y todo lo nuestro se hace suyo: oración, trabajo, alegrías, pensamientos y deseos, que entonces adquieren una dimensión sobrenatural y eterna. Todo cuanto hacemos adquiere valor en la medida en que se ofrece con Cristo, Sacerdote y Víctima, sobre el altar. Cuando buscamos esta intimidad con el Señor, «en la propia vida se entrelaza lo humano con lo divino. Todos nuestros esfuerzos –aun los más insignificantes– adquieren un alcance eterno, porque van unidos al sacrificio de Jesús en la Cruz»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestra participación en la Misa culmina en la Sagrada Comunión, la más plena identificación con Cristo que jamás pudimos soñar. Nunca los Apóstoles, antes de la institución de la Sagrada Eucaristía, en los años en los que recorrieron Palestina con Jesús, pudieron gustar una intimidad con Él como la que tenemos nosotros después de comulgar. Pensemos ahora cómo es nuestra Misa, cómo son nuestras comuniones. Si procuramos prepararlas bien, si rechazamos con prontitud cualquier distracción voluntaria, si hacemos muchos actos de fe y de amor, si en nuestra alma se hace realidad, en frecuentes momentos, esa exclamación llena de fe de San Pedro: &lt;i&gt;Tú eres el Cristo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. La Misa es el más importante y provechoso de nuestros encuentros personales con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, pues toda la Trinidad se encuentra presente en el sacrificio eucarístico, y es el mejor modo, y el más grato a Dios, de corresponder al amor divino. La Misa es «el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano»&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. De modo semejante a como los radios de un círculo convergen, todos, en su centro, así todas nuestras acciones, nuestras palabras y pensamientos han de centrarse en el Sacrificio del Altar. Allí adquiere valor redentor todo lo que hacemos. Por eso ayuda tanto a la vida cristiana el renovar el &lt;i&gt;ofrecimiento de obras&lt;/i&gt; durante la Misa; ofrecemos todo lo que vamos haciendo en el transcurso de la jornada, uniéndolo con la intención a la Misa del día siguiente o a la que en aquel momento se está celebrando en el lugar más cercano, o en cualquier parte del mundo. Así, nuestro día, de un modo misterioso pero real, forma parte de la Misa: es, en cierto modo, una prolongación del Sacrificio del Altar; nuestra existencia y nuestro quehacer es como materia del sacrificio eucarístico, al que se orienta y en el que se ofrece. La Santa Misa centra y ordena así el día, con sus alegrías y pesares. Las mismas flaquezas se purifican en cuanto forman parte de una vida ofrecida a Dios. El trabajo estará mejor realizado si pensamos que lo hemos puesto en la patena del sacerdote, o si en ese momento nos unimos internamente a otra Misa, en la que no podemos estar corporalmente. Y ocurrirá lo mismo con las demás realidades del día: los pequeños sacrificios de toda vida familiar, la fatiga y el dolor... A la vez, el mismo trabajo y todas las incidencias de la jornada son una excelente preparación para la Misa del día siguiente, preparación que procuraremos intensificar en esos momentos más cercanos a la celebración, echando a un lado toda rutina. «No os acostumbréis nunca a celebrar o a asistir al Santo Sacrificio: hacedlo, por el contrario, con tanta devoción como si se tratara de la única Misa de vuestra vida: sabiendo que allí está siempre presente Cristo, Dios y Hombre, Cabeza y Cuerpo, y, por tanto, junto a Nuestro Señor, toda su Iglesia»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Para conseguir los frutos que el Señor nos quiere dar en cada Misa, debemos, además, cuidar la preparación del alma, la participación en los ritos litúrgicos, que ha de ser &lt;i&gt;consciente, piadosa y activa&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. Para ello, debemos cuidar la puntualidad, que es la primera muestra de delicadeza para con Dios y para con los demás fieles, el arreglo personal, el modo de estar sentados o de rodillas..., como quien está ante su Amigo, pero también ante su Dios y su Señor, con la reverencia y el respeto debido, que es señal de fe y de amor. Y seguir los ritos de la acción litúrgica, haciendo propias las aclamaciones, los cantos, los silencios –oración callada–..., sin prisas, llenando de actos de fe y de amor toda la Misa, pero particularmente el momento de la Consagración, viviendo cada una de las partes (pidiendo de corazón perdón al rezar el acto penitencial, escuchando con atención las lecturas...).&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Y si vivimos con piedad, con amor, el Santo Sacrificio, saldremos a la calle con una inmensa alegría, firmemente dispuestos a mostrar con obras la vibración de nuestra fe: &lt;i&gt;¡Tú eres el Cristo!&lt;/i&gt; Muy cercana a Jesús encontraremos a Santa María, que estuvo presente al pie de la Cruz y participó de un modo pleno y singular en la Redención. Ella nos enseñará los sentimientos y las disposiciones con que debemos vivir el sacrificio eucarístico, donde se ofrece su Hijo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 8, 27-33. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. M. Schmaus, &lt;i&gt;Teología dogmática&lt;/i&gt;, vol. V, p. 42 &lt;i&gt;ss.—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 15, 15. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Gal&lt;/i&gt; 2, 20. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Carta&lt;/i&gt; 2-II-1945. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Pío XII, Enc. M&lt;i&gt;ediator Dei&lt;/i&gt;, 20-XI-1947, n. 23. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. Conc. Vat. II, Const. &lt;i&gt;Lumen gentium&lt;/i&gt;, 10. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr Pío XII, &lt;i&gt;loc. cit&lt;/i&gt;., n. 24. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. Pablo VI, Instr. &lt;i&gt;Eucharisticum mysterium&lt;/i&gt;, 6. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Misal Romano, &lt;i&gt;Ordinario de la Misa&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Vía Crucis&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1981, X, n. 5. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; ídem, &lt;i&gt;Es Cristo que pasa&lt;/i&gt;, 87; Cfr. Conc. Vat. II, Decr. &lt;i&gt;Presbyterorum ordinis&lt;/i&gt;, 14. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Carta&lt;/i&gt; 28-III-1955. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; Cfr. Conc. Vat. II, Const. &lt;i&gt;Sacrosanctum Concilium&lt;/i&gt;, 48.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-5081650009847030030?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5081650009847030030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5081650009847030030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/la-misa-centro-de-la-vida-cristiana.html' title='LA MISA, CENTRO DE LA VIDA CRISTIANA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-112966057783144536</id><published>2011-02-16T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-16T17:18:01.012-03:00</updated><title type='text'>CON LA MIRADA LIMPIA</title><content type='html'>&lt;p&gt;6ª semana. Miércoles&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;CON LA MIRADA LIMPIA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La guarda de la vista.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;En medio del mundo, sin ser mundanos.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Un cristiano no asiste a lugares o espectáculos que desdicen de su condición de discípulo de Cristo.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Llegó Jesús a Betsaida con sus discípulos, y enseguida le llevaron un ciego &lt;i&gt;para que lo tocara&lt;/i&gt;. El Señor tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera de la aldea, y allí hizo lodo con saliva y lo puso en sus ojos; a continuación le impuso las manos y le preguntó si veía algo. El ciego, alzando la mirada, dijo: &lt;i&gt;Veo a los hombres como árboles que andan&lt;/i&gt;. Y después de imponerle de nuevo las manos, el ciego &lt;i&gt;comenzó a ver, de manera que veía con claridad todas las cosas&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Las curaciones del Señor solían ser instantáneas. Esta, sin embargo, tuvo un pequeño proceso, porque quizá la fe del ciego al comienzo era débil, y Jesús quería curar a la vez alma y cuerpo&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. Ayudó a este hombre, al que con tanta piedad tomó de la mano, para que su fe se fortaleciera. Pasar de no tener luz alguna a ver algo borroso ya era algo, pero el Maestro quería darle una mirada clara y penetrante para que pudiera contemplar las maravillas de la creación. Muy probablemente, lo primero que vio con claridad aquel ciego fue el rostro de Jesús, que le miraba complacido.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Lo sucedido con este hombre ciego para las cosas materiales nos puede servir para considerar la ceguera espiritual; con frecuencia nos encontramos a muchos ciegos espirituales que no ven lo esencial: el rostro de Cristo, presente en la vida del mundo. El Señor habló muchas veces de este tipo de ceguera, cuando decía a los fariseos que eran &lt;i&gt;ciegos&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt; o cuando se refería a quienes tienen los ojos abiertos pero no ven&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. Es un gran don de Dios mantener la mirada limpia para el bien, para encontrar a Dios en medio de los propios quehaceres, para ver a los hombres como hijos de Dios, para penetrar en lo que verdaderamente vale la pena..., incluso para contemplar, junto a Dios y desde Dios, la belleza divina que dejó como un rastro en las obras de la creación. Por otra parte, es necesario tener la mirada limpia para que el corazón pueda amar, para mantenerlo joven, como Dios desea.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Muchos hombres no están ciegos del todo, pero tienen una fe muy débil y una mirada apagada para el bien, que apenas vislumbran en el horizonte de su vida. Estos cristianos apenas se dan cuenta del valor de la presencia de Cristo en la Sagrada Eucaristía, el inmenso bien del sacramento de la Penitencia, el valor infinito de una sola Misa, la belleza del celibato apostólico... Les falta limpieza de alma y una mayor vigilancia en la guarda de los sentidos –que son como las puertas del alma–, y de modo particular de la vista.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El alma que comienza a tener vida interior aprecia el tesoro que lleva en su corazón y cada día evita con más esmero la entrada en el alma de imágenes que imposibiliten o entorpezcan el trato con Dios. No se trata de «no ver» –porque necesitamos la vista para andar en medio del mundo, para trabajar, para relacionarnos–, sino de «no mirar» lo que no se debe mirar, de ser limpios de corazón, de vivir sin rarezas el necesario recogimiento. Y esto al ir por la calle, en el ambiente en el que nos movemos, en las relaciones sociales. Mirada limpia no solo en aquello que se refiere directamente a la lujuria –que ciega para los bienes sobrenaturales, e incluso para los auténticos valores humanos–, sino en otros campos que también caen dentro de la «concupiscencia de los ojos»: afán de poseer ropas, objetos, determinadas comidas o bebidas... &lt;i&gt;La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;¡Qué pena si alguna vez –por no haber sido delicadamente fieles en esta materia– en vez de ver el rostro de Cristo con claridad vislumbráramos solo una imagen desdibujada y lejana! Examinemos hoy en nuestra oración cómo vivimos esa «guarda de la vista», tan necesaria para la vida sobrenatural, para ver a Dios. Quien no tiene esa mirada limpia, su visión es borrosa y frecuentemente deforme.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. El cristiano ha de saber –poniendo los medios necesarios– quedar a salvo de esa gran ola de sensualidad y consumismo que parece querer arrasarlo todo. No tenemos miedo al mundo porque en él hemos recibido nuestra llamada a la santidad, ni tampoco podemos desertar, porque el Señor nos quiere como fermento y levadura; los cristianos «somos una inyección intravenosa puesta en el torrente circulatorio de la sociedad»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Pero estar en medio del mundo no quiere decir ser frívolos y mundanos: &lt;i&gt;no te pido que los saques del mundo &lt;/i&gt;-pidió Jesús al Padre-, &lt;i&gt;sino que los preserves del mal&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Debemos estar vigilantes, con una auténtica vida de oración y sin olvidar que las pequeñas mortificaciones –y las grandes, cuando lleguen y cuando el Señor las pida– han de mantenernos siempre en guardia, como el soldado que no se deja vencer por el sueño, porque es mucho lo que depende de su vigilia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Los Apóstoles alertaron a quienes se convertían a la fe para que vivieran la doctrina y la moral de Cristo, en un ambiente pagano bastante parecido al que en estos tiempos nos rodea&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. Si alguno no luchara de una manera decidida sería arrastrado por ese clima de materialismo y de permisivismo. Incluso en los países de honda tradición cristiana es patente cómo se han extendido modos de vivir y de pensar en oposición abierta con las exigencias morales de la fe cristiana y hasta de la misma ley natural.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Los propagadores del nuevo paganismo han encontrado un eficaz aliado en esas diversiones de masas, que ejercen un gran influjo en el ánimo de los espectadores. Con mayor abundancia en los últimos años, proliferan estos espectáculos que, bajo las más variadas excusas o sin excusa alguna, fomentan la concupiscencia y un estado interior de impureza que da lugar a muchos pecados internos y externos contra la castidad. A un alma que viviera en ese clima sensual le sería imposible seguir a Cristo de cerca... y quizá tampoco de lejos. No es raro que, junto a la procacidad e impureza en la forma o en el fondo, esas representaciones traten de ridiculizar la religión y las verdades más santas del Cristianismo, y hagan alarde de irreligiosidad y de ateísmo, con un lenguaje blasfemo o unas actitudes irreverentes.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Los Santos Padres utilizaron en su predicación palabras duras para apartar a los primeros cristianos de los espectáculos y diversiones inmorales&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. Y aquellos fieles supieron prescindir –con soltura, porque así lo pedían los nuevos ideales que habían encontrado al conocer a Cristo– de los esparcimientos que podían desdecir de su afán de santidad o poner en peligro su alma, hasta el punto de que, no pocas veces, los paganos se daban cuenta de la conversión de un amigo, de un pariente o de un vecino porque dejaba de asistir a aquellos espectáculos&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;, poco coherentes o abiertamente opuestos a la delicadeza de conciencia de una persona que ha encontrado en su vida a Cristo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;¿Ocurre con nosotros algo semejante? ¿Sabemos cortar con diversiones, o dejamos de asistir a lugares que desdicen de un cristiano? ¿Cuidamos la fe y la santa pureza de los hijos, de los hermanos más pequeños, por ejemplo cuando un programa de televisión es inconveniente? Pidamos al Señor una delicada conciencia para apartar con firmeza, sin titubeos, lo que nos separe de Él o enfríe nuestro afán de seguirle.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. El Cristianismo no ha cambiado: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y siempre&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;, y nos pide la misma fidelidad, fortaleza y ejemplaridad que pedía a los primeros discípulos. También ahora deberemos navegar contra corriente en muchas ocasiones; y pueden darse situaciones que quizá nuestros amigos no entiendan en un primer momento, pero que frecuentemente son el primer paso para acercarlos al Señor y para que se decidan a vivir una honda vida cristiana.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestra lealtad con Dios nos ha de llevar a evitar las ocasiones de peligro para el alma. Por esto, antes de ver la televisión o de acudir a una diversión hay que tener la seguridad de que no será ocasión de pecado. En la duda debemos prescindir de esos entretenimientos, y si –por estar mal informados– se asistiera a un espectáculo que desdice de la moral, la conducta que sigue un buen cristiano es levantarse y marcharse: &lt;i&gt;si tu ojo derecho te es ocasión de escándalo, arráncatelo y tíralo lejos de ti&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. No asistir o marcharse, sin miedo a «parecer raros» o poco naturales, pues lo poco natural en un seguidor de Jesucristo es precisamente lo contrario.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Para vivir como verdaderos cristianos debemos pedir al Señor la virtud de la fortaleza, de no transigir con nosotros mismos y saber hablar con claridad a los demás, sin miedo al &lt;i&gt;qué dirán&lt;/i&gt;, aunque parezca que no van a entender lo que les decimos. Las palabras, acompañadas del ejemplo y de una actitud llena de seguridad y de alegría, les ayudarán a comprender y a buscar una vida más firme, una mejor formación. Y si alguno objetara que está inmune al influjo de esas diversiones, cuando sea oportuno le podremos recordar cómo, de modo imperceptible, se va creando en el alma una corteza que impide el trato con Dios y la delicadeza y respeto que exige todo amor humano verdadero. Cuando alguien dice que no le hace daño asistir a esos lugares o ver esos programas, quizá es señal precisamente de que él necesita más que otros abstenerse de ellos. Posiblemente tiene ya el alma endurecida y los ojos nublados para el bien.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Además de no asistir, de no contribuir ni con una sola moneda al mal, y poner de su parte, cada uno según sus posibilidades, los medios para evitarlo, los cristianos deben contribuir positivamente a que existan espectáculos y diversiones sanas y limpias que sirvan para descansar del trabajo, para relacionarse y conocerse, para cultivar amenamente el espíritu, etc.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;San José, fiel a su vocación de custodio y protector de Jesús y de María, los amó con amor purísimo. Pidámosle hoy que sepamos nosotros, con fortaleza, poner los medios que sean necesarios para poder contemplar a Dios con una mirada clara y penetrante; que sepamos amar a las criaturas con hondura y limpieza, según la peculiar vocación recibida de Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 8, 22-26. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. Sagrada Biblia, &lt;i&gt;Santos Evangelios&lt;/i&gt;, EUNSA, 2ª ed., Pamplona 1985, nota a &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 8, 22-26. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 15, 14. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 4, 12; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 9, 39. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 6, 22-23. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Carta&lt;/i&gt; 19-III-1934. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 17, 15. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Rom&lt;/i&gt; 13, 12-14. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. San Juan Crisóstomo, &lt;i&gt;Homilías sobre el Evangelio de San Mateo&lt;/i&gt;, 6, &lt;i&gt;7&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Cfr. Tertuliano, &lt;i&gt;Sobre los espectáculos&lt;/i&gt;, 24. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Heb&lt;/i&gt; 13, 8. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 5, 29.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-112966057783144536?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/112966057783144536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/112966057783144536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/con-la-mirada-limpia.html' title='CON LA MIRADA LIMPIA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-1762863385173990079</id><published>2011-02-15T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-16T17:14:56.231-03:00</updated><title type='text'>LA TAREA SALVADORA DE LA IGLESIA</title><content type='html'>&lt;p&gt;6ª semana. Martes&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;LA TAREA SALVADORA DE LA IGLESIA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La Iglesia, lugar de salvación instituido por Jesucristo.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La oración por la Iglesia.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Por el Bautismo somos constituidos instrumentos de salvación en el propio ambiente.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Narra el &lt;i&gt;Génesis&lt;/i&gt; que al ver el Señor cómo crecía la maldad del hombre y que su modo de pensar era siempre perverso, se arrepintió de haberlo creado, y consideraba borrarlo de la superficie de la tierra&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Pero, una vez más, la paciencia de Dios se puso de manifiesto y decidió salvar al género humano en la figura de Noé. El Señor dijo a Noé: &lt;i&gt;Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación&lt;/i&gt;. Después vino el diluvio, con el que Dios castigó a los demás, a causa de su mala conducta.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Los Padres de la Iglesia vieron en Noé la figura de Jesucristo, que será el principio de una creación nueva. En el &lt;i&gt;arca&lt;/i&gt; vislumbraron la imagen de la Iglesia, que flota sobre las aguas de este mundo y acoge dentro de ella a &lt;i&gt;cuantos quieren salvarse&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. San Agustín nos dice: «En el símbolo del diluvio, en el que los justos fueron salvados en el arca, está profetizada la futura Iglesia, que salva de la muerte en este mundo por medio de Cristo y del misterio de la Cruz»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. El &lt;i&gt;arca de Noé&lt;/i&gt; fue el lugar de salvación. Y San Agustín continúa diciendo que «quienes fueron salvados en el &lt;i&gt;arca&lt;/i&gt; representan el misterio de la futura Iglesia, que se salva del naufragio por la madera de la Cruz»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. El grupo de justos salvados del diluvio en el arca es un presagio de la futura comunidad de Cristo&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El mismo Señor, antes de su Ascensión a los Cielos, entregó a sus Apóstoles sus propios poderes en orden a la salvación del mundo&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. El Maestro les habló con la majestad propia de Dios: &lt;i&gt;Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos a todos los pueblos...;&lt;/i&gt; y la Iglesia comenzó enseguida, con autoridad divina, a ejercer su poder salvador.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Imitando la vida de Cristo, que &lt;i&gt;pasó haciendo el bien&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;, confortando, sanando, enseñando, la Iglesia procura hacer el bien allí donde está. Es abundante, a lo largo de la historia, la iniciativa de los cristianos y de variadísimas instituciones de la Iglesia por remediar los males de los hombres, por prestar una ayuda humana a los necesitados, enfermos, refugiados, etc. Esa ayuda humana &lt;i&gt;es y será siempre grande&lt;/i&gt;, pero, al mismo tiempo, es algo muy secundario; por la misión recibida de Cristo, &lt;i&gt;Ella aspira a mucho más&lt;/i&gt;: a dar a los hombres la doctrina de Cristo y llevarlos a la salvación. «Y a todos –a aquellos de cualquier forma menesterosos, y a los que piensan gozar de la plenitud de los bienes de la tierra– la Iglesia viene a confirmar una sola cosa esencial, definitiva: que nuestro destino es eterno y sobrenatural, que solo en Jesucristo nos salvamos para siempre, y que solo en Él alcanzaremos ya de algún modo en esta vida la paz y la felicidad verdaderas»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Diariamente ha de ocupar un lugar de primer orden en nuestras oraciones la persona del Romano Pontífice, su tarea en servicio de la Iglesia universal, la ayuda que le prestan sus colaboradores más inmediatos: &lt;i&gt;Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;, nos enseña a pedir la liturgia. Es abrumador el peso que, con solicitud paterna, ha de llevar sobre sí el Vicario de Cristo: si consideramos en la presencia de Dios, si advertimos –no es difícil, al conocer comentarios de la prensa laicista, de otros medios de comunicación, etc.– la resistencia con que le combaten los enemigos de la fe; si conocemos la presión de los que abominan del afán apostólico de los cristianos y se oponen a la tarea evangelizadora que impulsa constantemente el Papa, pediremos fervientemente al Señor que conserve al Romano Pontífice, &lt;i&gt;que lo vivifique con su aliento divino, que lo haga santo y lo llene de sus dones, que lo proteja de modo especialísimo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En el Evangelio de la Misa de hoy&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt; el Señor advierte a sus discípulos que estén alerta y se guarden de una levadura: &lt;i&gt;la de los fariseos y de Herodes&lt;/i&gt;. No se refiere aquí a la levadura buena que han de ser sus discípulos, sino a otra, capaz también de transformar la masa desde dentro, pero para mal. La hipocresía farisaica y la vida desordenada de Herodes, que solo se movía por ambiciones personales, eran un mal fermento que contagiaba a la masa de Israel, corrompiéndola.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Tenemos el gratísimo deber de pedir cada día que todos los fieles cristianos seamos verdadera levadura en medio de un mundo alejado de Dios, que la Iglesia puede salvar. «Estos tiempos son tiempos de prueba y hemos de pedir al Señor, con un clamor que no cese (Cfr. &lt;i&gt;Is&lt;/i&gt; 58, 1), que los acorte, que mire con misericordia a su Iglesia y conceda nuevamente la luz sobrenatural a las almas de los pastores y a las de todos los fieles»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. No podemos dejar a un lado este deber filial con nuestra Madre la Iglesia, misteriosamente necesitada de protección y de ayuda: «Ella es Madre... una madre debe ser amada»&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Es grande el daño que produce en las almas la &lt;i&gt;mala levadura&lt;/i&gt; de la doctrina adulterada y de desdichados ejemplos, aumentados y aireados por gentes sectarias. Cuando nos encontremos ante la doctrina falsa, ante situaciones quizá escandalosas, debemos hacer examen y preguntarnos: ¿qué he hecho yo por sembrar buena doctrina?, ¿cómo es mi conducta en el cumplimiento de mis deberes profesionales?, ¿qué hago para que mis hijos, mis hermanos, mis amigos adquieran la doctrina de Jesucristo?, ¿cómo son mi oración y mi mortificación por la Iglesia?&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Hemos de pedir también –son muchas las personas que lo hacen a diario en la Santa Misa, en el rezo del Santo Rosario y en otras ocasiones– por los Pastores todos de la Iglesia de Dios: junto al Papa, los Obispos. Es antiquísima la oración con que los fieles encomendamos al Señor al Ordinario del lugar: &lt;i&gt;Stet et pascat in fortitudine tua, Domine, in sublimitate nominis tui&lt;/i&gt;. Siempre es grande la necesidad del favor divino que los Pastores de la Iglesia requieren para llevar adelante su misión. Tenemos la responsabilidad de ayudarles, y para ello pedimos que el Señor &lt;i&gt;les sostenga y les ayude a apacentar su grey con la fortaleza divina y con la suavidad y altísima sabiduría que viene del Cielo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cada día, en la Santa Misa, con estas u otras palabras recogidas en las demás Plegarias Eucarísticas, reza el sacerdote: «A ti, pues, Padre misericordioso, te pedimos humildemente (...), ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa..., con nuestro obispo..., y todos aquellos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;. Así podemos acordarnos de las intenciones del Papa, de los Obispos, de rezar por los sacerdotes, por los religiosos y por todo el Pueblo de Dios; también por quien más necesitado esté en el Cuerpo Místico de Cristo, viviendo con naturalidad el dogma de la Comunión de los Santos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. En una carta de San Juan Leonardi al Papa Pablo V, quien le pedía algunos consejos para revitalizar al Pueblo de Dios, decía el santo: «Por lo que mira a estos remedios, ya que han de ser comunes a toda la Iglesia (...), habría que fijar la atención primeramente en todos aquellos que están al frente de los demás, para que así la reforma comenzara por el punto desde donde debe extenderse a las otras partes del cuerpo. Habría que poner un gran empeño en que los cardenales, los patriarcas, los arzobispos, los obispos y los párrocos, a quienes se ha encomendado directamente la cura de almas, fuesen tales que se les pudiera confiar con toda seguridad el gobierno de la grey del Señor»&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. Nosotros no dejemos de pedir cada día por su santidad: que amen cada día más a Jesús presente en la Sagrada Eucaristía, que recen con piedad cada vez mayor a la Santísima Virgen, que sean fuertes, caritativos, que tengan gran amor a los enfermos, que cuiden esmeradamente la enseñanza del &lt;i&gt;Catecismo&lt;/i&gt;, que den un testimonio claro de desprendimiento, de sobriedad...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Pero la Iglesia somos todos los bautizados, y todos somos instrumentos de salvación para los demás cuando procuramos permanecer unidos a Cristo con el cumplimiento fiel de nuestros deberes religiosos: la Santa Misa, la oración, la presencia de Dios durante el día...; cuando estamos unidos a la persona y a las intenciones del Romano Pontífice y del Obispo de la diócesis; cuando somos ejemplares en el cumplimiento de nuestros deberes profesionales, familiares, cívicos; con un apostolado eficaz en el entramado de relaciones en el que discurre nuestra vida. Este apostolado se hace más urgente cuanta más cizaña encontramos en nuestro camino, cuando percibamos el efecto de esa mala levadura de la que habla el Señor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Avivemos nuestra fe. El Pueblo de Dios –enseña el Concilio Vaticano II– ha de abarcar el mundo entero, reuniendo a todos los hombres dispersos, desorientados. Y para ello envió Dios a su Hijo, a quien constituyó heredero universal, para que fuera Maestro, Sacerdote y Rey nuestro&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;. Hoy podemos recordar el &lt;i&gt;Salmo II&lt;/i&gt;, que proclama la realeza de Cristo, y pedimos a Dios Padre que sean muchas las almas en las que reine el Señor, muchos los pueblos que acojan la palabra de salvación que proclama la Iglesia, ya que también a Ella –como nos recuerda la Constitución &lt;i&gt;Lumen gentium&lt;/i&gt;– le han sido dadas en heredad todas las naciones&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Primera lectura&lt;/i&gt;. Año I, &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 6, 5-8: 7 1-5.10. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 2, 40. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;De catechizandis rudibus&lt;/i&gt;, 18. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;, 27. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; M. Schmaus, &lt;i&gt;Teología Dogmática&lt;/i&gt;, vol. IV, p. 77. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 28, 18-20. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 10, 38. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amar a la Iglesia&lt;/i&gt;, Palabra 4ª ed., Madrid 2001. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Enchiridion Indulgentiarum&lt;/i&gt;, 1986. &lt;i&gt;Aliae concesiones&lt;/i&gt;, n. 39. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 8, 14-21. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;o. c.&lt;/i&gt;, p. 55. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Juan Pablo II. &lt;i&gt;Homilía&lt;/i&gt; 7-XI-1982. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; Misal Romano, &lt;i&gt;Ordinario de la Misa. Canon Romano&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; San Juan Leonardi, &lt;i&gt;Cartas al Papa Pablo V para la reforma de la Iglesia&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, Const. &lt;i&gt;Lumen gentium&lt;/i&gt;, 13. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;ibídem&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-1762863385173990079?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/1762863385173990079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/1762863385173990079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/la-tarea-salvadora-de-la-iglesia.html' title='LA TAREA SALVADORA DE LA IGLESIA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-5496024334989071796</id><published>2011-02-10T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-10T00:00:00.743-03:00</updated><title type='text'>ORACIÓN HUMILDE Y PERSEVERANTE</title><content type='html'>&lt;p&gt;5ª semana. Jueves&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;ORACIÓN HUMILDE Y PERSEVERANTE&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La curación de la hija de la mujer cananea. Condiciones de la verdadera oración.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Confianza de hijos y perseverancia en nuestras peticiones.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;En la oración debemos pedir gracias sobrenaturales, y también bienes y ayudas materiales en la medida en que sean útiles a la salvación propia o del prójimo. Pedir para los demás. El Rosario, «arma poderosa».&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Nos dice San Marcos en el Evangelio de la Misa que llegó Jesús con sus discípulos a la región de Tiro y de Sidón&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Allí se acercó a ellos una mujer gentil, sirofenicia de origen, perteneciente a la primitiva población de Palestina. Se echó a sus pies y le pidió la curación de su hija, que estaba poseída por el demonio. Jesús no decía nada, y los discípulos, cansados de la insistencia de la mujer, le pedían que la despachara&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. El Señor trata de explicar a la mujer que el Mesías ha de darse a conocer en primer lugar a los judíos, a los hijos. Y, con una expresión difícil de comprender sin ver sus gestos amables, le dijo: &lt;i&gt;Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos&lt;/i&gt;. La mujer no se sintió herida ni humillada, sino que insiste más, con profunda humildad: &lt;i&gt;Señor, también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos&lt;/i&gt;. Ante tantas virtudes, Jesús, conmovido, no retrasó más el milagro que se le pedía, y la despidió así: &lt;i&gt;Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija&lt;/i&gt;. Dios, que resiste a los soberbios, da su gracia a los humildes&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;; aquella mujer alcanzó lo que quería y se ganó el corazón del Maestro.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Es el ejemplo acabado para todos aquellos que se cansan de rezar porque creen que no son escuchados. En su oración se hallan resumidas las condiciones de toda petición: &lt;i&gt;fe, humildad, perseverancia y confianza&lt;/i&gt;. El intenso amor que muestra hacia su hija poseída por el demonio debió de agradar mucho a Cristo. Quizá los Apóstoles se acordaron de esta mujer cuando oyeron más tarde la parábola de la viuda inoportuna&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;, que también consiguió lo que quería por su tozudez, por su insistencia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Enseña Santo Tomás que la verdadera oración es infaliblemente eficaz, porque Dios, que nunca se vuelve atrás, ha decretado que así sea&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Y para que no dejáramos de pedir, el Señor nos mostró con ejemplos sencillos y claros, para que lo entendiéramos bien, que siempre y en todo lugar nuestras oraciones hechas con rectitud llegan hasta Él y las atiende: &lt;i&gt;si entre vosotros un hijo pide pan a su padre, ¿acaso le dará una piedra?; o si pide un pez, ¿le dará en lugar de un pez una serpiente?... ¡Cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos...!&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. «Jamás Dios ha negado ni denegará nada a los que piden sus gracias debidamente. La oración es el gran recurso que nos queda para salir del pecado, para perseverar en la gracia, para mover el corazón de Dios y atraer sobre nosotros toda suerte de bendiciones del cielo, ya para el alma, o por lo que se refiere a nuestras necesidades temporales»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando pidamos algún don, hemos de pensar que somos hijos de Dios, y Él está infinitamente más atento hacia nosotros que el mejor padre de la tierra hacia su hijo más necesitado.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Dios ha previsto desde la eternidad todas las ayudas que precisamos y también los auxilios, las gracias que nos moverían a pedir, pues Él nos trata como a hijos libres y pide nuestra colaboración. Tanta necesidad tenemos de pedir para conseguir la ayuda de Dios, para obrar el bien, para perseverar, como precisa es la siembra para cosechar después el trigo&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. Sin la siembra no hay espigas; sin petición no tendremos las gracias que debemos recibir. Y a medida que intensificamos la petición identificamos nuestra voluntad con la de Dios, que es Quien verdaderamente conoce nuestra penuria y escasez. Él nos hace esperar en ocasiones para disponernos mejor, para que deseemos esas gracias con más hondura y fervor; otras veces rectifica nuestra petición y nos concede lo que realmente necesitamos; finalmente, en otros momentos no nos concede lo que pedimos porque, sin darnos cuenta quizá, estamos pidiendo un mal que nuestra voluntad ha revestido con la apariencia de bien. Una madre no da a su hijo un afilado cuchillo que brilla y atrae y que la pequeña criatura desea con pasión. Y nosotros somos como hijos pequeños delante de Dios. Cuando pedimos algo que sería un mal, aunque tenga apariencia de bien, Dios hace como las buenas madres con sus hijos menores: nos da otras gracias que sí serán para nuestro provecho, aunque, por nuestras pocas luces, las deseemos menos. Nuestra oración ha de ser, pues, &lt;i&gt;confiada&lt;/i&gt;, como quien pide a su padre, y &lt;i&gt;serena&lt;/i&gt;, porque Dios sabe bien las necesidades que padecemos, mucho mejor que nosotros mismos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La confianza nos mueve a pedir con &lt;i&gt;constancia&lt;/i&gt;, con perseverancia, sin cejar, insistiendo una y otra vez, con la seguridad de que recibiremos mucho más y mejor de lo que hemos pedido. Debemos insistir como el amigo importuno a quien le faltaba pan y como la viuda indefensa que clamaba noche y día ante el juez inicuo. &lt;i&gt;Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abrirá&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. La misma perseverancia en la petición aumenta la confianza y la amistad con Dios. «Y esta amistad que produce el ruego abre camino para una súplica más confiada aún (...), como si, introducidos en la intimidad divina por el primer ruego, pudiésemos implorar con mucha más confianza la siguiente vez. Por eso, en la petición dirigida a Dios, la constancia, la insistencia, nunca es inoportuna. Al contrario, agrada a Dios»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Esta mujer cananea es un ejemplo, que debemos imitar, de constancia, aunque &lt;i&gt;aparentemente&lt;/i&gt; el Señor no la escuchaba.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Al hablar de la eficacia de la oración, Jesús no hace restricciones: &lt;i&gt;todo el que pide recibe&lt;/i&gt;, porque Dios es nuestro Padre. San Agustín enseña que nuestra oración no es escuchada a veces porque no somos buenos, porque nos falta limpieza en el corazón o rectitud en la intención, o bien porque pedimos mal, sin fe, sin perseverancia, sin humildad; o porque pedimos cosas malas, es decir, lo que no nos conviene, lo que puede hacernos daño o torcer nuestro caminar&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. Es decir: la oración no es eficaz cuando no es verdadera oración. «Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?»&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;: &lt;i&gt;En verdad os digo que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, si tenéis fe, os lo concederá&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. &lt;i&gt;Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación...&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;, reza el sacerdote en voz alta durante la Santa Misa. En la oración de petición podemos solicitar cosas para nosotros y para los demás; en primer lugar, los bienes y las gracias necesarias para el alma. Por muchas y urgentes que sean las limitaciones y privaciones materiales, tenemos siempre más necesidad de los bienes sobrenaturales: la gracia para servir a Dios y ser fieles, la santidad personal, ayudas para vencer en la lucha contra los propios defectos, para confesarnos bien, para prepararnos a la Sagrada Comunión... Pedimos los bienes temporales en la medida en que son útiles para la salvación y en la medida en que están subordinados a los primeros.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor mismo nos enseñó a rogar: &lt;i&gt;el pan nuestro de cada día dánosle hoy...;&lt;/i&gt; el primer milagro que hizo Jesús, &lt;i&gt;por el que se manifestó a sus discípulos&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;, fue de carácter material. María aparece en Caná, donde, «manifestando al Hijo con delicada súplica una necesidad temporal, obtiene también un efecto de gracia: que Jesús, realizando el primero de sus “signos”, confirme a los discípulos en la fe en Él»&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;. Por la unidad de vida, todos los bienes de carácter material redundan, de algún modo, en la gloria de Dios. Aquel milagro de Caná, realizado por intercesión de María, nos anima y nos mueve a pedir también gracias de carácter temporal, que nos son necesarias o convenientes en la vida corriente: ayudas para salir adelante en un apuro económico, la curación de una enfermedad, superar un examen difícil para el que hemos estudiado... «Uno pide en la oración le conceda mujer para esposa según su deseo, otro pide una casa de campo, otro un vestido y otro pide se le den alimentos. Efectivamente, cuando hay necesidad de estas cosas debemos pedírselas a Dios Todopoderoso; pero debemos tener siempre presente en nuestra memoria el mandato de nuestro Redentor: &lt;i&gt;Buscad primero el reino de Dios y su justicia y las demás cosas se os darán por añadidura&lt;/i&gt; (&lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 6, 33)»&lt;sup&gt;17&lt;/sup&gt;. No dediquemos lo mejor de nuestra oración a pedir solo las «añadiduras».&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Al Señor le es muy grato que le solicitemos gracias y ayudas para los demás, y que encarguemos a otras personas que recen por nosotros y por nuestro apostolado: «“Reza por mí”, le pedí como hago siempre. Y me contestó asombrado: “¿pero es que le pasa algo?”.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Hube de aclararle que a todos nos sucede o nos ocurre algo en cualquier instante; y le añadí que, cuando falta la oración, “pasan y pesan más cosas”»&lt;sup&gt;18&lt;/sup&gt;. Y la oración las evita y alivia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestra oración debe estar llena de &lt;i&gt;abandono&lt;/i&gt; en Dios y de profundo sentido sobrenatural, pues –decía Juan Pablo II– se trata de cumplir &lt;i&gt;la obra de Dios&lt;/i&gt;, y no la nuestra. Se trata de cumplirla según su &lt;i&gt;inspiración&lt;/i&gt; y no según nuestros propios sentimientos&lt;sup&gt;19&lt;/sup&gt;. La Virgen Nuestra Señora enderezará todas las peticiones que no sean del todo rectas, para obtener siempre lo mejor. En el Santo Rosario tenemos un «arma poderosa»&lt;sup&gt;20&lt;/sup&gt; para alcanzar de Dios tantas ayudas como diariamente necesitamos, nosotros y aquellas personas por las que rogamos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Te pedimos, Señor, que nosotros tus siervos gocemos siempre de salud de alma y cuerpo, y, por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;21&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 7, 24-30. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 15, 23. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;1 Pdr&lt;/i&gt; 5, 5. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 18, 3 ss. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Cfr. Santo Tomás, &lt;i&gt;Suma Teológica&lt;/i&gt;, 2-2, q. 83, a. 2. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 11, 11-13. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Santo Cura de Ars, &lt;i&gt;Sermón para el Quinto Domingo después de Pascua&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr. R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;Las tres edades de la vida interior&lt;/i&gt;, vol. I, p. 500. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 11, 9-10. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Santo Tomás, &lt;i&gt;Compendio de Teología&lt;/i&gt;, II, 2. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Cfr. San Agustín, &lt;i&gt;Sobre el sermón del Señor en el Monte&lt;/i&gt;, II, 27, 73. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Camino&lt;/i&gt;, n. 96. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 16, 23. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; Misal Romano, &lt;i&gt;Ordinario de la Misa&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 2, 11. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; Pablo VI, Exhor. Apost. &lt;i&gt;Marialis cultus&lt;/i&gt;, 2-II-1974, 18. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;17&lt;/b&gt; San Gregorio Magno, &lt;i&gt;Homilía 27 sobre los Evangelios&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;18&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Surco&lt;/i&gt;, n. 479. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;19&lt;/b&gt; Cfr. Juan Pablo II, &lt;i&gt;A obispos franceses en visita «ad limina»&lt;/i&gt;, 21-II-1987. — &lt;b&gt;20&lt;/b&gt; Cfr. San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Camino&lt;/i&gt;, n. 558. — &lt;b&gt;21&lt;/b&gt; Misal Romano, &lt;i&gt;Misa votiva de la Virgen. Oración colecta&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-5496024334989071796?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5496024334989071796'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5496024334989071796'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/oracion-humilde-y-perseverante.html' title='ORACIÓN HUMILDE Y PERSEVERANTE'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-295033501809906308</id><published>2011-02-09T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-09T01:08:32.993-03:00</updated><title type='text'>LA DIGNIDAD DEL TRABAJO</title><content type='html'>&lt;p&gt;5ª semana. Miércoles&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;LA DIGNIDAD DEL TRABAJO&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;El mandamiento divino del trabajo no es un castigo, sino una bendición; nos hace partícipes en el poder creador de Dios. El cansancio y la fatiga nos deben ayudar a ser corredentores con Cristo.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Prestigio profesional. La pereza, el gran enemigo del trabajo.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Virtudes del trabajo bien realizado.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Después de haber creado Dios la tierra y de haberla enriquecido con toda suerte de bienes, &lt;i&gt;tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén, para que lo guardara y lo cultivara&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, es decir, para que lo trabajase. El Señor, que había hecho al hombre &lt;i&gt;a su imagen y semejanza&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;, quiso también que participase en su poder creador, transformando la materia, descubriendo los tesoros que encerraba, y que plasmase la belleza en obras de sus manos. De ninguna manera fue el trabajo un castigo sino, por el contrario, «dignidad de vida y un deber impuesto por el Creador, ya que el hombre fue creado &lt;i&gt;ut operaretur&lt;/i&gt;. El trabajo es un medio por el que el hombre se hace participante de la creación y, por tanto, no solo es digno, sea el que sea, sino que es un instrumento para conseguir la perfección humana –terrena– y la perfección sobrenatural»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Este mandato divino existía ya antes de que nuestros primeros padres pecasen. El pecado original añadió al trabajo la fatiga y el cansancio, pero el trabajo en sí mismo sigue siendo noble, digno, por ser participación en el poder creador de Dios, aunque «ahora va acompañado de penalidades y de sufrimientos, de infertilidad y cansancio. Sigue siendo un don divino y una tarea que ha de ser realizada bajo condiciones penosas, lo mismo que el mundo sigue siendo el mundo de Dios, pero un mundo en el cual ya no se percibe con claridad la voz divina»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El trabajo es una bendición, un bien que corresponde a la dignidad del hombre y la aumenta&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. «La Iglesia halla en las primeras páginas del libro del &lt;i&gt;Génesis&lt;/i&gt; la fuente de su convicción según la cual el trabajo constituye una dimensión fundamental de la existencia humana sobre la tierra»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El trabajo adquirió con Cristo, en sus años de vida oculta en Nazaret y en los tres años de ministerio público, un valor redentor. Con la Redención, los aspectos penosos del trabajo asumieron un valor santificador para quien lo ejerce y para toda la humanidad. El sudor y la fatiga, ofrecidos con amor, se vuelven tesoros de santidad, pues el trabajo hecho por amor a Dios es la participación humana, no solo en la obra de la Creación, sino también en la de la Redención. Toda labor comporta una parte de fatiga y de agobio que podemos ofrecer al Señor como expiación de las culpas humanas. Aceptar con humildad esa parte de esfuerzo, que incluso la mejor organización laboral no logra eliminar, significa colaborar en la purificación de nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestros sentimientos&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Examinemos hoy en la oración si nos quejamos con frecuencia en el trabajo: en la oficina, en el taller, en las tareas de la casa, en el estudio; veamos junto al Señor si ofrecemos la fatiga y el cansancio por fines noblemente ambiciosos; averigüemos si en estos aspectos menos agradables de todo trabajo encontramos la mortificación cristiana que nos purifica y que podemos ofrecer por otros.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. El trabajo es un talento que recibe el hombre para hacerlo fructificar, y «es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. Para el cristiano, además, el trabajo bien acabado es ocasión de un encuentro personal con Jesucristo, y medio para que todas las realidades de este mundo estén informadas por el espíritu del Evangelio.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Para que «el hombre se haga más hombre»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt; con el trabajo, para que sea medio y ocasión de amar a Cristo y de darle a conocer, son necesarias una serie de condiciones humanas: la diligencia en su cumplimiento, la constancia, la puntualidad..., el prestigio y la competencia profesional. Por el contrario, el escaso interés en lo que se realiza, la incompetencia, el absentismo laboral... son incompatibles con el sentido auténticamente cristiano de la vida. El trabajador negligente o desinteresado, en cualquier puesto que ocupe en la sociedad, ofende en primer lugar la propia dignidad de su persona y la de aquellos a quienes se destinan los frutos de esa tarea mal realizada. Ofende a la sociedad en la que vive, pues de algún modo repercute en ella todo el mal y todo el bien de los individuos. El trabajo mal hecho, el realizado con desidia, con retraso y chapuzas, no solo es una falta o un pecado contra la virtud de la justicia, sino también contra la caridad, por el mal ejemplo y por las consecuencias que de esta actitud se derivan.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El gran enemigo del trabajo es &lt;i&gt;la pereza&lt;/i&gt;, que se manifiesta de muchas maneras. No solo es perezoso el que deja pasar el tiempo sin hacer nada, sino también el que realiza muchas cosas pero rehúsa llevar a cabo su obligación concreta: escoge sus ocupaciones según el capricho del momento, las realiza sin energía, y las pequeñas dificultades son suficientes para que cambie de tarea. El perezoso suele ser amigo de «comienzos», pero su repugnancia ante el sacrificio que supone un trabajo continuo y profundo le impide poner las «últimas piedras», acabar bien lo que comenzó.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Quienes queremos imitar a Cristo debemos esforzarnos por adquirir una adecuada preparación profesional, que luego continuamos en los años de ejercicio de nuestra profesión u oficio. La madre de familia que se dedica a sus hijos debe saber llevar una casa, ser buena administradora de los recursos y de los bienes domésticos; tener la casa agradable, arreglada con gusto más que con lujo, para que toda la familia se encuentre bien; conocer el carácter de sus hijos y de su marido y saber, cuando llegue el caso, cómo plantearles aquellas cuestiones difíciles en las que pueden mejorar; ha de ser fuerte y, a la vez, dulce y sencilla. Deberá sacar adelante esa tarea con mentalidad profesional, ateniéndose a un horario fijo, no perdiendo el tiempo en conversaciones interminables, evitando encender la televisión a horas intempestivas... El estudiante, si quiere ser buen cristiano, ha de ser buen estudiante: asistiendo a clase, llevando las asignaturas al día, teniendo en orden los apuntes, aprendiendo a distribuir el tiempo que dedica a cada materia. Igualmente competentes han de ser el arquitecto, la secretaria, la modista, el empresario... «El cristiano que falta a sus obligaciones temporales –enseña el Concilio Vaticano II–, falta a sus deberes con el prójimo, falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;; ha equivocado el camino en una materia esencial y se encuentra imposibilitado, si no cambia, para encontrar al Señor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Miremos a Jesús mientras realiza su trabajo en el taller de José y preguntémonos hoy si se nos conoce en nuestro ambiente por el trabajo bien hecho que realizamos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. El &lt;i&gt;prestigio profesional&lt;/i&gt; se gana día a día, en un trabajo silencioso, cuidado hasta el detalle, hecho a conciencia, en la presencia de Dios, sin dar demasiada importancia a que sea visto o no por los hombres. Este prestigio en la propia profesión u oficio, en el estudio los estudiantes, tiene repercusiones inmediatas en los colegas y amigos: nuestra palabra que trata de acercarles a Dios tendrá peso y autoridad, y el ejemplo de trabajo competente les ayudará a mejorar en sus tareas profesionales. Se convierte la profesión en pedestal de Cristo, donde se le ve incluso de lejos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Junto al prestigio profesional, el Señor nos pide otras virtudes: el espíritu de servicio amable y sacrificado, la sencillez y la humildad para enseñar sin darse importancia, la serenidad –para que la actividad intensa no se convierta en activismo–, el dejar la tarea y sus preocupaciones a un lado cuando ha llegado el momento de hacer un rato de oración o atender a la familia y escuchar a la mujer, al marido, a los hijos, a los padres, a los amigos...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El trabajo no debe llenar el día de tal manera que ocupe ese tiempo dedicado a Dios, a la familia, a los amigos... Sería un síntoma claro de que ya no nos estamos santificando, sino que nos estamos buscando en él a nosotros mismos. Sería otra forma de corrupción de ese «don divino». Esta deformación es quizá más peligrosa en nuestro tiempo, por las mismas exigencias desenfocadas en las que están fundamentados muchos trabajos. Nosotros, cristianos corrientes y sencillos en medio del mundo, no podemos olvidar nunca que debemos encontrar a Cristo cada día en medio y a través de nuestros quehaceres, cualesquiera que estos sean.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Acudamos a San José para que nos enseñe las virtudes fundamentales que debemos vivir en el ejercicio de nuestra profesión. «José sacaba de apuros a muchos, sin duda, con un trabajo bien acabado. Era su labor profesional una ocupación orientada hacia el servicio, para hacer agradable la vida a las demás familias de la aldea, y acompañada de una sonrisa, de una palabra amable, de un comentario dicho como de pasada, pero que devuelve la fe y la alegría a quien está a punto de perderlas»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. Cerca de José encontraremos a María.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Primera lectura&lt;/i&gt;. Año I. &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 2, 15. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 1, 27. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Carta&lt;/i&gt; 31-V-1954. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; M. Schmaus, &lt;i&gt;Teología Dogmática&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1959, vol. II, p. 411. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Cfr. Juan Pablo II, Enc. &lt;i&gt;Laborem exercens&lt;/i&gt;, I, 9. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;, 4. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. Card. Wyszinsky, &lt;i&gt;El espíritu del trabajo&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1958, p. 95. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Es Cristo que pasa&lt;/i&gt;, 47. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. Juan Pablo II, &lt;i&gt;loc. cit&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, Const. &lt;i&gt;Gaudium et spes&lt;/i&gt;, 43. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;loc. cit&lt;/i&gt;., 51.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-295033501809906308?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/295033501809906308'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/295033501809906308'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/la-dignidad-del-trabajo.html' title='LA DIGNIDAD DEL TRABAJO'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-2633325914102709996</id><published>2011-02-08T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-09T01:03:56.901-03:00</updated><title type='text'>EL CUARTO MANDAMIENTO</title><content type='html'>&lt;p&gt;5ª semana. Martes&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;EL CUARTO MANDAMIENTO&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Bendiciones de Dios a quien cumpla este mandamiento. La promesa de una larga vida. El «dulcísimo precepto».&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Amor con obras a los padres. Qué significa &lt;i&gt;honrar a los padres&lt;/i&gt;.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;El amor a los hijos. Algunos deberes de los padres.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. En el Evangelio de la Misa&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, Nuestro Señor declara el verdadero alcance del Cuarto Mandamiento del Decálogo frente a las explicaciones erróneas de la casuística de escribas y fariseos. El mismo Dios, por boca de Moisés, había dicho: &lt;i&gt;Honra a tu padre y a tu madre, y quien maldiga al padre o a la madre, será reo de muerte&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Es tan grato a Dios el cumplimiento de este mandamiento que lo adornó de incontables promesas de bendición: &lt;i&gt;El que honra a su padre expía sus pecados; y cuando rece será escuchado. Y como el que atesora es el que honra a su madre. El que respeta a su padre tendrá larga vida&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. Esta promesa de una larga vida a quien ame y honre a sus padres se repite una y otra vez. &lt;i&gt;Honra a tu padre y a tu madre; así prolongarás la vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. Y Santo Tomás de Aquino, al explicar este pasaje, enseña que la vida es larga cuando está llena, y esta plenitud no se mide por el tiempo, sino por las obras. Se vive una &lt;i&gt;vida llena&lt;/i&gt; cuando está repleta de virtudes y de frutos; entonces se ha vivido mucho, aunque muera joven el cuerpo&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. El Señor promete también la buena fama –a pesar de sufrir calumnias–, riquezas y una descendencia numerosa. En cuanto a la descendencia, sigue diciendo Santo Tomás de Aquino que no solo existen «hijos de la carne»: hay diversas razones por las cuales se originan otros modos de paternidad espiritual, que requieren su correspondiente respeto y aprecio&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;A pesar de la claridad con que se expone este mandamiento en estos y otros muchos pasajes del Antiguo Testamento, los doctores y los sacerdotes del templo habían tergiversado su sentido y cumplimiento&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Enseñaban que si alguien decía a su padre o a su madre: &lt;i&gt;lo que de mi parte pudieras recibir o necesitar, sea «corban», que significa ofrenda&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;, los padres no podían ya tomar nada de esos bienes aunque estuvieran muy necesitados, pues, como habían sido declarados &lt;i&gt;ofrenda para el altar&lt;/i&gt;, constituiría entonces un sacrilegio. Esta costumbre era frecuentemente un mero artificio legal para seguir gozando de sus bienes y quedar desligados de la obligación natural de ayudar a sus padres necesitados&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. El Señor, Mesías y Legislador, explica en su justo sentido el alcance del Cuarto Mandamiento, deshaciendo los profundos errores que había en aquella época sobre esta materia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Cuarto Mandamiento, que es también de derecho natural, requiere de todos los hombres, pero especialmente de aquellos que quieren ser buenos cristianos, la ayuda abnegada y llena de cariño a los padres, que se realiza cada día en mil pequeños detalles y se pone particularmente de relieve cuando los progenitores son ancianos o están más necesitados&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. Cuando hay verdadero amor a Dios, quien nunca nos pide cosas contradictorias, se encuentra el modo oportuno de vivir el amor a los padres, incluso en el caso de que esos hijos tengan que cumplir primero con otras obligaciones familiares, sociales o religiosas. Hay aquí un campo grande de responsabilidades filiales, que los hijos deben examinar con frecuencia delante de Dios, en su oración personal. Dios paga con la felicidad, ya en esta vida, a quien cumple con amor esos deberes para con sus padres, aunque alguna vez puedan resultar costosos. San Josemaría Escrivá solía llamar a este mandamiento el «dulcísimo precepto del Decálogo», porque es una de las más gratas obligaciones que el Señor nos ha dejado.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. El cumplimiento amoroso del Cuarto Mandamiento tiene sus raíces más firmes en el sentido de nuestra filiación divina. El único que puede considerarse Padre en toda su plenitud es Dios, &lt;i&gt;de quien se deriva toda paternidad en el cielo y en la tierra&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Nuestros padres, al engendrarnos, participaron de esa paternidad de Dios que se extiende a toda la creación. En ellos vemos como un reflejo del Creador, y al amarles y honrarles rectamente, en ellos estamos honrando y amando también al mismo Dios, como Padre.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En el tiempo litúrgico de la Navidad hemos contemplado a la Sagrada Familia –Jesús, María y José– como modelo y prototipo de amor y espíritu de servicio para todas las familias. Jesús nos ha dejado el ejemplo y la doctrina que debemos seguir para cumplir como Dios quiere el dulce precepto del Cuarto Mandamiento. Ante todo, Jesús reafirmó que el amor a Dios tiene unos derechos absolutos, y a él deben subordinarse todos los amores humanos: &lt;i&gt;Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. Por eso, es contrario a la voluntad de Dios, y, en consecuencia, no es verdadero amor, el apegamiento desordenado a la propia familia, que se convierte en obstáculo para cumplir la voluntad de Dios: &lt;i&gt;Y Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Jesús nos dejó un ejemplo acabado de entrega plena a la voluntad de su Padre celestial –&lt;i&gt;¿no sabíais que es necesario que Yo esté en las cosas de mi Padre?&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;, les dirá a María y a José cuando le encuentran en Jerusalén–, y al mismo tiempo es el perfecto Modelo de cómo hemos de cumplir este precepto y del aprecio que debemos tener por los vínculos familiares: vivió sujeto a la autoridad de sus padres&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;, y aprendió de San José su oficio&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;, ayudándole a sostener el hogar; realizó el primero de sus milagros a ruegos de su Madre&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;; escogió entre sus parientes a tres de sus discípulos&lt;sup&gt;17&lt;/sup&gt;; y, antes de morir por nosotros en la Cruz, confió a Juan el cuidado de su Madre Santísima&lt;sup&gt;18&lt;/sup&gt;; sin contar los innumerables milagros que realiza movido por las lágrimas o las palabras de una madre&lt;sup&gt;19&lt;/sup&gt; o de un padre&lt;sup&gt;20&lt;/sup&gt;: al Señor le llegan con especial acento las oraciones de los padres cuando rezan por sus hijos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Son muchas las manifestaciones en las que se hace realidad el Cuarto Mandamiento, en las que mostramos nuestra honra y nuestro amor hacia nuestros padres. «Los honramos cuando pedimos rendidamente a Dios que todas las cosas les sucedan próspera y felizmente, que gocen de la estima y respeto de los demás y que alcancen gracia ante el mismo Dios y ante los Santos que están en el Cielo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Además, honramos a nuestros padres cuando los socorremos con lo necesario para su sustento y una vida digna, como se comprueba por el testimonio de Cristo, al reprobar la impiedad de los fariseos... Ese deber es más exigente cuando se encuentran enfermos de peligro. Entonces hay que poner todos los medios para que no omitan la confesión, ni los demás sacramentos que deben recibir los cristianos (...).&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Por último, una vez difuntos, se honra a los padres cuidando sus exequias, sepulturas y funerales, elevando por ellos sufragios y las misas de aniversarios, y ejecutando fielmente cuanto mandaron en su testamento». Así se expresa y resume el Catecismo Romano&lt;sup&gt;21&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Si, por desgracia, los padres estuvieran lejos de la fe, el Señor nos dará gracia para realizar con ellos un apostolado lleno de aprecio y respeto, que consistirá, de ordinario, en oración y mortificación por ellos, y en el ejemplo de una conducta filial alegre, ejemplar, llena de cariño, junto con el empeño de buscar ocasiones para acercarles a quienes les puedan hablar de Dios con más autoridad, porque los hijos no pueden constituirse por iniciativa propia en maestros de sus padres.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. El primer deber de los padres es amar a los hijos, con amor verdadero: interno, generoso, ordenado, con independencia de sus cualidades físicas, intelectuales o morales, y les sabrán querer con sus defectos. Deben amarlos en cuanto son sus hijos y porque lo son; y también porque son hijos de Dios. De ahí que sea deber fundamental de los padres amar y respetar la voluntad de Dios sobre sus hijos, más aún cuando reciben una vocación de entrega plena a Dios –incluso muchas veces la pedirán al Señor y la desearán para esos hijos–, porque «no es sacrificio entregar los hijos al servicio de Dios: es honor y alegría»&lt;sup&gt;22&lt;/sup&gt;. Este amor debe ser operativo, que se traduzca eficazmente en obras. El verdadero amor se manifestará en el empeño esforzado para que sus hijos sean trabajadores, austeros, educados en el sentido pleno de la palabra... y, sobre todo, buenos cristianos. Que arraiguen en ellos los fundamentos de las virtudes humanas: la reciedumbre, la sobriedad en el uso de los bienes, la responsabilidad, la generosidad, la laboriosidad, que aprendan a gastar sabiendo las necesidades que muchos padecen actualmente en el mundo...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El amor verdadero llevará a los padres a preocuparse por el colegio donde estudian sus hijos, a estar muy pendientes de la calidad de la enseñanza que reciben, y de modo particular de la enseñanza religiosa, pues de ella puede depender su misma salvación. El amor a los hijos les moverá a buscar un lugar adecuado para la época de vacaciones y el descanso –con frecuencia sacrificando otros gustos o intereses–, evitando aquellos ambientes que harían imposible, o al menos muy difícil, la práctica de una verdadera vida cristiana. Los padres no deben olvidar que son administradores de un inmenso tesoro de Dios y que, por ser cristianos, no constituyen una familia más –y así lo enseñarán con oportunidad a sus hijos–, sino que forman una familia en la que Cristo está presente, lo cual les da unas características completamente nuevas. Esta realidad viva impulsará a los padres a ser ejemplares en toda ocasión (vida de familia, deberes profesionales, sobriedad, orden...). Y los hijos encontrarán en ellos el camino que conduce a Dios. «En el rostro de toda madre se puede captar un reflejo de la dulzura, de la intuición, de la generosidad de María. Honrando a vuestra madre, honraréis también a la que, siendo Madre de Cristo, es igualmente Madre de cada uno de nosotros»&lt;sup&gt;23&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Terminemos nuestra oración poniendo a nuestras familias bajo la protección de la Santísima Virgen y de los santos Ángeles Custodios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 7, 1-13. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ecl&lt;/i&gt; 3, 4-5, 7. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ex&lt;/i&gt; 20, 12. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. Santo Tomás, &lt;i&gt;Sobre el doble precepto de la caridad&lt;/i&gt;, Marietti, n. 1245. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;ibídem&lt;/i&gt;, n. 1247. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. Sagrada Biblia, &lt;i&gt;Santos Evangelios&lt;/i&gt;, EUNSA, Pamplona 1985, pp. 299-300. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 7, 11. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr. B. Orchard y otros, &lt;i&gt;Verbum Dei&lt;/i&gt;, Herder, Barcelona 1963, vol. III, in loc. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. Conc. Vat. II, Const. G&lt;i&gt;audium et spes&lt;/i&gt;, 48. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ef&lt;/i&gt; 3, 15.— &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 10, 37; cfr. también &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 9, 60; 14, 2. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 9, 60. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 49. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 51. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 6, 3. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 2, 1-11. — &lt;b&gt;17&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 3, 17-18; 6, 3. — &lt;b&gt;18&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 19, 26-27. — &lt;b&gt;19&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 7, 11-17; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 15, 22-28. — &lt;b&gt;20&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 9, 18-26; 17, 14-20. — &lt;b&gt;21&lt;/b&gt; Catecismo Romano, III, 5, nn. 10-12. — &lt;b&gt;22&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Surco&lt;/i&gt;, n. 22. — &lt;b&gt;23&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Alocución&lt;/i&gt; 10-I-1979.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-2633325914102709996?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/2633325914102709996'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/2633325914102709996'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/el-cuarto-mandamiento.html' title='EL CUARTO MANDAMIENTO'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-1181282284242478701</id><published>2011-02-06T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-06T19:35:04.963-03:00</updated><title type='text'>SER LUZ CON EL EJEMPLO</title><content type='html'>&lt;p&gt;Quinto Domingo - Ciclo A&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;SER LUZ CON EL EJEMPLO&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Los cristianos debemos ser &lt;i&gt;sal &lt;/i&gt;y &lt;i&gt;luz &lt;/i&gt;en medio del mundo. El ejemplo ha de ir por delante.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Ejemplaridad en la vida familiar, profesional, etc.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Ejemplares en la caridad y en la templanza. Para nada sirve la sal insípida.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. En el Evangelio de la Misa de este domingo&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; nos habla el Señor de nuestra responsabilidad ante el mundo: &lt;i&gt;Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo&lt;/i&gt;. Y nos lo dice a cada uno, a quienes queremos ser sus discípulos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La &lt;i&gt;sal&lt;/i&gt; da sabor a los alimentos, los hace agradables, preserva de la corrupción y era un símbolo de la sabiduría divina. En el Antiguo Testamento se prescribía que todo lo que se ofreciera a Dios llevase la sal&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;, significando la voluntad del oferente de que fuera agradable. La luz es la primera obra de Dios en la creación&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;, y es símbolo del mismo Señor, del Cielo y de la Vida. Las tinieblas, por el contrario, significan la muerte, el infierno, el desorden y el mal.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Los discípulos de Cristo son la &lt;i&gt;sal de la tierra&lt;/i&gt;: dan un sentido más alto a todos los valores humanos, evitan la corrupción, traen con sus palabras la sabiduría a los hombres. Son también &lt;i&gt;luz del mundo&lt;/i&gt;, que orienta y señala el camino en medio de la oscuridad. Cuando viven según su fe, con su comportamiento &lt;i&gt;irreprochable y sencillo, brillan como luceros en el mundo&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;, en medio del trabajo y de sus quehaceres, en su vida corriente. En cambio, ¡cómo se nota cuando el cristiano no actúa en la familia, en la sociedad, en la vida pública de los pueblos! Cuando el cristiano no lleva la doctrina de Cristo allí donde se desarrolla su vida, los mismos valores humanos se vuelven insípidos, sin trascendencia alguna, y muchas veces se corrompen.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando miramos a nuestro alrededor nos parece como si, en muchas ocasiones, los hombres hubieran perdido la &lt;i&gt;sal&lt;/i&gt; y la &lt;i&gt;luz&lt;/i&gt; de Cristo. «La vida civil se encuentra marcada por las consecuencias de las ideologías secularizadas, que van, desde la negación de Dios o la limitación de la libertad religiosa, a la preponderante importancia atribuida al éxito económico respecto a los valores humanos del trabajo y de la producción; desde el materialismo y el hedonismo, que atacan los valores de la familia prolífica y unida, los de la vida recién concebida y la tutela moral de la juventud, a un “nihilismo” que desarma la voluntad para afrontar problemas cruciales como los de los nuevos pobres, emigrantes, minorías étnicas y religiosas, recto uso de los medios de información, mientras arma las manos del terrorismo»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Hay muchos males que se derivan de «la defección de bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal y moral de esa visión cristiana de la vida, que garantiza el equilibrio a personas y comunidades»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Se ha llegado a esta situación –en la que es preciso evangelizar de nuevo a Europa y al mundo&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;– por el cúmulo de omisiones de tantos cristianos que no han sido &lt;i&gt;sal&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;luz&lt;/i&gt;, como el Señor les pedía.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cristo nos dejó su doctrina y su vida para que los hombres encuentren sentido a su existencia y hallen la felicidad y la salvación. &lt;i&gt;No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo del celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa&lt;/i&gt;, nos sigue diciendo el Señor en el Evangelio de la Misa. &lt;i&gt;Alumbre así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos&lt;/i&gt;. Y para eso es necesario, en primer lugar, el ejemplo de una vida recta, la limpieza de conducta, el ejercicio de las virtudes humanas y cristianas en la vida sencilla de todos los días. La luz, el buen ejemplo, ha de ir por delante.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Frente a esa marea de materialismo y de sensualidad que ahoga a los hombres, el Señor «quiere que de nuestras almas salga otra oleada –blanca y poderosa, como la diestra del Señor–, que anegue, con su pureza, la podredumbre de todo materialismo y neutralice la corrupción, que ha inundado el Orbe: a eso vienen –y a más– los hijos de Dios»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;, a llevar a Cristo a tantos que conviven con nosotros, a que Dios no sea un extraño en la sociedad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Transformaremos de verdad el mundo –comenzando por ese mundo quizá pequeño en el que se lleva a cabo nuestra actividad y en el que se despiertan nuestras ilusiones– si la enseñanza comienza con el testimonio de la vida personal: si somos ejemplares, competentes y honrados en el trabajo profesional; en la familia, dedicando a los hijos, a los padres, el tiempo que necesitan; si nos ven alegres, también en medio de la contradicción y del dolor; si somos cordiales..., «creerán a nuestras obras más que a cualquier otro discurso»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt; y se sentirán atraídos a la vida que muestran nuestras acciones. El ejemplo prepara la tierra en la que fructificará la palabra. Sin nada que no sea propio de cristianos corrientes, podemos mostrar lo que significa seguir de verdad al Señor en el quehacer cotidiano, como hicieron los primeros cristianos. San Pablo lo urgía así a los fieles de Éfeso: &lt;i&gt;os conjuro a que os portéis de una manera digna de la vocación a la que habéis sido llamados&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nos han de conocer como hombres y mujeres leales, sencillos, veraces, alegres, trabajadores, optimistas; nos hemos de comportar como personas que cumplen con rectitud sus deberes y que saben actuar en todo momento como hijos de Dios, que no se dejan arrastrar por cualquier corriente. La vida del cristiano constituirá entonces una señal por la que conocerán el espíritu de Cristo. Por eso, debemos preguntarnos con frecuencia en nuestra oración personal si nuestros compañeros de trabajo, nuestros familiares y amigos, al presenciar nuestras acciones, se ven movidos a glorificar a Dios, porque ven en ellas la luz de Cristo: será un buen signo de que hay luz en nosotros y no oscuridad, amor a Dios y no tibieza. «Él –nos dice el Papa Juan Pablo II– tiene necesidad de vosotros... De algún modo le prestáis vuestro rostro, vuestro corazón, toda vuestra persona, convencidos, entregados al bien de los demás, servidores fieles del Evangelio. Entonces será Jesús mismo el que quede bien; pero si fueseis flojos y viles, oscureceríais su auténtica identidad y no le haríais honor»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. No perdamos nunca de vista esta realidad: los demás han de ver a Cristo en nuestro sencillo y sereno comportamiento diario: en el trabajo, en el descanso, al recibir buenas o malas noticias, cuando hablamos o permanecemos en silencio... Y para esto es necesario seguir muy de cerca al Maestro.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. En la &lt;i&gt;Primera lectura&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;, el Profeta Isaías enumera una serie de obras de misericordia, que darán al cristiano la posibilidad de manifestar la caridad de su corazón, y que consisten en amar a los demás como nos ama el Señor&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;: compartir el pan y el techo, vestir al desnudo, desterrar los gestos amenazadores y las maledicencias. &lt;i&gt;Entonces&lt;/i&gt; –canta el &lt;i&gt;Salmo responsorial– romperá tu luz como la aurora (...), brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. La caridad ejercida a nuestro alrededor, en las circunstancias más diferentes, será un testimonio que atraerá a muchos a la fe de Cristo, pues Él mismo dijo: &lt;i&gt;En esto conocerán que sois mis discípulos&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;. Las mismas normas corrientes de la convivencia, que para muchas personas se quedan en algo exterior y solo las practican porque hacen más fácil el trato social, para los cristianos deben ser fruto también de la caridad –de su unión con Dios, que llena de contenido sobrenatural esos gestos–, manifestación externa de aprecio y de interés. «Ahora adivino –escribe Santa Teresa de Lisieux– que la verdadera caridad consiste en soportar todos los defectos del prójimo, en no extrañar sus debilidades, en edificarse con sus menores virtudes; pero he aprendido especialmente que la caridad no debe quedar encerrada en el fondo del corazón, pues &lt;i&gt;no se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa&lt;/i&gt;. Me parece que esta antorcha representa la caridad que debe iluminar y alegrar no solo a aquellos que más quiero, sino a todos los que están en la casa»&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;, a toda la familia, a cada uno de los que comparten nuestro trabajo... Caridad que se manifestará en muchos casos a través de las formas usuales de la educación y de la cortesía.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Otro aspecto importante, en el que los cristianos hemos de ser esa &lt;i&gt;sal&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;luz&lt;/i&gt; de la que nos habla el Señor, es la &lt;i&gt;templanza&lt;/i&gt; y la &lt;i&gt;sobriedad&lt;/i&gt;. Nuestra época «se caracteriza por la búsqueda del bienestar material a cualquier coste, y por el correspondiente olvido –mejor sería decir miedo, auténtico pavor– de todo lo que pueda causar sufrimiento. Con esta perspectiva, palabras como Dios, pecado, cruz, mortificación, vida eterna..., resultan incomprensibles para gran cantidad de personas, que desconocen su significado y su contenido»&lt;sup&gt;17&lt;/sup&gt;. Por ello, es particularmente urgente dar testimonio generoso de &lt;i&gt;templanza&lt;/i&gt; y de &lt;i&gt;sobriedad&lt;/i&gt;, que manifiestan el señorío de los hijos de Dios, utilizando los bienes «según las necesidades y deberes, con la moderación del que los usa, y no del que los valora demasiado y se ve arrastrado por ellos»&lt;sup&gt;18&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Le pedimos hoy a la Virgen que sepamos ser &lt;i&gt;sal&lt;/i&gt;, que impide la corrupción de las personas y de la sociedad, y &lt;i&gt;luz&lt;/i&gt;, que no solo alumbra sino que calienta, con la vida y con la palabra; que estemos siempre encendidos en el amor, no apagados; que nuestra conducta refleje con claridad el rostro amable de Jesucristo. Con la confianza que Ella nos inspira, pidamos en la intimidad de nuestro corazón: Señor Dios nuestro, tú que hiciste de tantos santos una lámpara que a la vez ilumina y da calor en medio de los hombres, concédenos caminar con ese encendimiento de espíritu, como &lt;i&gt;hijos de la luz&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;19&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 5, 13-16. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lev&lt;/i&gt; 2, 13. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 1, 1-5.— &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Flp&lt;/i&gt; 2, 15. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Discurso&lt;/i&gt; 9-XI-1982. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; ídem, &lt;i&gt;Discurso&lt;/i&gt; 11-X-1985. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Forja&lt;/i&gt;, n. 23. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. San Juan Crisóstomo, &lt;i&gt;Homilía sobre San Mateo&lt;/i&gt;, 15, 9. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ef&lt;/i&gt; 4, 1. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Homilía&lt;/i&gt;, 29-V-1983. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Is&lt;/i&gt; 58, 7-10. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 15, 12. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Sal&lt;/i&gt; 3, 4-5. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 13, 35. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; Santa Teresa de Lisieux, &lt;i&gt;Historia de un alma&lt;/i&gt;, IX, 24. — &lt;b&gt;17&lt;/b&gt; A. del Portillo, &lt;i&gt;Carta&lt;/i&gt; 25-XII-1985, n. 4. — &lt;b&gt;18&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;Sobre las costumbres de la Iglesia católica&lt;/i&gt;, 1, 21. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;19&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Oración colecta de San Bernardo Abad&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-1181282284242478701?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/1181282284242478701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/1181282284242478701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/ser-luz-con-el-ejemplo.html' title='SER LUZ CON EL EJEMPLO'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-8148980918918252412</id><published>2011-02-05T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-06T19:31:56.612-03:00</updated><title type='text'>SANTIFICAR EL DESCANSO</title><content type='html'>&lt;p&gt;4ª semana. Sábado&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;SANTIFICAR EL DESCANSO&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Cansancio de Jesús. Contemplar su Santa Humanidad.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Nuestro cansancio no es en vano. Aprender a santificarlo.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Deber de descansar. Hacerlo para servir mejor a Dios y a los demás.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. &lt;i&gt;Los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Son palabras del Evangelio de la Misa, que nos muestran la solicitud de Jesús por los suyos. Los Apóstoles, después de una intensa misión apostólica, sienten el natural cansancio y el desgaste de las fuerzas. El Señor se da cuenta enseguida y cuida de ellos: &lt;i&gt;Se fueron en una barca a un sitio tranquilo y apartado&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En otras ocasiones es Jesús quien se encuentra verdaderamente &lt;i&gt;cansado del camino&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt; y se sienta junto a un pozo porque no puede dar un paso más. Él sintió algo tan propio de la naturaleza humana como es la fatiga. La experimentó en su trabajo, como nosotros cada día, en los treinta años de vida oculta. En muchas ocasiones, terminaba la jornada extenuado. Los Evangelistas nos narran cómo, durante una tempestad en el lago, el Señor se durmió en un extremo de la barca: había pasado todo el día predicando&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;; era tan intenso su cansancio que no se despertó a pesar de las olas. No simuló el Señor que estaba dormido para probar a sus discípulos; estaba realmente rendido de fatiga.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En estos momentos de desgaste físico real, Jesucristo está también redimiendo a la humanidad, y su debilidad debe ayudarnos a sobrellevar la nuestra y corredimir con Él. ¡Qué gran consuelo contemplar al Señor agotado! ¡Qué cerca de nosotros está Jesús en esos momentos!&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En el cumplimiento de nuestros deberes, al empeñarnos generosamente en la tarea profesional, al gastar sin regateos muchas energías en iniciativas de apostolado y servicio a los demás, es natural que aparezca el cansancio como un compañero casi inseparable. Lejos de quejarnos ante esta realidad común a todos, hemos de aprender a descansar cerca de Dios y ejercitarnos de continuo en esa actitud: «¡Oh, Jesús! —Descanso en Ti»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;, podemos decir muchas veces en nuestro interior, buscando en Él nuestro apoyo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor entiende bien nuestra fatiga porque Él pasó por esas situaciones similares a las nuestras. Nosotros debemos aprender a recuperarnos junto a Él: &lt;i&gt;Venid a mí &lt;/i&gt;-nos dice- &lt;i&gt;todos los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Nos aligeramos de nuestra carga cuando unimos nuestro cansancio al de Cristo, ofreciéndolo por la redención de las almas. Nos aliviará cuidar especialmente de la caridad amable con quienes nos rodean, también si en esos momentos nos cuesta un poco más. Y nunca debemos olvidar que el descanso es, a la vez, una situación que hemos de santificar. Esos momentos de distracción no deben ser parcelas aisladas en nuestra vida, ni ocasión de permitir alguna compensación egoísta, de buscarse a sí mismo. El Amor no tiene vacaciones.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Jesús se vale también de los momentos en que toma nuevas fuerzas para remover las almas. Mientras descansa junto al pozo de Jacob, una mujer se acercó dispuesta a llenar su cántaro de agua. Esa será la oportunidad que aprovechará el Señor para mover a esta mujer samaritana a un cambio radical de vida&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;También nosotros sabemos que ni siquiera nuestros momentos de fatiga deben pasar en vano. «Solo después de la muerte sabremos a cuántos pecadores les hemos ayudado a salvarse con el ofrecimiento de nuestro cansancio. Solo entonces comprenderemos que nuestra inactividad forzosa y nuestros sufrimientos pueden ser más útiles al prójimo que nuestros servicios efectivos»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. No dejemos nunca de ofrecer esos períodos de postración o de inutilidad por el agotamiento o la enfermedad. Ni en esas circunstancias dejemos tampoco de ayudar a los demás.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El cansancio nos enseña a ser humildes y a vivir mejor la caridad. Advertimos entonces que no lo podemos todo y que necesitamos de los demás; el dejarse ayudar favorece en gran manera la humildad. A la vez, como todos nos encontramos más o menos fatigados, comprendemos mejor el consejo de San Pablo de &lt;i&gt;llevar los unos las cargas de los otros&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;, entendemos que cualquier ayuda a quienes vemos algo agobiados es siempre una gran manifestación de caridad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La fatiga es beneficiosa para alentar el desprendimiento de las muchas cosas que nos gustaría hacer y a las que no llegamos por la limitación de nuestras fuerzas. También nos ayuda a crecer en la virtud de la fortaleza y la correspondiente virtud humana de la reciedumbre, pues es un hecho que no siempre nos encontraremos en la plenitud de fuerzas y de salud para trabajar, estudiar, llevar a cabo una gestión dificultosa, etcétera, que sin embargo hemos de hacer. Una parte no pequeña de estas virtudes consiste en acostumbrarnos a trabajar cansados o, al menos, sin encontrarnos físicamente tan bien como nos gustaría estar para desempeñar esas tareas. Si lo hacemos por el Señor, Él las bendice de una manera particular.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El cristiano considera la vida como un bien inmenso, que no le pertenece y que ha de cuidar; hemos de vivir los años que Dios quiera, habiendo dejado realizada la tarea que se nos ha encomendado. Y, en consecuencia, por Dios y por los demás, debemos vivir las normas de prudencia en el cuidado de la propia salud y de la de aquellos que de alguna manera dependen de nosotros. Entre estas normas están «los oportunos descansos para distracción del ánimo y para consolidar la salud del espíritu y del cuerpo»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Sujetarse a un horario, dedicar el tiempo conveniente al sueño, dar un paseo periódicamente o hacer una excursión sencilla, son medios que conviene poner, viviendo el orden en nuestra actividad: quizá actuar de otro modo –si una obligación inaplazable no lo impide– revelaría atolondramiento y pereza, más dañina en cuanto que con esa actitud estaríamos poniéndonos voluntariamente en ocasión de que se desmejore la vida interior, cayendo en el activismo, siendo más propensos a perder la serenidad, etc. Una persona ordenada encuentra habitualmente el modo de vivir un prudente descanso, en medio de una actividad exigente y abnegada.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Aprendamos a descansar. Y si podemos evitar el agotamiento, no debemos dejar de hacerlo. El Señor quiere que cuidemos de la salud, que sepamos recuperar fuerzas; es parte del quinto mandamiento. El descanso es necesario para restaurar las energías perdidas y para que el trabajo sea más eficaz. Y, sobre todo, para servir mejor a Dios y a los demás.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«Pensad que Dios ama apasionadamente a sus criaturas, y ¿cómo trabajará el burro si no se le da de comer, ni dispone de un tiempo para restaurar las fuerzas, o si se quebranta su vigor con excesivos palos? Tu cuerpo es como un borrico –un borrico fue el trono de Dios en Jerusalén– que te lleva a lomos por las veredas divinas de la tierra: hay que dominarlo para que no se aparte de las sendas de Dios, y animarle para que su trote sea todo lo alegre y brioso que cabe esperar de un jumento»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando se está postrado se tiene menos facilidad para hacer las cosas bien, como Dios quiere que las hagamos, y también pueden ser más frecuentes las faltas de caridad, al menos de omisión. San Jerónimo señala con buen humor: «Me enseña la experiencia que cuando el burro va cansado se apoya en todas las esquinas».&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Se ha dicho que «el descanso no es no hacer nada: es distraernos en actividades que exigen menos esfuerzo»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;; es enriquecimiento interior, ocasión frecuente de un mayor apostolado, de fomentar la amistad, etc. No se confunde el descanso con la pereza.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestra Madre la Iglesia se ha preocupada siempre de la salud física de sus hijos. El Papa Juan Pablo II, comentando el pasaje del Evangelio que nos narra la estancia y el descanso de Jesús en casa de Marta y de María, señalaba que el descanso significa dejar las ocupaciones cotidianas, despegarse de las normales fatigas del día, de la semana y del año. Es importante que no sea «andar en vacío», que no sea solamente un vacío. A veces convendrá –decía el Pontífice– ir al encuentro con la naturaleza, con las montañas, con el mar y con el arbolado. Y por supuesto, siempre será necesario que el descanso se llene de un contenido nuevo, el que da el encuentro con Dios: abrir la vista interior del alma a su presencia en el mundo, abrir el oído interior a su Palabra de verdad&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Entendemos bien que no pocas personas dedican períodos de descanso laboral a pasatiempos y actividades que no facilitan, y que incluso entorpecen en ocasiones, ese encuentro con Cristo. Lejos de dejarnos arrastrar por un ambiente más o menos extendido, la elección del lugar de vacaciones, el programa de un viaje, la actividad de un fin de semana que tengamos oportunidad de dedicar al descanso debe estar orientada por esta perspectiva: para el descanso nos sirve la misma norma que para el trabajo: amar a Dios y al prójimo. Convendrá evitar estar pendiente de uno mismo, y buscar la unión con el Señor; siempre es tiempo de preocuparse por los demás, de atenderlos, de ayudarles, de interesarnos por sus aficiones. Siempre es tiempo de amar. El Amor no admite espacios en blanco. Jesús descansó por motivos de obediencia a la ley de Moisés, de exigencias familiares, de amistad o de fatiga..., como cualquier persona. Nunca lo hizo por haberse cansado de servir a los demás. Jamás se aisló y se mostró inasequible, como quien dijese: «¡Ahora me toca a mí!». Nunca hemos de movernos por miras egoístas; tampoco a la hora de parar y recuperar fuerzas. En esos momentos también estamos junto a Dios; no es un tiempo pagano, ajeno a la vida interior.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor nos deja en el Evangelio de la Misa una muestra muy particular de amor: preocuparse por la fatiga y la salud de quienes viven a nuestro lado. Y, junto al pozo de Sicar, extenuado, nos dio un formidable ejemplo: no dejó pasar la oportunidad de hacer apostolado, de convertir a la mujer samaritana. Y esto, a pesar de que &lt;i&gt;no había trato entre judíos y samaritanos&lt;/i&gt;. Cuando hay amor, ni el agotamiento es excusa para no hacer apostolado.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 6, 30-31. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 4, 6. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 4, 38. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Camino&lt;/i&gt;, n. 732. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 11, 28. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 4, 8 ss. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; G. Chevrot, &lt;i&gt;El pozo de Sicar&lt;/i&gt;, p. 25. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Gal&lt;/i&gt; 6, 2. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, Cont. &lt;i&gt;Gaudium et spes&lt;/i&gt;, 61. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amigos de Dios&lt;/i&gt;, 137. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Ídem&lt;i&gt;, Camino&lt;/i&gt;, n. 357. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Cfr. Juan Pablo II, &lt;i&gt;Ángelus&lt;/i&gt; 20-VII-1980.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-8148980918918252412?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/8148980918918252412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/8148980918918252412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/santificar-el-descanso.html' title='SANTIFICAR EL DESCANSO'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-3856404223869081411</id><published>2011-02-02T00:03:00.000-03:00</published><updated>2011-02-02T06:58:19.980-03:00</updated><title type='text'>PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA</title><content type='html'>&lt;p&gt;2 de febrero&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Cuarto Misterio del Santo Rosario.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La Virgen nos presenta a Jesús, &lt;i&gt;luz de las naciones&lt;/i&gt;, nuestra luz. Necesidad de purificar la vida.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Ofrecer todo lo nuestro a través de Nuestra Señora. Acudir a Ella con más confianza cuanto mayores sean las flaquezas o las tentaciones.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. La Ley de Moisés prescribía no solamente la ofrenda del primogénito, sino también la purificación de la madre. Esta ley no obligaba a María, que es purísima y concibió a su Hijo milagrosamente. Pero la Virgen no buscó nunca a lo largo de su vida razones que la eximieran de las normas comunes de su tiempo. «Piensas –pregunta San Bernardo– que no podía quejarse y decir: ¿Qué necesidad tengo yo de purificación? ¿Por qué se me impide entrar en el templo si mis entrañas, al no conocer varón, se convirtieron en templo del Espíritu Santo? ¿Por qué no voy a entrar en el templo, si he engendrado al Señor del templo? No hay nada impuro, nada ilícito, nada que deba someterse a purificación en esta concepción y en este parto; este Hijo es la fuente de pureza, pues viene a purificar los pecados. ¿Qué va a purificar en mí el rito, si me hizo purísima en el mismo parto inmaculado?”»&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Sin embargo, como en tantas ocasiones, la Madre de Dios se comportó como cualquier mujer judía de su época. Quiso ser ejemplo de obediencia y de humildad: una humildad que la lleva a no querer distinguirse por las gracias con las que Dios la había adornado. Con sus privilegios y dignidad de ser la Madre de Dios, se presentó aquel día, acompañada de José, como una mujer más. Guardaba en su corazón los tesoros de Dios. Podría haber hecho uso de sus prerrogativas, considerarse eximida de la ley común, mostrarse como un alma distinta, privilegiada, elegida para una misión extraordinaria, pero nos enseñó a nosotros a pasar inadvertidos entre nuestros compañeros, aunque nuestro corazón arda en amor a Dios, sin buscar excepciones por el hecho de ser cristianos: somos ciudadanos corrientes, con los mismos derechos y deberes de los demás.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Contemplamos a María, en la fiesta de hoy, en el cuarto misterio de gozo del Santo Rosario. Vemos a María, purísima, someterse a una ley de la que estaba exenta... Nos miramos a nosotros mismos y vemos tantas manchas, ingratitudes, omisiones tan numerosas en el amor a Dios como las arenas del mar. «¡Tú y yo sí que necesitamos purificación! –Expiar, y, por encima de la expiación, el Amor. –Un amor que sea cauterio, que abrase la roña de nuestra alma, y fuego, que encienda con llamas divinas la miseria de nuestro corazón»&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt; y que lo disponga para poder presentarlo a Dios a través de Santa María.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II&lt;i&gt;. Inesperadamente entrará en el Santuario el Señor a quien vosotros buscáis... Será un «fuego de fundidor», una «lejía de lavandero»: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a la plata y al oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;, leemos en la &lt;i&gt;Primera lectura&lt;/i&gt; de la Misa.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«La Liturgia de hoy presenta y actualiza de nuevo un “misterio” de la vida de Cristo: en el templo, centro religioso de la nación judía, en el cual se sacrificaban continuamente animales para ser ofrecidos a Dios, entra por primera vez, humilde y modesto, Aquel que, según el profeta Malaquías, deberá sentarse &lt;i&gt;para fundir y purificar (...)&lt;/i&gt;. Hace su entrada en el templo Aquel que &lt;i&gt;tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser compasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo»&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;, como se expresa en la &lt;i&gt;Segunda lectura&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Jesucristo viene a purificamos de nuestros pecados por medio del perdón y de la misericordia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Esta profecía se refiere en primer lugar a los sacerdotes de la casa de Leví, y en ellos estamos prefigurados todos los cristianos que, por el Bautismo, participamos del sacerdocio regio de Cristo. Si nos dejamos limpiar y purificar, podremos presentar la ofrenda de nuestro trabajo y de la propia vida, &lt;i&gt;como es debido&lt;/i&gt;, según había anunciado Malaquías.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Hoy es fiesta del Señor, que es presentado en el Templo y que, a pesar de ser un Niño, es ya &lt;i&gt;luz para alumbrar a las naciones&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Pero «es también la fiesta de Ella: de María. Ella lleva al Niño en sus brazos. También en sus manos es luz para nuestras almas, la luz que ilumina las tinieblas del conocimiento y de la existencia humana, del entendimiento y del corazón.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Se desvelan los pensamientos de muchos corazones, cuando sus manos maternales llevan esta gran luz divina, cuando la aproximan al hombre»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestra Señora, en la fiesta de hoy, nos alienta a purificar el corazón para que la ofrenda de todo nuestro ser sea agradable a Dios, para que sepamos descubrir a Cristo, nuestra Luz, en todas las circunstancias. Ella quiso someterse al rito común de la purificación ritual, sin tener necesidad alguna de hacerlo, para que nosotros llevemos a cabo la limpieza, ¡tan necesaria!, del alma.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Desde los comienzos de la Iglesia, los Santos Padres enseñaron con toda claridad su pureza inmaculada, con títulos llenos de belleza, de admiración y de amor. Dicen de Ella que es &lt;i&gt;lirio entre espinas, virgen, inmaculada, siempre bendita, libre de todo contagio del pecado, árbol inmarcesible, fuente siempre pura&lt;/i&gt;, santa y ajena a toda mancha del pecado, más hermosa que la hermosura, más santa que la santidad, la sola santa que, si exceptuamos a solo Dios, fue superior a todos los demás; por naturaleza más bella, más hermosa y más santa que los mismos querubines, más que todos los ejércitos de los ángeles...&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. Su vida inmaculada es una llamada para que nosotros desechemos de nuestro corazón todo aquello que, aunque sea pequeño, nos aleja del Señor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La contemplamos ahora, en este rato de oración, purísima, exenta de toda mancha, y miramos a la vez nuestra vida, las flaquezas, las omisiones, los errores, todo aquello que ha dejado un mal poso en el fondo del alma, heridas sin curar... «¡Tú y yo sí que necesitamos purificación!».&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«Pide al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y a tu Madre, que te hagan conocerte y llorar por ese montón de cosas sucias que han pasado por ti, dejando –¡ay! tanto poso... –Y a la vez, sin querer apartarte de esa consideración, dile: “dame, Jesús, un Amor como hoguera de purificación, donde mi pobre carne, mi pobre corazón, mi pobre alma, mi pobre cuerpo se consuman, limpiándose de todas las miserias terrenas... Y, ya vacío todo mi yo, llénalo de Ti: que no me apegue a nada de aquí abajo; que siempre me sostenga el Amor”»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Cada hombre, enseña la Sagrada Escritura, es como un &lt;i&gt;vaso de barro&lt;/i&gt; que contiene un tesoro de gran valor&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Una vasija de ese frágil material se puede romper con facilidad, pero también se puede recomponer sin un excesivo trabajo. Por la misericordia divina, todas las fracturas tienen arreglo. El Señor solo nos pide ser humildes, acudir cuando sea necesario a la Confesión sacramental, y recomenzar de nuevo con deseos de purificar las señales que haya dejado en el alma la mala experiencia pasada. Las flaquezas –pequeñas o grandes– son un buen motivo para fomentar en el alma los deseos de reparación y de desagravio. Así como pedimos perdón por una ofensa a una persona querida y procuramos mostrarle de algún modo nuestro arrepentimiento, mucho mayores deben ser nuestros deseos de reparación si hemos ofendido al Señor. Él nos espera entonces con mayores muestras de amor y de misericordia. «Los hijos, si acaso están enfermos, tienen un título más para ser amados por la madre. Y también nosotros, si acaso estamos enfermos por malicia, por andar fuera de camino, tenemos un título más para ser amados del Señor»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En cada momento de la vida, pero particularmente cuando no nos hemos comportado como Dios esperaba, nos dará gran paz pensar en los medios sobreabundantes que Él nos ha dejado para purificar y recomponer la vida pasada cuando sea necesario: se ha quedado en la Sagrada Eucaristía como especial fortaleza para el cristiano; nos ha dado la Confesión sacramental para recuperar la gracia, si la hubiéramos perdido, y para aumentar la resistencia al mal y la capacidad para el bien; ha dispuesto un Ángel Custodio que nos guarde en todos los caminos; contamos con la ayuda de nuestros hermanos en la fe, a través de la Comunión de los Santos; tenemos el ejemplo y la corrección fraterna de aquellos buenos cristianos que nos rodean... De modo especialísimo contamos con la ayuda de Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, a la que hemos de acudir siempre, pero con mayor urgencia cuando nos sintamos más cansados, más débiles o se multipliquen las tentaciones y, sobre todo, en las caídas si, para nuestra humildad, Dios las permitiera.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Recordando la fiesta de hoy, San Alfonso Mª de Ligorio exponía con una vieja leyenda el poder de intercesión de María. Se cuenta –explica San Alfonso Mª– que Alejandro Magno recibió una carta con una larga lista de acusaciones contra su madre. El emperador, después de haberla leído, respondió: «¿Hay acaso alguno que ignore aún que basta una sola lágrima de mi madre para lavar mil cartas de acusación?». Y pone el Santo estas palabras en boca de Jesús: «¿No sabe el diablo que una simple oración de mi Madre, hecha en favor de un pecador, es suficiente para que me olvide de las acusaciones que sus faltas levantan contra él?». Y concluye: «Dios había prometido a Simeón que no había de morir antes de ver al Mesías (...). Pero esta gracia la alcanzó solo por medio de María, porque solo en sus brazos halló al Salvador. Por consiguiente, el que quiera hallar a Jesús, debe buscarlo por medio de María. Acudamos a esta divina Madre, y acudamos con gran confianza, si deseamos hallar a Jesús»&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. A Ella le pedimos hoy que limpie y purifique nuestra alma, y nos ponemos en sus manos para ofrecer a su Jesús y ofrecernos con Él: &lt;i&gt;¡Padre Santo!, por el corazón Inmaculado de María os ofrezco a Jesús, vuestro Hijo muy amado, y me ofrezco yo mismo en Él y por Él a todas sus intenciones y en nombre de todas las criaturas&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; San Bernardo, &lt;i&gt;Sermón en la Purificación de Santa María&lt;/i&gt;, III, 2. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá&lt;i&gt;, Santo Rosario&lt;/i&gt;, Rialp, 24ª ed., Madrid 1979, Cuarto misterio gozoso. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mal&lt;/i&gt; 3, 1-4. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Homilía&lt;/i&gt; 2-II-1981. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Heb&lt;/i&gt; 2, 14-18. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 32. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Homilía&lt;/i&gt; 2-II-1979. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr. Pío XII, Enc. &lt;i&gt;Fulgens corona&lt;/i&gt;, 8-IX-1953. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá&lt;i&gt;, Forja&lt;/i&gt;, n. 41. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;2 Cor&lt;/i&gt; 4, 7. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Juan Pablo I, &lt;i&gt;Ángelus&lt;/i&gt; 10-IX-1978. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; San Alfonso María de Ligorio, &lt;i&gt;Las glorias de María&lt;/i&gt;, II, 6. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; P. M. Sulamitis, &lt;i&gt;Oración de la Ofrenda al Amor Misericordioso&lt;/i&gt;, Madrid 1931.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-3856404223869081411?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/3856404223869081411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/3856404223869081411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/purificacion-de-nuestra-senora.html' title='PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-4834358713995204621</id><published>2011-02-02T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-02T06:56:17.053-03:00</updated><title type='text'>PRESENTACIÓN DEL SEÑOR</title><content type='html'>&lt;p&gt;2 de febrero&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;PRESENTACIÓN DEL SEÑOR&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;i&gt;Fiesta&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;María ofrece a Jesús al Padre.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Iluminar con la luz de Cristo.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Jesucristo, &lt;i&gt;signo de contradicción&lt;/i&gt;.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. &lt;i&gt;De pronto, entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis: miradlo entrar...&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Jesús llega al Templo en los brazos de María para ser presentado al Señor, como mandaba la Ley judía, cuarenta días después de su nacimiento. Solo Simeón y Ana, movidos por el Espíritu Santo, reconocen al Mesías en aquel Niño pequeño. La liturgia recoge en el &lt;i&gt;Salmo responsorial&lt;/i&gt; las aclamaciones que, de modo simbólico, se cantaban muy probablemente a la entrada del Arca de la Alianza, Ahora tienen su más plena realidad: &lt;i&gt;¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria!&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Después de la circuncisión había que cumplir dos ceremonias, según mandaba la Ley: el hijo primogénito debía ser presentado al Señor y después rescatado; la madre debía purificarse de la impureza legal contraída&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. En el &lt;i&gt;Éxodo&lt;/i&gt; estaba escrito: ...&lt;i&gt;y el Señor dijo a Moisés: Declara que todo primogénito me está consagrado. Todo primogénito de los hijos de Israel, lo mismo hombre que animal, me pertenece siempre&lt;/i&gt;. Esta ofrenda de todo primer nacido recordaba la liberación milagrosa del pueblo de Israel de su cautividad en Egipto. Todos los primogénitos eran presentados a Yahvé, y luego eran restituidos al pueblo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestra Señora preparó su corazón, como solo Ella podía hacerlo, para presentar a su Hijo a Dios Padre y ofrecerse Ella misma con Él. Al hacerlo, renovaba su &lt;i&gt;fiat&lt;/i&gt;, su &lt;i&gt;hágase&lt;/i&gt;, y ponía una vez más su propia vida en las manos de Dios. Jesús fue presentado a su Padre en las manos de María. Nunca se hizo una oblación semejante en aquel Templo y nunca se volvería a ofrecer. La siguiente ofrenda la hará el mismo Jesús, fuera de la ciudad, en el Calvario&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La fiesta de hoy nos invita a entregar al Señor, una vez más, nuestra vida, pensamientos, obras..., todo nuestro ser; ofrecimiento de lo menudo de todos los días y de los acontecimientos importantes, cuando estos lleguen.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Y podemos hacer esta entrega de muchas maneras. Hoy, en esta oración podemos servirnos de las palabras de San Alfonso Mª de Ligorio, poniendo por intercesora a Santa María, como tantas veces lo hemos hecho: «También yo quisiera en este día, Reina mía, a ejemplo vuestro, ofrecer a Dios mi pobre corazón (...). Ofrecedme como cosa vuestra al Eterno Padre, en unión con Jesús, y rogadle que, por los méritos de su Hijo, y en gracia vuestra, me acepte y tome por suyo»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. A través de Santa María, Nuestro Señor acogerá una vez más la entrega de todo lo que somos y tenemos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. María y José llegaron al Templo dispuestos a cumplir fielmente lo que estaba establecido en la Ley. Presentaron como simbólico rescate la ofrenda de los pobres: un par de tórtolas&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Y allí les salió al encuentro el anciano Simeón, hombre justo, &lt;i&gt;que esperaba la consolación de Israel&lt;/i&gt;. El Espíritu Santo le manifestó lo que para otros estaba oculto. Simeón tomó al Niño en brazos y bendijo a Dios diciendo: &lt;i&gt;Ahora, Señor, puedes sacar en paz de este mundo a tu siervo, según tu palabra: porque mis ojos han visto a tu salvador, al que has puesto ante la faz de todos los pueblos, como luz que ilumina a los gentiles y gloria de Israel, tu pueblo&lt;/i&gt;. Es un canto de alegría. Toda su existencia había consistido en una ardiente espera del Mesías.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;San Bernardo, en un sermón para esta fiesta, nos habla de una costumbre de antiquísima tradición, de la que tenemos otros muchos testimonios&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;: la procesión de los cirios encendidos. «Hoy -nos dice el Santo la Virgen María lleva al templo del Señor al Señor del templo. También José presenta a Dios no su hijo, sino el Hijo amado y predilecto de Dios; y también Ana, la viuda, lo proclama. Estos cuatro celebraron la primera procesión, que después ha de continuarse con gozo en todos los rincones de la tierra y por todas las naciones»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La liturgia de esta fiesta, en efecto, ha querido poner de manifiesto la vida del cristiano como una ofrenda al Señor, expresada en la procesión de los cirios encendidos que se van consumiendo poco a poco, mientras dan luz. Cristo es profetizado como la Luz que saca de la oscuridad al mundo sumido en tinieblas. La luz, en el lenguaje habitual, es símbolo de &lt;i&gt;vida&lt;/i&gt; («dar a luz», «ver la luz por vez primera» son expresiones íntimamente ligadas al nacimiento), de &lt;i&gt;verdad&lt;/i&gt; («caminar a oscuras» es sinónimo de ignorancia y de confusión), de &lt;i&gt;amor&lt;/i&gt; (se dice que el amor «se enciende» cuando dos personas aprenden a quererse con más hondura...). Las tinieblas, por el contrario, indican soledad, desorientación, error... Cristo es la &lt;i&gt;Vida&lt;/i&gt; del mundo y de todo hombre, &lt;i&gt;Luz&lt;/i&gt; que ilumina, &lt;i&gt;Verdad&lt;/i&gt; que salva, &lt;i&gt;Amor&lt;/i&gt; que lleva a la plenitud... Llevar en la mano una vela encendida, en la procesión que hoy tiene lugar donde es posible antes de la Misa, es signo de estar en vela, de participar en la claridad de Cristo, de la vibración apostólica que hemos de contagiar a otros.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Sus padres se maravillaron de lo que se decía de Él&lt;/i&gt;. María, que guardaba en su corazón el mensaje del Ángel y de los pastores, escucha admirada la profecía de Simeón acerca de la misión universal de su Hijo: aquel Niño pequeño que sostiene en sus brazos es la Luz enviada por Dios Padre &lt;i&gt;para iluminar a las naciones&lt;/i&gt;: es &lt;i&gt;la gloria de su pueblo&lt;/i&gt;. Este misterio está íntimamente ligado a la ofrenda que se lleva a cabo. También nuestra participación en la misión de Cristo recibida en el Bautismo está estrechamente enlazada con nuestra entrega personal. La fiesta de hoy es una invitación a darnos sin medida, a «arder delante de Dios como esa luz, que se pone sobre el candelero, para iluminar a los hombres que andan en tinieblas; como esas lamparillas que se queman junto al altar, y se consumen alumbrando hasta gastarse»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. ¿Es así nuestra entrega al Señor?, ¿sin condiciones?, ¿sin límites? Señor, le decimos, mi vida es para Ti; no la quiero si no es para gastarla cerca de tu Vida. ¿Para qué otra cosa había de quererla?&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El mismo San Bernardo nos recuerda que «está prohibido presentarse ante el Señor con las manos vacías»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Y como nos vemos solo con cosas pequeñas para ofrecer (el trabajo del día, una sonrisa en medio del dolor, de la fatiga, el ser amables y comprensivos...), debemos hoy considerar en nuestra oración «cómo la Virgen acompaña esta ofrenda de tanto precio con otra de tan pequeño valor, como eran aquellas aves que mandaba ofrecer la Ley, para que tú de aquí aprendas a juntar tus pobres servicios con los de Cristo para que con el valor y precio de los suyos sean recibidos y preciados los tuyos (...).&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Junta, pues, tus oraciones con las suyas, tus lágrimas con las suyas, tus ayunos y vigilias con las suyas, y ofréceselas al Señor, para que lo que de por sí es de poco precio, por Él sea de mucho valor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Una gota de agua, por sí tomada, no es más que agua; mas lanzada en un gran vaso de vino, toma otro más noble ser y hácese vino; y así nuestras obras, que por ser nuestras son de poco valor, ayuntadas a las de Cristo se hacen de precio inestimable, por razón de la gracia que se nos da en Él»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Simeón bendijo a los padres, &lt;i&gt;y dijo a María, su madre: Mira, este ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y para signo de contradicción -y a tu misma alma la traspasará una espada a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Jesús trae la salvación para todos los hombres; sin embargo, para algunos será &lt;i&gt;signo de contradicción&lt;/i&gt;, porque se obstinan en rechazarlo. «Los tiempos que vivimos confirman, con particular fuerza, la verdad contenida en las palabras de Simeón. Jesús es luz que ilumina a los hombres y, al mismo tiempo, &lt;i&gt;signo de contradicción&lt;/i&gt;. Y si ahora (...) Jesucristo se revela de nuevo a los hombres como luz del mundo, ¿no se ha convertido, hoy más que nunca, en ese signo al que los hombres se oponen?»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;. Él no pasa nunca indiferente por el camino de los hombres, no pasa indiferente ahora, en este tiempo, por nuestra vida. Por eso le pedimos que sea nuestra Luz y nuestra Esperanza.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Evangelista señala además que Simeón, después de pronunciar estas palabras, se dirigió de pronto, casi inesperadamente, a María, vinculando en cierto modo la profecía referente al Hijo con otra que se relaciona con la madre: &lt;i&gt;A tu misma alma la traspasará una espada&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. «Con estas palabras del anciano nuestra mirada se desplaza desde el Hijo a la Madre, de Jesús a María. Es admirable el misterio de este vínculo con el que Ella se ha unido a Cristo, ese Cristo que es &lt;i&gt;signo de contradicción»&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Estas palabras dirigidas a la Virgen anuncian que Ella habría de estar unida íntimamente a la obra redentora de su Hijo. La espada de que habla Simeón expresa la participación de María en los sufrimientos del Hijo; es un dolor inenarrable, que traspasa el alma. El Señor sufrió en la Cruz por nuestros pecados; también son los pecados de cada uno de nosotros los que han forjado la espada de dolor de nuestra Madre. Por tanto, tenemos un deber de desagravio no solo con Jesús, sino también con su Madre, que es también Madre nuestra&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Primera lectura. Mal&lt;/i&gt; 3, 1. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Salmo responsorial. Sal&lt;/i&gt; 23, 7. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Ex&lt;/i&gt; 13, 2; 12-13. &lt;i&gt;Lev&lt;/i&gt; 12, 2-8. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. F. Fernández-Carvajal, &lt;i&gt;El Evangelio de San Lucas&lt;/i&gt;, Palabra, 5ª ed., Madrid 1988, nota a &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 22-24. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; San Alfonso Mª de Ligorio, &lt;i&gt;Las glorias de María&lt;/i&gt;, 11, 6, en &lt;i&gt;Obras ascéticas de...&lt;/i&gt;, BAC. Madrid 1952, &lt;i&gt;vol. 1&lt;/i&gt;, p. 820. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 24. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Itinerario de la virgen Egeria&lt;/i&gt;, BAC, Madrid 1980, p. 271; A. G. Martimort, &lt;i&gt;La Iglesia en oración&lt;/i&gt;, Herder, 3ª ed., Barcelona 1986, p. 978. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; San Bernardo, &lt;i&gt;Sermón en la Purificación de Santa María&lt;/i&gt;, I, 1. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá&lt;i&gt;, Forja&lt;/i&gt;, n. 44. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; San Bernardo, &lt;i&gt;Sermón&lt;/i&gt;, cit., II, 2. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Fray Luis de Granada, &lt;i&gt;Vida de Jesucristo&lt;/i&gt;, cap. 7. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 34-35. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; K. Wojtyla, &lt;i&gt;Signo de contradicción&lt;/i&gt;, BAC, Madrid 1979, p. 252. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc 2&lt;/i&gt;, 35. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; K. Wojtyla, &lt;i&gt;o. c.&lt;/i&gt;, pp. 256-257. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; Cfr. Sagrada Biblia, &lt;i&gt;Santos Evangelios&lt;/i&gt;, EUNSA, Pamplona 1983, nota a &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 2, 34-35.&lt;/p&gt;  &lt;blockquote&gt;   &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Fiesta&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p align="justify"&gt;A los cuarenta días del nacimiento de su Hijo, Nuestra Señora se dirigió al Templo para ofrecerlo al Señor y pagar el simbólico rescate establecido en la Ley de Moisés. Ella, con toda piedad y amor lo ofreció a Dios Padre y nos dio ejemplo de cómo ha de ser el ofrecimiento de nuestras obras a Dios, y sobre todo de nosotros mismos, en una entrega sin condiciones.&lt;/p&gt;    &lt;p align="justify"&gt;La &lt;i&gt;Presentación&lt;/i&gt; del Hijo está unida a la &lt;i&gt;Purificación&lt;/i&gt; de la Madre. La Virgen Santísima quiso cumplir lo que estaba dispuesto, aunque nunca en aquel Templo había entrado una criatura más pura y llena de gracia. Ambos misterios están unidos en la liturgia de la Misa. A lo largo de los siglos ha sido considerada como fiesta del Señor, como ahora, o como una fiesta mariana. Se celebraba ya en Jerusalén a finales del siglo iv. Desde allí se extendió por Oriente y Occidente, y se fijó su celebración para el día &lt;i&gt;2&lt;/i&gt; de febrero,&lt;/p&gt;    &lt;p align="justify"&gt;La procesión con los cirios encendidos significa la luz de Cristo anunciada por Simeón en el Templo, &lt;i&gt;Luz para iluminar a las naciones&lt;/i&gt;, que se propaga en cada cristiano, que ha de ser luz en el lugar donde se encuentre en medio del mundo.&lt;/p&gt; &lt;/blockquote&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-4834358713995204621?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/4834358713995204621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/4834358713995204621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/presentacion-del-senor.html' title='PRESENTACIÓN DEL SEÑOR'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-8700649936811888690</id><published>2011-02-01T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-02-02T06:52:50.517-03:00</updated><title type='text'>COMUNIONES ESPIRITUALES</title><content type='html'>&lt;p&gt;4ª semana. Martes&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;COMUNIONES ESPIRITUALES&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La fe de una mujer enferma: &lt;i&gt;si logro tocar su vestido, quedaré curada. &lt;/i&gt;Nosotros nos encontramos con Cristo en la Sagrada Eucaristía.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Las comuniones espirituales. Deseos de recibir a Cristo.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La Comunión sacramental. Preparación y acción de gracias.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. &lt;i&gt;Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame enseguida&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Evangelio de la Misa&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt; relata los milagros que Jesús realizó en aquella ocasión, cuando volvió de nuevo &lt;i&gt;a la otra orilla del lago&lt;/i&gt;, probablemente a Cafarnaún. San Lucas nos dice que todos estaban esperándole&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. Están contentos de tener de nuevo a Jesús con ellos; y enseguida tomó el camino de la ciudad, seguido de sus discípulos y de la multitud que le rodea por todas partes.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Entre tantos que se apiñan en torno a Cristo, una mujer vacilante se acerca unas veces a Él, otras queda rezagada, mientras no cesa de repetirse: &lt;i&gt;Si logro tocar su vestido quedaré curada&lt;/i&gt;. Doce años lleva enferma, y había puesto todos los remedios humanos a su alcance: &lt;i&gt;Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna&lt;/i&gt;. Pero aquel día comprendió que Jesús era su único remedio: no solo el de una enfermedad que la hacía impura ante la ley, sino el remedio de toda su vida. Alargó la mano y logró tocar el borde del manto del Señor. En ese momento Jesús se paró, y ella se sintió curada.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;¿Quién ha tocado mi vestido?&lt;/i&gt;, pregunta Jesús, dirigiéndose a los que le rodean. &lt;i&gt;Yo sé que una fuerza ha salido de mí&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. Y en el mismo instante, la mujer vio que caían sobre ella aquellos ojos que llegaban hasta lo más profundo del corazón, y &lt;i&gt;asustada y temblorosa&lt;/i&gt; y llena de júbilo, todo a la vez, &lt;i&gt;se echó a sus pies&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;También nosotros necesitamos cada día el contacto con Cristo, porque es mucha nuestra debilidad y muchas nuestras enfermedades. Y al recibirle en la Comunión sacramental se realiza este encuentro con Él, oculto en las especies sacramentales. Y son tantos los bienes que recibimos en cada Comunión que el Señor nos mira y nos puede decir: &lt;i&gt;Yo sé que una fuerza ha salido de mí&lt;/i&gt;: un torrente de gracias que nos inunda de alegría, nos da la firmeza necesaria para seguir adelante, y causa el asombro de los ángeles.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando nos acercamos a Cristo sabemos bien que nos encontramos ante un misterio inefable, y que ni siquiera en nuestras Comuniones más fervorosas somos dignos de recibirle como se merece. La Sagrada Eucaristía es la fuente escondida de donde llegan al alma indecibles bienes que se prolongan más allá de nuestra existencia aquí en la tierra...: Jesús viene a remediar nuestra necesidad, acude prontamente a nuestra súplica.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La amistad creciente con Cristo nos impulsa a desear que llegue el momento de la Comunión, para unirnos íntimamente con Él. Le buscamos con la diligencia de esta mujer enferma, con todos los medios a nuestro alcance (los humanos y los sobrenaturales, como el acudir a nuestro Ángel Custodio). Si alguna vez, por razón de viajes, exámenes, trabajo, etcétera, se nos hiciera más dificultoso acudir a recibirlo, pondremos más empeño, más ingenio, más amor; le buscamos entonces con la decisión con la que acudió María Magdalena al sepulcro, al amanecer del tercer día, sin importarle los soldados que lo custodian, ni la piedra que le impide el paso...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Santa Catalina de Siena explica con un ejemplo la importancia de desear vivamente la Comunión. Supongamos –dice– que varias personas poseen una vela de diverso peso y tamaño. La primera lleva una vela de una onza; la segunda de dos onzas; la tercera, de tres; esta, de una libra (16 onzas). Cada una enciende su vela. Y sucede que la que tiene la de una onza tiene menos capacidad de alumbrar que la de una libra. Así acontece a los que se acercan a la Comunión. Cada uno lleva un cirio, es decir, los &lt;i&gt;santos deseos&lt;/i&gt; con que recibe este sacramento&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Estos santos deseos, condición de una fervorosa Comunión, se manifiestan en primer lugar en el empeño por apartar todo pecado venial deliberado y toda falta consciente de amor a Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Todas las condiciones para recibir siempre con fruto la Comunión sacramental se pueden resumir en una sola: &lt;i&gt;tener hambre de la Santa Eucaristía&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Esta hambre y esta sed de Cristo por nada pueden ser sustituidas.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Este vivo deseo de comulgar, señal de fe y de amor, nos conducirá a realizar muchas &lt;i&gt;comuniones espirituales&lt;/i&gt; antes de recibirle sacramentalmente y durante el día, en medio de la calle o del trabajo, en cualquier ocupación. «La comunión espiritual consiste en un deseo ardiente de recibir a Jesús Sacramentado y en un abrazo amoroso como si ya lo hubiésemos recibido»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Prolonga en cierto modo los frutos de la anterior Comunión eucarística, prepara la siguiente y nos ayuda a desagraviar por las veces en las que quizá no nos preparamos con la delicadeza y el amor que el Señor esperaba, y también por todos aquellos que comulgan con pecados graves y por cuantos, de una manera u otra, han olvidado que Cristo se ha quedado en este Santo Sacramento.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«La comunión espiritual se puede hacer sin que nadie nos vea, sin que sea preciso estar en ayunas, y se puede llevar a cabo a cualquier hora; porque consiste en un acto de amor; basta decir de todo corazón: (...) &lt;i&gt;Creo, mi Jesús, que estáis en el Santísimo Sacramento; os amo y deseo mucho recibiros, venid a mi corazón; yo os abrazo; no os ausentéis de mí»&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. O aquella otra que muchos cristianos aprendieron quizá al prepararse para recibir por vez primera a Jesús en su corazón: &lt;i&gt;Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;De modo particular, debemos ejercitarnos en las comuniones espirituales en aquel tiempo que antecede a la Misa y a la Comunión: por la noche, cuando llega la hora del descanso; por la mañana, al despertarnos, mientras nos preparamos para comenzar la jornada. De este modo, si ponemos empeño y si pedimos ayuda a nuestro Ángel Custodio, la Eucaristía presidirá nuestra existencia y será «el centro y la cima»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt; al que se dirigen todos nuestros actos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Acudamos en el día de hoy a nuestro Ángel Custodio para que nos recuerde frecuentemente la presencia cercana de Cristo en los sagrarios de la ciudad o del pueblo donde vivimos o donde nos encontramos, y que nos consiga gracias abundantes para que cada día sean mayores nuestros deseos de recibir a Jesús, y mayor nuestro amor, de modo particular en esos minutos en los que permanece sacramentalmente en nuestro corazón.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Por nuestra parte, debemos esforzarnos en acercarnos a Cristo con la fe de aquella mujer, con su humildad, con aquellos deseos grandes de querer sanar de los males que nos aquejan. «¿Quiénes somos, para estar tan cerca de Él? Como a aquella pobre mujer entre la muchedumbre, nos ha ofrecido una ocasión. Y no para tocar un poquito de su vestido, o un momento el extremo de su manto, la orla. Lo tenemos a Él. Se nos entrega totalmente, con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Lo comemos cada día, hablamos íntimamente con Él, como se habla con el padre, como se habla con el Amor»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. Es una realidad, como lo es nuestra existencia y el mundo y las personas que cada día encontramos mientras caminamos. Bajo las especies sacramentales se contiene &lt;i&gt;verdadera, real y sustancialmente&lt;/i&gt; el Cuerpo glorioso de Cristo con su alma y su divinidad, el mismo que nació de Santa María, el que permaneció durante cuarenta días con sus discípulos después de la Resurrección, el que después de su Ascensión al Cielo vela nuestro caminar terreno.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La Comunión no es un premio a la virtud, sino alimento para los débiles y necesitados; para nosotros. Y nuestra Madre la Iglesia nos exhorta a comulgar con frecuencia, diariamente a quien le es posible, y nos insiste a la vez en que pongamos todo el empeño en apartar la rutina, la tibieza, el desamor, en que purifiquemos el alma de los pecados veniales mediante los actos de contrición y la Confesión frecuente y, sobre todo, en que no comulguemos jamás con sombra alguna de pecado grave, sin habernos acercado antes al sacramento del Perdón&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. Ante las faltas leves, el Señor nos pide lo que está a nuestro alcance: el arrepentimiento y el deseo de evitarlas. Además de disponer convenientemente el alma con actos de fe, de esperanza y de amor, es necesario disponer también el cuerpo: no haber tomado ningún alimento desde una hora antes y acercarse con la debida reverencia, correctamente vestido, etcétera. Es la naturalidad del cristiano que manifiesta el respeto adecuado a quien más se le debe, y consecuencia de la fe del que sabe a qué Banquete ha sido invitado. «Es necesario que todo nuestro porte exterior dé, a los que nos ven, la sensación de que nos preparamos para algo grande»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El amor a Jesús presente en la Sagrada Eucaristía se manifestará en el modo de dar gracias después de la Comunión; el amor es ingenioso y sabe encontrar modos propios para expresar la gratitud. Y esto aunque el alma se encuentre en la aridez más completa. La aridez no es tibieza, sino amor en el que está ausente el sentimiento, pero que impulsa a poner más esfuerzo y a pedir ayuda a los intercesores del Cielo, como el propio Ángel Custodio, que nos prestará en esta, como en otras ocasiones, grandes servicios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Incluso las mismas distracciones deben ayudarnos a un mayor fervor a la hora de dar gracias al Señor por el bien incomparable de habernos visitado. Todo debe aprovecharnos para que en esos minutos en que tenemos al mismo Dios nos encontremos en las mejores disposiciones posibles dentro de nuestras muchas limitaciones.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La Virgen, Nuestra Señora, nos ayudará a preparar nuestra alma &lt;i&gt;con aquella pureza, humildad y devoción&lt;/i&gt; con que Ella le recibió después del anuncio del Ángel.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sal&lt;/i&gt; 101. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 5, 21-43. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 8, 41-56. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 8, 46. &lt;i&gt;— &lt;b&gt;5&lt;/b&gt;&lt;/i&gt; Santa Catalina de Siena, &lt;i&gt;El Diálogo&lt;/i&gt;, p. 385. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;Las tres edades de la vida interior&lt;/i&gt;, vol. I, p. 484. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; San Alfonso Mª de Ligorio, &lt;i&gt;Visitas al Stmo. Sacramento&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1965, p. 40. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;, p. 41. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. A. Vázquez de Prada, &lt;i&gt;El Fundador del Opus Dei&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1983, pp. 52-53. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Cfr. Conc. Vat. II, Decr. &lt;i&gt;Ad gentes&lt;/i&gt;, 9. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amigos de Dios&lt;/i&gt;, 199. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;1 Cor&lt;/i&gt; 11, 27-28; Pablo VI, Intr. &lt;i&gt;Eucaristicum Mysterium&lt;/i&gt;, 37. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; Santo Cura de Ars, &lt;i&gt;Sermón sobre la Comunión&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-8700649936811888690?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/8700649936811888690'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/8700649936811888690'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/02/comuniones-espirituales.html' title='COMUNIONES ESPIRITUALES'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-7066992647123220820</id><published>2011-01-30T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-01-30T16:10:09.024-03:00</updated><title type='text'>EL CAMINO DE LAS BIENAVENTURANZAS</title><content type='html'>&lt;p&gt;Cuarto Domingo - Ciclo A&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;EL CAMINO DE LAS BIENAVENTURANZAS&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Las bienaventuranzas, camino de santidad y de felicidad.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Nuestra felicidad viene de Dios.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;No perderemos la alegría si buscamos en todo al Señor.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Una inmensa multitud venida de todas partes rodea al Señor. De Él esperan su doctrina salvadora, que dará sentido a sus vidas. &lt;i&gt;Viendo Jesús este gentío subió a un monte, donde, habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos, y abriendo su boca les enseñaba&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Y es esta la ocasión que aprovecha el Señor para dar una imagen profunda del verdadero discípulo: &lt;i&gt;Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;No resulta difícil imaginar la impresión –quizá de desconcierto y, en algunos de los oyentes, incluso de decepción– que estas palabras del Señor debieron de causar en quienes escuchaban. Jesús acababa de formular el espíritu nuevo que había venido a traer a la tierra; un espíritu que constituía un cambio completo de las usuales valoraciones humanas, como la de los fariseos, que veían en la felicidad terrena la bendición y premio de Dios y, en la infelicidad y desgracia, el castigo&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. En general, «el hombre antiguo, aun en el pueblo de Israel, había buscado la riqueza, el gozo, la estimación, el poder, considerando todo esto como la fuente de toda felicidad. Jesús propone otro camino distinto. Exalta y beatifica la pobreza, la dulzura, la misericordia, la pureza y la humildad»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Al volver a meditar ahora, en nuestra oración, estas palabras del Señor, vemos que aún hoy día se insinúa en las personas el desconcierto ante ese contraste: la tribulación que lleva consigo el camino de las Bienaventuranzas y la felicidad que Jesús promete. «El pensamiento fundamental que Jesús quería inculcar en sus oyentes era este: solo el servir a Dios hace al hombre feliz. En medio de la pobreza, del dolor, del abandono, el verdadero siervo de Dios puede decir con San Pablo: &lt;i&gt;Sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones&lt;/i&gt;. Y, por el contrario, un hombre puede ser infinitamente desgraciado aunque nade en la opulencia y viva en posesión de todos los goces de la tierra»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. No en vano aparecen en el Evangelio de San Lucas, después de las &lt;i&gt;Bienaventuranzas&lt;/i&gt;, aquellas exclamaciones del Señor: &lt;i&gt;¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestra consolación! ¡Ay de vosotros, los que os saciáis ahora (...). ¡Ay de vosotros, todos los que sois aplaudidos por los hombres, porque así hicieron sus padres con los falsos profetas!&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Quienes escuchaban al Señor entendieron bien que aquellas &lt;i&gt;Bienaventuranzas&lt;/i&gt; no enumeraban distintas clases de personas, no prometían la salvación a determinados grupos de la sociedad, sino que señalaban inequívocamente las disposiciones religiosas y la conducta moral que Jesús exige a todo el que quiera seguirle. «Es decir, los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran (...) no indican personas distintas entre sí, sino que son como diversas exigencias de santidad dirigidas a quien quiere ser discípulo de Cristo»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El conjunto de todas las &lt;i&gt;Bienaventuranzas&lt;/i&gt; señala el mismo ideal: la santidad. Hoy, al escuchar de nuevo, en toda su radicalidad, las palabras del Señor, reavivamos el afán de santidad como eje de toda nuestra vida. Porque «Jesucristo Señor Nuestro predicó la buena nueva para todos, sin distinción alguna. Un solo puchero y un solo alimento: &lt;i&gt;mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra&lt;/i&gt; (&lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 4, 34). A cada uno llama a la santidad, de cada uno pide amor: jóvenes y ancianos, solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajen donde trabajen, estén donde estén»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Cualesquiera que sean las circunstancias que atraviese nuestra vida, hemos de sabernos invitados a vivir la plenitud de la vida cristiana. No puede haber excusas, no podemos decirle al Señor: espera a que se solucione este problema, a que me reponga de esta enfermedad, a que deje de ser calumniado o de ser perseguido..., y entonces comenzaré de verdad a buscar la santidad. Sería un triste engaño no aprovechar esas circunstancias &lt;i&gt;duras&lt;/i&gt; para unirnos más al Señor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. No desagrada a Dios que pongamos los medios oportunos para evitar el dolor, la enfermedad, la pobreza, la injusticia..., pero las &lt;i&gt;Bienaventuranzas&lt;/i&gt; nos enseñan que el verdadero éxito de nuestra vida está en amar y cumplir la voluntad de Dios sobre nosotros. Nos muestran, a la vez, el único camino capaz de llevar al hombre a vivir con la plena dignidad humana que conviene a su condición de persona. En una época en que tantas cosas empujan hacia el envilecimiento y la degradación personal, las &lt;i&gt;Bienaventuranzas&lt;/i&gt; son una invitación a la rectitud y a la dignidad de vida&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. Por el contrario, intentar a toda costa –como si se tratara de un mal absoluto– sacudir el peso del dolor, de la tribulación, o buscar el éxito humano como un fin en sí mismo, son caminos que el Señor no puede bendecir, y que no conducen a la felicidad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«Bienaventurado» significa «feliz», «dichoso», y en cada una de las &lt;i&gt;Bienaventuranzas&lt;/i&gt; «comienza Jesús prometiendo la felicidad y señalando los medios de conseguirla. ¿Por qué comenzará Nuestro Señor hablando de la felicidad? Porque en todos los hombres existe una tendencia irresistible a ser felices; este es el fin que todos sus actos se proponen; pero muchas veces buscan la felicidad donde no se encuentra, donde no hallarán sino miseria»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor nos señala aquí los caminos para ser felices sin límite y sin fin en la vida eterna, y también para serlo en esta vida, viviendo con plena dignidad, como conviene a la condición de persona. Son caminos bien diferentes a los que, con frecuencia, suele escoger el hombre.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Buscad al Señor los humildes que cumplís sus mandamientos (...). Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor&lt;/i&gt;, se nos dice en la &lt;i&gt;Primera lectura&lt;/i&gt; de la Misa&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La pobreza de espíritu, el hambre de justicia, la misericordia, la limpieza de corazón y el soportar ser rechazados por causa del Evangelio manifiestan una misma actitud del alma: el abandono en Dios. Y esta es la actitud que nos impulsa a confiar en Dios de un modo absoluto e incondicional. Es la postura de quien no se contenta con los bienes y consuelos de las cosas de este mundo, y tiene puesta su esperanza última más allá de estos bienes, que resultan pobres y pequeños para una capacidad tan grande como es la del corazón humano.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Bienaventurados los pobres de espíritu...&lt;/i&gt; Y en el &lt;i&gt;Magnificat&lt;/i&gt; de la Virgen escuchamos: &lt;i&gt;Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin nada&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. ¡Cuántos se transforman en hombres vacíos, porque se sienten satisfechos con lo que ya tienen! El Señor nos invita a no contentarnos con la felicidad que nos pueden dar unos bienes pasajeros, y nos anima a desear aquellos que Él tiene preparados para nosotros.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Dice Jesús a quienes le siguen –en aquel tiempo y ahora– que no será obstáculo para ser felices el que los hombres &lt;i&gt;os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el Cielo&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. Así como ninguna cosa de la tierra puede dar la felicidad que todo hombre busca, tampoco nada, si estamos unidos a Dios, puede quitárnosla. Nuestra felicidad y nuestra plenitud vienen de Dios. «¡Oh vosotros que sentís más pesadamente el peso de la cruz! Vosotros que sois pobres y desamparados, los que lloráis, los que estáis perseguidos por la justicia, vosotros sobre los que se calla, vosotros los desconocidos del dolor, tened ánimo; sois los preferidos del reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; sois los hermanos de Cristo paciente, y con Él, si queréis, salváis el mundo»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Pidamos al Señor que transforme nuestras almas, que realice un cambio radical en nuestros criterios sobre la felicidad y la desgracia. Somos necesariamente felices si estamos abiertos a los caminos de Dios en nuestras vidas, y si aceptamos la buena nueva del Evangelio.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Y esto, también en el caso de que otras gentes parezcan conseguir todos los bienes que se pueden alcanzar en esta corta vida. No se debe tener al rico por dichoso solo por sus riquezas –dice San Basilio–; ni al poderoso por su autoridad y dignidad; ni al fuerte por la salud de su cuerpo; ni al sabio por su gran elocuencia. Todas estas cosas son instrumentos de la virtud para los que las usan rectamente; pero ellas, en sí mismas, no contienen la felicidad&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. Sabemos que, muchas veces, estos mismos bienes se convierten en males y en desgracia para la persona que los posee y para los demás, cuando no están ordenados según el querer de Dios. Sin el Señor, el corazón se sentirá siempre insatisfecho y desgraciado.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando para encontrar esa felicidad los hombres ensayamos otros caminos que no son los de la voluntad de Dios, que no son los que nos ha trazado el Maestro, al final solo se encuentra soledad y tristeza. La experiencia de todos los que no quisieron entender a Dios, que les hablaba de distintas maneras, ha sido siempre la misma: han comprobado que fuera de Dios no hay felicidad estable y duradera. Lejos del Señor solo se recogen frutos amargos y, de una forma u otra, se acaba como el hijo pródigo fuera de la casa paterna: &lt;i&gt;comiendo bellotas y apacentando puercos&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Son dichosos quienes buscan a Cristo, quienes piden y fomentan el deseo de santidad. En Cristo están ya presentes todos los bienes que constituyen la verdadera felicidad. «“Laetetur cor quaerentium Dominum” —Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»—Luz, para que investigues en los motivos de tu tristeza»&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando falta la alegría, ¿no estará la causa en que, en esos momentos, no buscamos de verdad al Señor en el trabajo, en quienes nos rodean, en las contradicciones? ¿No será que no estamos todavía desprendidos del todo? &lt;i&gt;¡Que se alegren los corazones que buscan al Señor!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc 5&lt;/i&gt;, 1-2. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. Sagrada Biblia&lt;i&gt;, Santos Evangelios&lt;/i&gt;, EUNSA, 2ª ed., Pamplona 1985, nota a &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 5, 2. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Fray Justo Pérez de Urbel, &lt;i&gt;Vida de Cristo&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1987, p. 212. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;, p. 214. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 6, 24-26. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Sagrada Biblia, &lt;i&gt;Santos Evangelios&lt;/i&gt;, cit., nota a &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 5, 2. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amigos de Dios&lt;/i&gt;, 294. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Cfr. J. Orlandis, &lt;i&gt;8 Bienaventuranzas&lt;/i&gt;, EUNSA, Pamplona 1982, p. 30. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;Las tres edades de la vida interior&lt;/i&gt;, vol. I, p. 188. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sof&lt;/i&gt; 2, 3; 3, 12-13. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 1, 53. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 5, 11-12. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, &lt;i&gt;Mensaje a la Humanidad. A los pobres, a los enfermos, a todos los que sufren&lt;/i&gt;, 6. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; Cfr. San Basilio, &lt;i&gt;Homilía sobre la envidia&lt;/i&gt;, en &lt;i&gt;Cómo leer la literatura pagana&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1964, p. 81. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 15, 11 ss. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Camino&lt;/i&gt;, n. 666.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-7066992647123220820?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/7066992647123220820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/7066992647123220820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/el-camino-de-las-bienaventuranzas.html' title='EL CAMINO DE LAS BIENAVENTURANZAS'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-3823811398661920259</id><published>2011-01-29T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-01-29T01:13:44.779-03:00</updated><title type='text'>LA CORRECCION FRATERNA</title><content type='html'>&lt;p&gt;3ª semana. Sábado&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;LA CORRECCION FRATERNA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;El deber de la corrección fraterna. Su eficacia sobrenatural.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La corrección fraterna se practicaba con frecuencia entre los primeros cristianos. Falsas excusas para no hacerla. Ayuda que prestamos.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Virtudes que han de vivirse al hacer la corrección. Modo de recibirla.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Desde el Antiguo Testamento, nos muestra la Sagrada Escritura cómo Dios se vale frecuentemente de hombres llenos de fortaleza y de caridad para advertir a otros de su alejamiento del camino que conduce al Señor. El &lt;i&gt;Libro de Samuel&lt;/i&gt; nos presenta al profeta Natán, enviado por Dios al rey David&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; para que le hable de los pecados gravísimos que había cometido. A pesar de la evidencia de esos pecados tan graves (adulterio con la mujer de su fiel servidor y el procurar la muerte de este) y de ser el rey un buen conocedor de la Ley, «el deseo se había apoderado de todos sus pensamientos y su alma estaba completamente aletargada, como por un sopor. Necesitó de la luz del profeta, que con sus palabras le hiciera caer en la cuenta de lo que había hecho»&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. En aquellas semanas, David vivía con la conciencia adormecida por el pecado.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Natán, para hacerle caer en la cuenta de la gravedad de su delito, le expone una parábola: &lt;i&gt;Había dos hombres en un pueblo: uno rico y pobre el otro. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y de bueyes; el pobre solo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico; y, no queriendo perder una oveja o un buey para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped. David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: ¡Vive Dios que el que ha hecho eso es reo de muerte!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Natán respondió entonces al rey: &lt;i&gt;ese hombre eres tú&lt;/i&gt;. Y David recapacitó sobre sus pecados, se arrepintió y expresó su dolor en un Salmo que la Iglesia nos propone como modelo de contrición. Comienza así: &lt;i&gt;Apiádate de mí, ¡oh Dios!, según tu piedad; según la muchedumbre de tu misericordia, borra mi iniquidad...&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. David hizo penitencia y fue grato a Dios. Todo, gracias a una corrección fraterna, a una advertencia, oportuna y llena de fortaleza, como fue la de Natán.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Uno de los mayores bienes que podemos prestar a quienes más queremos, y a todos, es la ayuda, en ocasiones heroica, de la &lt;i&gt;corrección fraterna&lt;/i&gt;. En la convivencia diaria podemos observar que nuestros parientes, amigos o conocidos –como nosotros mismos– pueden llegar a formar hábitos que desdicen de un buen cristiano y que les separan de Dios (faltas habituales de laboriosidad, chapuzas, impuntualidades, modos de hablar que rozan la murmuración o la difamación, brusquedades, impaciencias...). Pueden ser también faltas contra la justicia en las relaciones laborales, faltas de ejemplaridad en el modo de vivir la sobriedad o la templanza (gastos ostentosos, faltas de gula o de ebriedad, dilapidación de dinero en el juego o loterías), relaciones que ponen en situación arriesgada la fidelidad conyugal o la castidad... Es fácil comprender que una corrección fraterna a tiempo, oportuna, llena de caridad y de comprensión, a solas con el interesado, puede evitar muchos males: un escándalo, el daño a la familia difícilmente reparable...; o, sencillamente, puede ser un eficaz estímulo para que alguno corrija sus defectos o se acerque más a Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Esta ayuda espiritual nace de la caridad, y es una de las principales manifestaciones de esta virtud. En ocasiones, es también una exigencia de la justicia, cuando existen especiales obligaciones de prestar ayuda a la persona que debe ser corregida. Con frecuencia debemos pensar en cómo ayudamos a los que están más cerca. «¿Por qué no te decides a hacer una corrección fraterna? —Se sufre al recibirla, porque cuesta humillarse, por lo menos al principio. Pero, hacerla, cuesta siempre. Bien lo saben todos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»El ejercicio de la corrección fraterna es la mejor manera de ayudar, después de la oración y del buen ejemplo»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. ¿La practicamos con frecuencia? ¿Es nuestro amor a los demás un amor con obras?&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. La corrección fraterna tiene entraña evangélica; los primeros cristianos la llevaban a cabo frecuentemente, tal como había establecido el Señor –&lt;i&gt;Ve y corrígele a solas&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;–, y ocupaba en sus vidas un lugar muy importante&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;; sabían bien de su eficacia. San Pablo escribe a los fieles de Tesalónica: &lt;i&gt;si alguno no obedece a lo que decimos en esta carta... no le miréis como enemigo, sino corregidle como a hermano&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. En la &lt;i&gt;Epístola a los Gálatas&lt;/i&gt; dice el Apóstol que esta corrección ha de hacerse &lt;i&gt;con espíritu de mansedumbre&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. Del mismo modo, el Apóstol Santiago alienta también a los primeros cristianos, recordándoles la recompensa que el Señor les dará: &lt;i&gt;si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro hace que vuelva a ella, debe saber que quien hace que el pecador se convierta de su extravío, salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus propios pecados&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. No es pequeña recompensa. No podemos excusarnos y repetir otra vez aquellas palabras de Caín: &lt;i&gt;¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Entre las excusas que pueden instalarse en nuestro ánimo para no hacer o para retrasar la corrección fraterna está el miedo a entristecer a quien hemos de hacer esa advertencia. Resulta paradójico que el médico no deje de decir al paciente que, si quiere curar, debe sufrir una dolorosa operación, y sin embargo los cristianos tengamos a veces reparos en decir a quienes nos rodean que está en juego la salud, ¡cuánto más valiosa!, de su alma. «Por desgracia, es grande el número de los que, por no desagradar o por no impresionar a alguien que está viviendo sus últimos días y los últimos momentos de su existencia terrena, le callan su estado real, haciéndole así un mal de incalculables dimensiones. Pero todavía es más elevado el número de los que ven a sus amigos en el error o en el pecado, o a punto de caer en uno o en otro, y permanecen mudos, y no mueven un dedo para evitarles estos males. ¿Concederíamos, a quienes de tal modo se portasen con nosotros, el título de amigos? Ciertamente, no. Y, sin embargo, suelen hacerlo para no desagradarnos»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Con la práctica de la corrección fraterna se cumple verdaderamente lo que nos dice la Sagrada Escritura: &lt;i&gt;el hermano ayudado por su hermano, es como una ciudad amurallada&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. Nada ni nadie puede vencer contra la caridad bien vivida. Con esta muestra de amor cristiano no solo mejoran las personas, sino también la misma sociedad. A la vez, se evitan críticas y murmuraciones que quitan la paz del alma y enturbian las relaciones entre los hombres. La amistad, si es verdadera, se hace más profunda y auténtica con la corrección sincera. La amistad con Cristo crece también cuando ayudamos a un amigo, a un familiar, a un colega, con ese remedio eficaz que es la corrección amable, pero clara y valiente.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Al hacer la corrección fraterna se han de vivir una serie de virtudes, sin las cuales no sería una verdadera manifestación de caridad. «Cuando hayas de corregir, hazlo con caridad, en el momento oportuno, sin humillar..., y con ánimo de aprender y de mejorar tú mismo en lo que corrijas»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;. Como Cristo la practicaría si estuviera ocupando nuestro lugar, con la misma delicadeza, con la misma fortaleza.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;A veces, una cierta animosidad y falta de paz interior nos puede llevar a ver, en otros, defectos que en realidad son nuestros. «Debemos corregir, pues, por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda (...). ¿Por qué le corriges? ¿Porque te apena haber sido ofendido por él? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor propio, nada haces. Si es el amor lo que te mueve, obras bien»&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La &lt;i&gt;humildad&lt;/i&gt; nos enseña, quizá más que cualquier otra virtud, a encontrar las palabras justas y el modo que no ofende, al recordarnos que también nosotros necesitamos muchas ayudas parecidas. La &lt;i&gt;prudencia&lt;/i&gt; nos lleva a hacer la advertencia con prontitud y en el momento más oportuno; nos es necesaria esta virtud para tener en cuenta el modo de ser de la persona y las circunstancias por las que pasa, «como los buenos médicos, que no curan de un solo modo»&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;, no dan la misma receta a todos los pacientes.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Después de avisar a alguien con la corrección, si parece que no reacciona, es preciso ayudarle todavía un poco más con el ejemplo, con la oración y mortificación por él, con una mayor comprensión.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Por nuestra parte, hemos de recibirla con humildad y silencio, sin excusarnos, conociendo la mano del Señor en ese buen amigo, que al menos lo es desde aquel momento; con un sentimiento de viva gratitud, porque alguien se interesa de verdad por nosotros; con la alegría de pensar que no estamos solos para enderezar nuestros caminos, que deben conducir siempre al Señor. «Después que hayas recibido con muestras de alegría y de reconocimiento sus advertencias, imponte como un deber el seguirlas, no solo por el beneficio que reporta el corregirse, sino también para hacerle ver que no han sido vanos sus desvelos y que tienes en mucho su benevolencia. El soberbio, aunque se corrija, no quiere aparentar que ha seguido los consejos que le han dado, antes bien los desprecia; quien es verdaderamente humilde tiene a honra someterse a todos por amor a Dios, y observa los sabios consejos que recibe como venidos de Dios mismo, cualquiera que sea el instrumento de que Él se haya servido»&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Acudamos, al terminar nuestra oración, a la Santísima Virgen, &lt;i&gt;Mater boni consilii&lt;/i&gt;, para que nos ayude a vivir siempre que sea necesaria esta muestra de caridad fraterna, de amistad verdadera, de aprecio sincero por aquellos con quienes nos relacionamos más frecuentemente.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;1 Sam&lt;/i&gt; 12, 1-17. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; San Juan Crisóstomo, &lt;i&gt;Homilías sobre San Mateo&lt;/i&gt;, 60, 1. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sal&lt;/i&gt; 50. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Forja&lt;/i&gt;, n. 641. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 18, 15. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Doctrina de los Apóstoles&lt;/i&gt;, 15, 13. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;2 Tes&lt;/i&gt; 3, 14-15. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Gal&lt;/i&gt; 6, 1. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sant&lt;/i&gt; 5, 19-20. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 4, 9. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; &lt;i&gt;S&lt;/i&gt;. Canals, &lt;i&gt;Ascética meditada&lt;/i&gt;, p. 170. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Prov&lt;/i&gt; 18, 19. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Forja&lt;/i&gt;, n. 455. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;loc. cit&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; San Juan Crisóstomo, &lt;i&gt;o. c.&lt;/i&gt;, 29. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; J. Pecci -León XIII-, &lt;i&gt;Práctica de la humildad&lt;/i&gt;, 41.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-3823811398661920259?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/3823811398661920259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/3823811398661920259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/la-correccion-fraterna.html' title='LA CORRECCION FRATERNA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-7191625967677396811</id><published>2011-01-28T00:03:00.000-03:00</published><updated>2011-01-28T07:39:44.637-03:00</updated><title type='text'>LA FIDELIDAD A LA GRACIA</title><content type='html'>&lt;p&gt;3ª semana. Viernes&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;LA FIDELIDAD A LA GRACIA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La gracia de Dios da siempre sus frutos si nosotros no le ponemos obstáculos.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Los frutos de la correspondencia.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Evitar el desaliento por los defectos que no desaparecen y por las virtudes que no se alcanzan. Recomenzar muchas veces.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. El Evangelio de la Misa&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; nos presenta una pequeña parábola, que recoge solo San Marcos. Nos habla en ella el Señor del crecimiento de la semilla echada en la tierra; una vez sembrada crece con independencia de que el dueño del campo duerma o vele, y sin que sepa cómo se produce. Así es la semilla de la gracia que cae en las almas; si no se le ponen obstáculos, si se le permite crecer, da su fruto sin falta, no dependiendo de quien siembra o de quien riega, &lt;i&gt;sino de Dios que da el incremento&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nos da gran confianza en el apostolado considerar frecuentemente que «la doctrina, el mensaje que hemos de propagar, tiene una fecundidad propia e infinita, que no es nuestra, sino de Cristo»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. En la propia vida interior también nos llena de esperanza saber que la gracia de Dios, si nosotros no lo impedimos, realiza silenciosamente en el alma una honda transformación, mientras dormimos o velamos, en todo tiempo, haciendo brotar en nuestro interior –quizá ahora mismo, en la oración– resoluciones de fidelidad, de entrega y de correspondencia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor nos ofrece constantemente su gracia para ayudarnos a ser fieles, cumpliendo el pequeño deber de cada momento, en el que se nos manifiesta su voluntad y en el que está nuestra santificación. De nuestra parte queda aceptar esas ayudas y cooperar con generosidad y docilidad. Sucede al alma algo parecido a lo que le ocurre al cuerpo: los pulmones necesitan aspirar oxígeno continuamente para renovar la sangre. Quien no respira, acaba por morir de asfixia; quien no recibe con docilidad la gracia que Dios da continuamente, termina por morir de asfixia espiritual&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Recibir la gracia con docilidad es empeñarnos en llevar a cabo aquello que el Espíritu Santo nos sugiere en la intimidad de nuestro corazón: cumplir cabalmente nuestros deberes –en primer lugar todo lo que se refiere a nuestros compromisos con Dios–; empeñarnos con decisión en alcanzar una meta en una determinada virtud; llevar con garbo sobrenatural y sencillez una contrariedad que quizá se prolonga y nos resulta costosa... Dios nos mueve interiormente, recordándonos a menudo las orientaciones recibidas en la dirección espiritual, y cuanto mayor es la fidelidad a esas gracias, mejor nos disponemos para recibir otras, más facilidad encontramos para realizar obras buenas, mayor alegría hay en nuestra vida, porque la alegría siempre está muy relacionada con la correspondencia a la gracia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. La docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo es necesaria para conservar la vida de la gracia y para tener frutos sobrenaturales. Como nos dice el Señor en la parábola que venimos meditando, la semilla en nuestro corazón tiene la fuerza necesaria para germinar, crecer y dar fruto. Pero en primer lugar es necesario dejar que llegue al alma, darle cabida en nuestro interior, acogerla y no dejarla a un lado, pues «las oportunidades de Dios no esperan. Llegan y pasan. La palabra de vida no aguarda; si no nos la apropiamos, se la llevará el demonio. Él no es perezoso, antes bien, tiene los ojos siempre abiertos y está siempre preparado para saltar, y llevarse el don que vosotros no usáis»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;: vivir la pequeña mortificación de dejar ordenados los instrumentos de trabajo, confesar el día que se había previsto, hacer el examen de conciencia con el empeño necesario para darse cuenta de lo que falla y en qué quiere el Señor que se ponga la lucha al día siguiente, vivir el «minuto heroico» al levantarse, desviar o al menos callar en esa conversación en la que no queda bien una persona ausente... La resistencia a la gracia produce sobre el alma el mismo efecto que «el granizo sobre un árbol en flor que prometía abundantes frutos; las flores quedan agostadas y el fruto no llega a sazón»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. La vida interior se empobrece y muere.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Espíritu Santo nos da innumerables gracias para evitar el pecado venial deliberado y aquellas faltas que, sin ser propiamente un pecado, desagradan a Dios; los santos han sido quienes con mayor delicadeza respondieron a estas ayudas sobrenaturales. También recibimos incontables gracias para santificar las acciones de la vida ordinaria, realizándolas con empeño humano, con perfección, con pureza de intención, por motivos humanos nobles y por motivos sobrenaturales. Si somos fieles, desde por la mañana hasta la noche, a las ayudas que recibimos, nuestros días terminarán llenos de actos de amor a Dios y al prójimo, en los momentos agradables y en los que quizá nos sentimos más cansados, con menos fuerzas y ánimos: todos son buenos para dar fruto. Una gracia lleva consigo otra –&lt;i&gt;al que tiene se le dará&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;, leíamos ayer en el Evangelio de la Misa– y el alma se fortalece en el bien en la medida en que lo practica, cuanto más trecho se recorre. Cada día es un gran regalo que nos hace el Señor para que lo llenemos de amor en una correspondencia alegre, contando con las dificultades y obstáculos y con el impulso divino para superarlos y convertirlos en motivo de santidad y de apostolado. Todo es bien distinto cuando lo realizamos por amor y para el Amor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. «El hombre echa la semilla en la tierra cuando forma en su corazón el buen propósito (...); y la semilla germina y crece sin él darse cuenta, porque, aunque todavía no puede advertir su crecimiento, la virtud, una vez concebida, camina a la perfección, y de suyo la tierra fructifica, porque, con la ayuda de la gracia, el alma del hombre se levanta espontáneamente a obrar el bien. Pero la tierra primero produce el trigo en hierba, luego la espiga, y al fin la espiga el trigo»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. La vida interior necesita tiempo, crece y madura como el trigo en el campo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La fidelidad a los impulsos que el Señor quiere darnos también se manifiesta en evitar el desaliento por nuestras faltas y la impaciencia al ver que sigue costando, quizá, llevar a término con profundidad la oración, desarraigar un defecto o acordarse más veces del Señor mientras se trabaja. El labriego es paciente: no desentierra la semilla ni abandona el campo por no encontrar el fruto esperado en un tiempo que él juzga suficiente para recogerlo; los labradores conocen bien que deben trabajar y esperar, contar con la escarcha y con los días soleados; saben que la semilla está madurando &lt;i&gt;sin que él sepa cómo&lt;/i&gt;, y que llegará el tiempo de la siega. «La gracia actúa, de ordinario, como la naturaleza: por grados. —No podemos propiamente adelantarnos a la acción de la gracia: pero, en lo que de nosotros depende, hemos de preparar el terreno y cooperar, cuando Dios nos la concede.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Es menester lograr que las almas apunten muy alto: empujarlas hacia el ideal de Cristo; llevarlas hasta las últimas consecuencias, sin atenuantes ni paliativos de ningún género, sin olvidar que la santidad no es primordialmente obra de brazos. La gracia, normalmente, sigue sus horas, y no gusta de violencias.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Fomenta tus santas impaciencias..., pero no me pierdas la paciencia»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;, como no la pierde el labriego con una sabiduría de siglos. Aprendamos a «apuntar muy alto» en la santidad y en el apostolado esperando el tiempo oportuno, sin desalentarnos jamás, recomenzando muchas veces en nuestros propósitos audaces.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Es necesario saber esperar y luchar con paciente perseverancia, convencidos de que la superación de un defecto o la adquisición de una virtud no depende normalmente de violentos esfuerzos esporádicos, sino de la continuidad humilde de la lucha, de la constancia en intentarlo una y otra vez, contando con la misericordia del Señor. No podemos, por impaciencia, dejar de ser fieles a las gracias que recibimos; esa impaciencia hunde sus raíces, casi siempre, en la soberbia. «Hay que tener paciencia con todo el mundo –señala San Francisco de Sales–, pero, en primer lugar, con uno mismo»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Nada es irremediable para quien espera en el Señor; nada está totalmente perdido; siempre hay posibilidad de perdón y de volver a empezar: humildad, sinceridad, arrepentimiento... y volver a empezar, correspondiendo al Señor, que está empeñado en que superemos los obstáculos. Hay una alegría profunda cada vez que recomenzamos de nuevo. Y en nuestro paso por la tierra habremos de hacerlo muchas veces, porque faltas las habrá siempre, y tendremos deficiencias, fragilidades, pecados. Seamos humildes y pacientes. El Señor cuenta con los fracasos, pero también espera muchas pequeñas victorias a lo largo de nuestros días; victorias que se alcanzan cada vez que somos fieles a una inspiración, a una moción del Espíritu Santo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 4, 26-32. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;1 Cor&lt;/i&gt; 3, 5-9. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Es Cristo que pasa&lt;/i&gt;, 159. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;Las tres edades de la vida interior&lt;/i&gt;, vol I, p. 104. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Card. J. H. Newman, &lt;i&gt;Sermón para el Domingo de Sexagésima: Llamadas de la gracia&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;loc. cit&lt;/i&gt;., p. 105. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 4, 25. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; San Gregorio Magno, &lt;i&gt;Homilías sobre Ezequiel&lt;/i&gt;, 2, 3. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Surco&lt;/i&gt;, n. 668. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; San Francisco de Sales, &lt;i&gt;Cartas&lt;/i&gt;, frag. 139, en &lt;i&gt;Obras selectas de...&lt;/i&gt; BAC, Madrid 1954, II, p. 774.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-7191625967677396811?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/7191625967677396811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/7191625967677396811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/la-fidelidad-la-gracia.html' title='LA FIDELIDAD A LA GRACIA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-6691894158666358303</id><published>2011-01-28T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-01-28T07:36:20.429-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Memoria'/><title type='text'>SANTO TOMÁS DE AQUINO</title><content type='html'>&lt;p&gt;28 de enero&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;SANTO TOMÁS DE AQUINO   &lt;br /&gt;Doctor de la Iglesia    &lt;br /&gt;&lt;i&gt;Memoria&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;El camino hacia Dios: piedad y doctrina.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Autoridad de Santo Tomás. Necesidad de formación.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La doctrina, alimento de la piedad.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. &lt;i&gt;En la asamblea le da la palabra, el Señor lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia, lo viste con un traje de honor&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando Santo Tomás tenía aún pocos años solía preguntar reiteradamente a su maestro de Montecassino: «¿Quién es Dios?», «explicadme qué cosa es Dios». Y pronto comprendió que para conocer al Señor no bastan los maestros y los libros. Se necesita además que el alma le busque de verdad y se entregue con corazón puro, humilde, y con una intensa oración. En él se dio una gran unión entre doctrina y piedad. Nunca comenzó a escribir o a enseñar sin haberse encomendado antes al Espíritu Santo. Cuando trabajaba en el estudio y exposición del Sacramento de la Eucaristía solía bajar a la capilla y pasar largas horas delante del Sagrario.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Dotado de un talento prodigioso, Santo Tomás llevó a cabo la síntesis teológica más admirable de todos los tiempos. Su vida, relativamente corta, fue una búsqueda profunda y apasionada del conocimiento de Dios, del hombre y del mundo a la luz de la Revelación divina. El saber antiguo de los autores paganos y de los Santos Padres le proporcionó elementos para llevar a cabo una síntesis armoniosa de razón y fe que ha sido propuesta repetidamente por el Magisterio de la Iglesia como modelo de fidelidad a la Iglesia y a las exigencias de un sano razonamiento.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Santo Tomás es ejemplo de humildad y de rectitud de intención en el trabajo. Un día, estando en oración, oyó la voz de Jesús crucificado que le decía: «Has escrito bien de Mí, Tomás: ¿qué recompensa quieres por tu trabajo?». Y él respondió: «Señor, no quiero ninguna cosa, sino a Ti»&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. También en este momento se manifestaron la sabiduría y la santidad de Tomás, y nos enseña lo que hemos de pedir y desear nosotros sobre cualquier otra cosa.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Con su enorme talento y sabiduría, siempre tuvo conciencia de la pequeñez de su obra ante la inmensidad de su Dios. Un día en que había celebrado la Santa Misa con especial recogimiento, decidió no volver a escribir más: dejó inconclusa su obra magna, la Suma Teológica. Y ante las preguntas insistentes de sus colaboradores acerca de la interrupción de su trabajo, contestó el Santo: «Después de lo que Dios se dignó revelarme el día de San Nicolás, me parece paja todo cuanto he escrito en mi vida, y por eso no puedo escribir más»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. Dios es siempre &lt;i&gt;más&lt;/i&gt; de lo que puede pensar la inteligencia más poderosa, de lo que desea el corazón más sediento.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Doctor Angélico nos enseña cómo hemos de buscar a Dios: con la inteligencia, con una honda formación, adecuada a las peculiares circunstancias de cada uno, y con una vida de amor y de oración&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. El Magisterio de la Iglesia ha recomendado frecuentemente a Santo Tomás como guía de los estudios y de la investigación teológica. La Iglesia ha hecho suya esta doctrina, por ser la más conforme con las verdades reveladas, las enseñanzas de los Santos Padres y la razón natural&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Y el Concilio Vaticano II recomienda profundizar en los misterios de la fe y descubrir su mutua conexión «bajo el magisterio de Santo Tomás»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Los principios de Santo Tomás son faros que arrojan luz sobre los problemas más importantes de la filosofía y hacen posible entender mejor la fe en nuestro tiempo&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La fiesta de Santo Tomás trae a nuestra meditación de hoy la necesidad de una sólida formación doctrinal religiosa, soporte indispensable de nuestra fe y de una vida plenamente cristiana en toda ocasión. Solo así, meditando y estudiando los puntos capitales de la doctrina católica, enriqueceremos nuestro vivir cristiano y podremos contrarrestar mejor esa ola de ignorancia religiosa que, a todos los niveles, recorre el mundo. Si tenemos buena doctrina en nuestra inteligencia no estaremos a merced de los estados de ánimo y del solo sentimiento, que puede ser frágil y cambiante. En ocasiones esta formación comienza por el repaso del Catecismo de la doctrina cristiana y por la constancia en la &lt;i&gt;lectura espiritual&lt;/i&gt; que nos indica quién aconseja a nuestra alma.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La formación adecuada, profunda, es imprescindible en una época en que la confusión y los errores doctrinales se multiplican y los medios a través de los cuales pueden difundirse son más abundantes y poderosos (lecturas, televisión, radio, etc.). Es necesario decir «creo todo lo que Dios ha revelado», pero esta fe entraña el compromiso de no desentenderse de lograr una mejor y más profunda comprensión de los misterios de la fe, según las propias circunstancias, pues en caso contrario no daríamos importancia a aquello que Dios, en su infinito amor, ha querido revelarnos para que crecieran la fe, la esperanza y la caridad. Santa Teresa de Jesús decía que «quien más conoce a Dios, más fácil se le hacen las obras»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;, interpreta con una visión más aguda los acontecimientos, santifica mejor su quehacer y encuentra sentido al dolor que toda vida lleva consigo. «No sé cuántas veces me han dicho –escribe un autor de nuestros días– que un anciano irlandés que solo sepa rezar el Rosario puede ser más santo que yo, con todos mis estudios. Es muy posible que así sea; y por su propio bien, espero que así sea. No obstante, si el único motivo para hacer tal afirmación es el de que sabe menos teología que yo, ese motivo no me convence; ni a mí ni a él. No le convencería a él, porque todos los ancianos irlandeses con devoción al Santo Rosario y al Santísimo que he conocido (y muchos de mis antepasados lo han sido) estaban deseosos de conocer más a fondo su fe. No me convencería a mí, porque si bien es evidente que un hombre ignorante puede ser virtuoso, es igualmente evidente que la ignorancia no es una virtud. Ha habido mártires que no hubieran sido capaces de enunciar correctamente la doctrina de la Iglesia, siendo el martirio la máxima prueba del amor. Sin embargo, si hubieran conocido más a Dios, su amor habría sido mayor»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. Y nosotros sabremos amar más a Jesús si ponemos empeño en conocerle a Él y en conocer su doctrina, que se nos transmite en la Iglesia. Por esto, hoy, que celebramos a este Santo Doctor de la Iglesia, es oportuno que nos preguntemos si ponemos verdadero interés en aprovechar aquellos medios de formación que tenemos a nuestro alcance, y si sentimos la urgencia de una adecuada formación doctrinal que contrarreste esa enorme ola de ignorancia y de error que se abate sobre tantos fieles indefensos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Considerando la vida y la obra de Santo Tomás, advertimos cómo la piedad exige doctrina; por eso, la formación nos lleva a una piedad profunda, manifestada casi siempre de modo sencillo. En el autógrafo de la &lt;i&gt;Suma contra Gentiles&lt;/i&gt; se encuentran, por ejemplo, las palabras del &lt;i&gt;Ave María&lt;/i&gt; repartidas por los márgenes, como jaculatorias que ayudaban al Santo a mantener el corazón encendido. Y cuando quería probar la pluma, lo hacía escribiendo estas y otras jaculatorias&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Todos sus escritos y sus enseñanzas orales llevan a amar más a Dios, con más profundidad, con más ternura. De él es esta sentencia: de la misma manera que quien poseyese un libro en el que estuviera contenida toda la ciencia solo buscaría saber este libro, así nosotros no debemos sino buscar solo a Cristo, porque en Él, como dice San Pablo, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. Toda la doctrina que aprendemos nos ha de llevar a amar a Jesús, a desear servirle con más prontitud y alegría.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;«Piedad de niños y doctrina de teólogos», solía inculcar San Josemaría Escrivá, porque la fe firme, cimentada sobre sólidos principios doctrinales, se manifiesta frecuentemente en una vida de infancia en la que nos sentimos pequeños ante Dios y nos atrevemos a manifestarle el amor a través de cosas muy pequeñas, que Él bendice y acoge con una sonrisa, como hace un padre con su hijo. El amor -enseñó Santo Tomás lleva al conocimiento de la verdad&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;, y todo el conocimiento está ordenado a la caridad como a su fin&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;. El conocimiento de Dios debe llevar a realizar frecuentes actos de amor, a una disposición firme de trato amable, sin miedos, con Él. Mientras la mente atiende al pequeño deber de cada momento, el corazón está fijo en Dios, recibiendo el suave impulso de la gracia, que la hace tender hacia el Padre, en el Hijo y por el Espíritu Santo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Una formación doctrinal más profunda lleva a tratar mejor a la Humanidad Santísima del Señor, a la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, a San José, «nuestro Padre y Señor», a los ángeles custodios, a las benditas almas del Purgatorio... Examinemos hoy cómo es nuestro empeño por adquirir esa formación sólida y cómo la difundimos a nuestro alrededor -con naturalidad y como quien da un tesoro en la propia familia, entre los amigos... y siempre que tenemos la menor oportunidad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Antífona de entrada. Eclo&lt;/i&gt; 15, 5. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Fontes vitae Sancti Tomae&lt;/i&gt;, p. 108. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Bartolomé de Capua, en el &lt;i&gt;Proceso napolitano de canonización&lt;/i&gt;, n. 79: &lt;i&gt;Fontes vitae Sancti Tomae&lt;/i&gt;, p. 3777. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. Juan Pablo II, &lt;i&gt;Discurso&lt;/i&gt; en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, 17-XI-1979. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Cfr. Juan XXIII, &lt;i&gt;Alocución&lt;/i&gt; 28-IX-1960. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, Decr. &lt;i&gt;Optatam totius&lt;/i&gt;, 16. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. Pablo VI, Carta Apost. &lt;i&gt;Lumen Ecclesiae&lt;/i&gt;, 20-XI-1974, 29. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Santa Teresa, &lt;i&gt;Fundaciones&lt;/i&gt;, 3, 5. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; F. J. Sheed, &lt;i&gt;Teología para todos&lt;/i&gt;, Palabra, 4ª ed., Madrid 1982, pp. 15-16. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Cfr. Santo Tomás&lt;i&gt;, Suma contra Gentiles&lt;/i&gt;, ed. Leonina, vol. 13, Pref. p. VIII b. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Cfr. ídem, &lt;i&gt;Comentario sobre la Epístola a los Tesalonicenses&lt;/i&gt;, 2, 3, 1 — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Cfr. ídem, &lt;i&gt;Comentario al Evangelio de San Juan&lt;/i&gt;, 5, 6. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;ibídem&lt;/i&gt;, 15, 2.&lt;/p&gt;  &lt;blockquote&gt;   &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Memoria&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p align="justify"&gt;Nació hacia el año 1225 en el castillo de Roccaseca, de Aquino, cerca de Montecassino (Italia). Estudió primero en la abadía benedictina de este lugar y luego en Nápoles; a los veinte años ingresó en la Orden de Predicadores, a pesar de la fuerte oposición familiar. Fue maestro de Filosofía y Teología en Roma, Nápoles, Viterbo y, principalmente, en Colonia y París. Elaboró la primera síntesis teológica, partiendo de la filosofía de Aristóteles, de la teología de San Agustín y de la Sagrada Escritura. Su gran piedad se trasluce de modo especial en sus sermones y en el Oficio que compuso para la fiesta del Corpus Christi. El Magisterio de la Iglesia, desde su muerte, ha hecho suya su doctrina «por estar más conforme que ninguna otra con las verdades reveladas, las enseñanzas de los Santos Padres y la recta razón» (Juan XXIII). Su autoridad doctrinal es universalmente reconocida.&lt;/p&gt; &lt;/blockquote&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Murió cerca de Terracina el 7 de marzo de 1274, cuando se dirigía al Concilio de Lyón. Su fiesta se celebra hoy, 28 de enero, día en que su cuerpo fue trasladado a Toulouse, en el año 1639. Fue canonizado y declarado Doctor de la Iglesia en el año 1323.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-6691894158666358303?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/6691894158666358303'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/6691894158666358303'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/santo-tomas-de-aquino.html' title='SANTO TOMÁS DE AQUINO'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-5320950195175359649</id><published>2011-01-27T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-01-28T07:32:30.689-03:00</updated><title type='text'>Crecer en vida interior</title><content type='html'>&lt;p&gt;3ª semana. Jueves&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Crecer en vida interior&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La vida interior está destinada a crecer. Corresponder a las gracias recibidas.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La fidelidad en lo pequeño y el espíritu de sacrificio.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La contrición y el crecimiento interior.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Jesús llama unas veces la atención de los Apóstoles para que escuchen su doctrina; otras, los convoca para explicarles de nuevo, a solas, una parábola o para que no dejen de observar algún suceso del que deben retener una enseñanza, pues reciben un tesoro para toda la Iglesia del que luego deberán dar cuenta. &lt;i&gt;Prestad atención...&lt;/i&gt;, les dice en cierta ocasión. Y les da esta enseñanza: &lt;i&gt;Al que tiene se le dará; y al que no tiene, incluso lo que parece tener se le quitará&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Y comenta San Juan Crisóstomo: «Al que es diligente y fervoroso, se le dará toda la ayuda que depende de Dios: pero al que no tiene amor ni fervor ni hace lo que de él depende, tampoco se le dará lo de Dios. Porque aun &lt;i&gt;lo que parece tener &lt;/i&gt;-dice el Señor- &lt;i&gt;lo perderá;&lt;/i&gt; no porque Dios se lo quite, sino porque se incapacita para nuevas gracias»&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Al que tiene se le dará...&lt;/i&gt; Es una enseñanza fundamental para la vida interior de cada cristiano. A quien corresponde a la gracia se le dará más gracia todavía y tendrá aún más; pero el que no hace fructificar las inspiraciones, mociones y ayudas del Espíritu Santo, quedará cada vez más empobrecido. Aquellos que negociaron con los talentos en depósito, recibieron una fortuna más cuantiosa; pero el que enterró el suyo, lo perdió&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. La vida interior, como el amor, está destinada a crecer: «Si dices: basta, ya has muerto»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;; exige siempre un progreso, corresponder, estar abierto a nuevas gracias. Cuando no se avanza, se retrocede.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor nos ha prometido que tendremos siempre las ayudas necesarias. En cada instante podremos decir con el Salmista: &lt;i&gt;el Señor anda solícito por mí&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Las dificultades, las tentaciones, los obstáculos internos o externos son motivo para crecer; cuanto más fuerte es la dificultad, mayor es la gracia; y si fueran muy grandes las tentaciones o las contradicciones, más serían las ayudas del Señor para convertir lo que parecía entorpecer o imposibilitar la santidad en motivo de progreso espiritual y de eficacia en el apostolado. Solo el desamor, la tibieza, hace enfermar o morir la vida del alma. Solo la mala voluntad, la falta de generosidad con Dios, retrasa o impide la unión con Él. «Según la capacidad que el vaso de la fe lleve a la fuente, así es lo que recibe»&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Jesucristo es una fuente inagotable de ayuda, de amor, de comprensión: ¿con qué capacidad –con qué deseos– nos acercamos a Él? ¡Señor, le decimos en nuestra oración, danos más y más sed de Ti, que te desee con más intensidad que el pobre que anda perdido en el desierto, a punto de morir por falta de agua!&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Las causas que llevan a no progresar en la vida interior y, por tanto, a retroceder y a dar cabida al desaliento, pueden ser muy diversas, pero en muchas ocasiones se reducen a unas pocas: el descuido, la dejadez en las cosas pequeñas que miran al servicio y amistad con Dios, y el retroceder ante los sacrificios que nos pide&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Todo lo que poseemos cada día para ofrecer al Señor son pequeños actos de fe y de amor, peticiones, acciones de gracias en la Santa Misa, la Visita al Santísimo sabiendo que vamos a encontrar al mismo Jesucristo que nos espera..., las oraciones acostumbradas a lo largo de la jornada; y vencimientos en el trabajo, amabilidad en las contestaciones, afabilidad al pedir... Muchas cosas pequeñas hechas con amor y por amor constituyen nuestro tesoro de ese día, que llevaremos a la eternidad. La vida interior se alimenta normalmente de lo pequeño realizado con atención, con amor. Pretender otra cosa sería equivocar el camino, no encontrar nada o muy poco para ofrecer al Señor. «Viene bien recordar –nos señala San Josemaría Escrivá– la historia de aquel personaje imaginado por un escritor francés, que pretendía cazar leones en los pasillos de su casa, y, naturalmente, no los encontraba. Nuestra vida es común y corriente; pretender servir al Señor en cosas grandes sería como intentar ir a la caza de leones en los pasillos. Igual que el cazador del cuento, acabaríamos con las manos vacías»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;, sin nada que ofrecer. Tenemos lo normal de todos los días.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Como las gotas de agua sumadas unas a otras fecundan la tierra sedienta, así nuestras pequeñas obras: una «mirada» a una imagen de la Virgen, una palabra de aliento a un amigo, una genuflexión reverente ante el Sagrario, el rechazo de una distracción en la oración, un vencimiento en el trabajo evitando la pereza... crean los buenos hábitos, las virtudes, que hacen progresar la vida del alma y la conservan. Si somos fieles en estos pequeños actos, si actualizamos muchas veces el deseo de agradar al Señor, cuando llegue algo más importante que ofrecer –una enfermedad costosa de llevar, un fracaso profesional...– entonces también sabremos sacar fruto de eso que el Señor ha querido o permitido. Se cumplirán así las palabras de Jesús: &lt;i&gt;El que es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Otra causa de retroceso en la vida del alma es «negarse a aceptar los sacrificios que pide el Señor»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Son las negaciones al propio egoísmo que todo amor necesita, el empeño por buscar a Cristo durante el día en lugar de buscarnos a nosotros mismos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El amor a Dios «se adquiere en la fatiga espiritual»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;, en el empeño, en el interés que nace de lo más profundo del alma, con la ayuda de la gracia. No existe amor, ni humano ni divino, sin este sacrificio gustoso. «El amor crece en nosotros y se desarrolla también entre las contradicciones, entre las resistencias que se le oponen desde el interior de cada uno de nosotros, y a la vez “desde fuera”, esto es, entre las múltiples fuerzas que le son extrañas e incluso hostiles»&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. Como el Señor nos ha prometido que no nos faltará la ayuda de la gracia, solo depende de nuestra correspondencia, de nuestro empeño, del recomenzar una y otra vez, sin desánimos. Cuanto más fieles seamos a la gracia, más ayudas nos da Él, más facilidad para recorrer el camino...; también más exigencia y finura de alma se nos pedirá. El amor reclama siempre más amor.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. La vida interior tiene una particular oportunidad de crecer cuando se presentan situaciones adversas. Y para el alma no existe obstáculo mayor que el creado por las propias miserias y por las dejaciones y faltas de amor. Pero el Espíritu Santo nos enseña y nos impulsa en esas circunstancias a reaccionar de modo sobrenatural, con un acto de contrición: &lt;i&gt;Ten piedad de mí, Señor, que soy un pecador&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;. Enseña San Francisco de Sales que debemos sentirnos fuertes con tales jaculatorias, hechas con actos de amor y de dolor, con deseos de una viva reconciliación a fin de que, por medio de ellas, nos confiemos a su Corazón misericordioso&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. Los actos de contrición son un medio eficaz de progreso espiritual.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Pedir perdón es amar, es contemplar a Cristo cada vez más dispuesto a la comprensión y a la misericordia. Y como somos pecadores&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;, nuestro camino estará lleno de actos de dolor, de amor, que llenan el alma de esperanza y de nuevos deseos de reemprender el camino de la santidad. Es necesario volver al Señor una y otra vez, sin desánimos y sin angustiarse, aunque hayan sido muchas las veces en que no se ha respondido al Amor. La misericordia divina es infinita, y anima a volver con nuevo empeño, con esperanza renovada. Debemos hacer como el hijo pródigo, que, en lugar de quedarse allí, lejos, en un país extraño, avergonzado, malviviendo, &lt;i&gt;volviendo en sí, dijo: ... Me levantaré e iré a mi padre&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;. «La vida humana es, en cierto modo, un constante volver hacia la casa de nuestro Padre. Volver mediante la contrición (...).&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso del hijo pródigo, hace falta solo que abramos el corazón, que tengamos añoranza del hogar de nuestro Padre, que nos maravillemos y nos alegremos ante el don que Dios nos hace de podernos llamar y de ser, a pesar de tanta falta de correspondencia por nuestra parte, verdaderamente hijos suyos»&lt;sup&gt;17&lt;/sup&gt;. Nunca nos abandona el Señor. Siempre nos acoge, nos reconforta y mueve a comenzar una vez más, con más amor, con más humildad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Nuestras flaquezas nos ayudan a buscar la misericordia divina, a ser humildes. Y crecer en esta virtud es dar muchos pasos en la vida interior. Todas las virtudes se benefician cuando somos más humildes. Si alguna vez nos encontramos faltos de correspondencia ante tantas gracias recibidas, si no hemos sido tan fieles al Señor como Él esperaba, debemos acudir confiadamente a Él con corazón contrito: &lt;i&gt;crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro; renueva dentro de mí un espíritu recto&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;18&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Muchas veces debemos pensar nosotros en aquellas cosas que, aunque sean pequeñas, nos separan de Dios. Y nos moveremos al dolor y a la contrición, que nos acercan más a Él. Así la vida interior sale enriquecida no solo de los obstáculos sino también de las flaquezas, de los errores, de los pecados. Y si nos resultara más costoso el recomenzar, acudiremos a María, que hace fácil el camino que conduce a su Hijo. Pidámosle que nos ayude en el día de hoy a realizar muchos actos de contrición. Quizá nos puede servir la misma oración del publicano: &lt;i&gt;Ten piedad de mí, Señor, que soy un pobre pecador&lt;/i&gt;. O la oración del rey David: &lt;i&gt;Cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies: No despreciarás, oh Dios, un corazón contrito y humillado&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;19&lt;/sup&gt;. De modo particular nos ayudará el repetir jaculatorias cuando divisemos los muros de una iglesia, sabiendo que allí, en persona, está Jesús Sacramentado, la Fuente de toda misericordia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La Virgen, que es Madre de gracia, de misericordia, de perdón, avivará siempre en nosotros la esperanza de alcanzar la ambiciosa meta de ser santos; pongamos en sus manos el fruto de este rato de oración personal, convencidos de que a quien corresponde a la gracia, se le dará más gracia todavía.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 4, 24-25. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; San Juan Crisóstomo, &lt;i&gt;Homilías sobre el Evangelio de San Mateo&lt;/i&gt;, 45, 1. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 25, 14-30. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;Sermón 51&lt;/i&gt;, 3. &lt;i&gt;—&lt;/i&gt; &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sal&lt;/i&gt; 39, 18. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;Tratado sobre el Evangelio de San Juan&lt;/i&gt;, 17. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; Cfr. R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;Las tres edades de la vida interior&lt;/i&gt;, Palabra, 10ª ed., Madrid 2003, vol. I, p. 531 ss. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Carta&lt;/i&gt; 24-III-1930. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 16, 10. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; R. Garrigou-Lagrange, &lt;i&gt;loc. cit&lt;/i&gt;, p. 533. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Homilía&lt;/i&gt; 3-II-1980. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 18, 13. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; Cfr. San Francisco de Sales, &lt;i&gt;Tratado del amor de Dios&lt;/i&gt;, 2, 20. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;1 Jn&lt;/i&gt; 1, 8-9. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Lc&lt;/i&gt; 15, 17-18. — &lt;b&gt;17&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Es Cristo que pasa&lt;/i&gt;, 64. — &lt;b&gt;18&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sal&lt;/i&gt; 50, 12. — &lt;b&gt;19&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Sal&lt;/i&gt; 50, 19.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-5320950195175359649?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5320950195175359649'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5320950195175359649'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/crecer-en-vida-interior.html' title='Crecer en vida interior'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-5859118420761552109</id><published>2011-01-19T00:00:00.001-03:00</published><updated>2011-01-19T00:00:03.103-03:00</updated><title type='text'>VIVIR LA FE EN LO ORDINARIO</title><content type='html'>&lt;p&gt;2ª semana. Miércoles&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;VIVIR LA FE EN LO ORDINARIO&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La fe es para vivirla, y debe informar los acontecimientos menudos del día.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Fe y «visión sobrenatural».&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Fe y virtudes humanas.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Entró Jesús en una sinagoga, y allí encontró a un hombre &lt;i&gt;que tenía una mano seca&lt;/i&gt;, paralizada. San Marcos nos dice que todos le espiaban para ver si curaba en sábado&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. El Señor no se esconde ni disimula; por el contrario, pidió a este hombre que se colocara en medio, para que todos lo pudieran ver bien. Y les dijo: &lt;i&gt;¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecieron callados&lt;/i&gt;. Entonces, Jesús, indignado por su hipocresía, los miró airado y, a la vez, &lt;i&gt;entristecido por la ceguera de sus corazones&lt;/i&gt;. Fue patente para todos esta mirada llena de indignación de Jesús ante la dureza de sus almas. Y le habló al hombre: &lt;i&gt;extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó curada&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Aquel enfermo, en el centro de todos, se llenó de confianza en Jesús. Su fe se manifiesta en obedecer al Señor y en poner por obra aquello que, con sobrada experiencia, sabe que hasta ahora no puede realizar: extender la mano. La confianza en el Señor, dejando a un lado su experiencia, hizo el milagro. &lt;i&gt;Todo es posible con Jesús&lt;/i&gt;. La fe nos permite lograr metas que siempre habíamos creído inalcanzables, resolver viejos problemas personales o de una tarea apostólica que parecían insolubles, echar fuera defectos que estaban arraigados.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La vida de este hombre tomaría un nuevo rumbo después del pequeño esfuerzo exigido por Cristo; es el que nos pide también en los asuntos más normales de la vida diaria. Hoy debemos considerar «cómo el cristiano, en su existencia ordinaria y corriente, en los detalles más sencillos, en las circunstancias normales de su jornada habitual, pone en ejercicio la fe, la esperanza y la caridad, porque allí reposa la esencia de la conducta de un alma que cuenta con el auxilio divino»&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt; y necesitamos esta ayuda del Señor para salir de nuestra incapacidad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La fe es para vivirla, y debe informar las grandes y las pequeñas decisiones; y, a la vez, se manifiesta de ordinario en la manera de enfrentarse con los deberes de cada día. No basta asentir a las grandes verdades del Credo, tener una buena formación quizá; es necesario, además, vivirla, practicarla, ejercerla, debe generar una «vida de fe» que sea, a la vez, fruto y manifestación de lo que se cree. Dios nos pide servirle con la vida, con las obras, con todas las fuerzas del cuerpo y del alma. La fe es algo referido a la vida, a la vida de todos los días, y la existencia cristiana aparece como un despliegue de la fe, como un vivir con arreglo a lo que se cree&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;, a lo que se conoce como querer de Dios para la propia vida. ¿Llevamos nosotros una «vida de fe»? ¿Influye en el comportamiento, en las decisiones que tomamos...?&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. El ejercicio de la virtud de la fe en la vida cotidiana se traduce en lo que comúnmente se conoce como «visión sobrenatural», que consiste en ver las cosas, incluso las más corrientes, lo que parece intrascendente, en relación con el plan de Dios sobre cada criatura en orden a su salvación y a la de otros muchos; en acostumbrarse «a andar en los quehaceres cotidianos como mirando al Señor por el rabillo del ojo para ver si es aquella, realmente, su voluntad, si es aquel el modo como desea que hagamos las cosas; en habituarse a descubrir a Dios a través de las criaturas, a adivinarle tras lo que el mundo llama azar o casualidad, a percibir su huella por doquier»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La vida cristiana, la santidad, &lt;i&gt;no es un revestimiento externo&lt;/i&gt; que recubre al cristiano, ignorando lo propiamente humano. De ahí que las virtudes sobrenaturales influyan en las virtudes humanas y hagan del cristiano un hombre honrado, ejemplar en su trabajo y en su familia, lleno de sentido del honor y de la justicia, que se distingue ante los demás hombres por un estilo de conducta en el que destacan la lealtad, la veracidad, la reciedumbre, la alegría...: &lt;i&gt;cuanto hay de verdadero, de honorable, de justo, de íntegro, de amable y de encomiable, tenedlo en estima&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;, recordaba San Pablo a los primeros cristianos de Filipo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La vida de fe del cristiano le lleva, por tanto, a ser un hombre con virtudes humanas, porque hace realidad su fe en sus actuaciones corrientes. No solo se sentirá movido a realizar un acto de fe al divisar los muros de una iglesia, sino que se dirigirá a su Señor para pedirle luz y ayuda ante un problema laboral o doméstico, a la hora de aceptar una contradicción, ante el dolor o la enfermedad, al ofrecer una alegría, al continuar por amor un trabajo que estaba a punto de abandonar por cansancio; en el apostolado, para pedir las luces de la gracia para esas personas que pretende acercar al sacramento de la Penitencia. Visión sobrenatural cuando no se ven frutos, quizá porque se está realizando la primera labor en aquella alma y «la reja que rotura y abre el surco, no ve la semilla ni el fruto»...&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. La fe está continuamente en ejercicio, y la esperanza, y la caridad... Ante problemas y obstáculos quizá ya viejos, el Señor nos dice: &lt;i&gt;extiende tu mano...&lt;/i&gt; La fe no es una virtud para ejercerla solo en unas cuantas ocasiones, en los momentos de las prácticas de piedad, sino en el deporte, en la oficina, en medio del tráfico. Mucho menos, como hacen algunos cristianos, que parecen tener reservada la fe para el domingo a la hora de cumplir con el precepto dominical.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Examinemos nosotros hoy con qué frecuencia hacemos realidad el ideal cristiano que informa y da &lt;i&gt;un sentido nuevo a todo lo humano&lt;/i&gt; que realizamos, lo amplía y lo hace fecundo sobrenaturalmente. Examinemos también cómo vamos de «visión sobrenatural» ante los acontecimientos diarios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. La fe cristiana conduce a la reforma de la propia vida, exigiéndonos una continua rectificación de la conducta, una mejora en el modo de ser y de actuar. Entre otras consecuencias, la fe nos llevará a imitar a Jesucristo, que fue «perfecto Dios, y hombre perfecto»&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;, a ser hombres y mujeres de temple, sin complejos, sin respetos humanos, veraces, honrados, justos en los juicios, en sus negocios, en la conversación... Las virtudes humanas son las propias del hombre en cuanto hombre, y por eso Jesucristo, perfecto hombre, las vivió en plenitud. Hasta sus propios enemigos estaban asombrados del vigor humano de su figura: &lt;i&gt;Maestro &lt;/i&gt;-le dicen en cierta ocasión-, &lt;i&gt;sabemos que eres veraz, y que no tienes respetos humanos, y que enseñas el camino de Dios con autoridad...&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;. «Lo primero que llama la atención al estudiar la fisonomía humana de Jesús es su clarividencia viril en la acción, su lealtad impresionante, su áspera sinceridad, en una palabra, el carácter heroico de su personalidad. Esto era, en primer término, lo que atraía a sus discípulos»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. Él nos dio ejemplo de una serie de cualidades humanas bien entrelazadas, que compete vivir a cualquier cristiano.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Considera tan importante la perfección de las virtudes humanas que apremia a sus discípulos: &lt;i&gt;si no entendéis las cosas de la tierra, ¿cómo entenderéis las celestiales?&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;. Si no se vive la reciedumbre humana ante una dificultad, el frío o el calor, ante una pequeña enfermedad, ¿dónde se podrá asentar la virtud cardinal de la fortaleza? ¿Cómo puede ser fuerte una persona que se queja continuamente? ¿Cómo llegará a ser responsable y prudente un estudiante que deja a un lado su estudio? O ¿cómo podrá vivir la caridad quien descuida la cordialidad, la afabilidad o los detalles de educación? Aunque la gracia de Dios puede transformar enteramente a una persona –y encontramos ejemplos en la Sagrada Escritura y en la vida de la Iglesia–, lo normal es que el Señor cuente con la colaboración de las virtudes humanas.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La vida cristiana se expresa a través del actuar humano, al que dignifica y eleva al plano sobrenatural. Por otra parte, lo humano sustenta y hace posibles las virtudes sobrenaturales. Quizá, a lo largo de nuestra vida, hayamos encontrado a «tantos que se dicen cristianos –porque han sido bautizados y reciben otros Sacramentos–, pero que se muestran desleales, mentirosos, insinceros, soberbios... Y caen de golpe. Parecen estrellas que brillan un momento en el cielo y, de pronto, se precipitan irremisiblemente»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. Les fallaron los cimientos humanos y no pudieron mantenerse en pie. El ejercicio de la fe, de la esperanza, de la caridad y de las virtudes morales llevará al cristiano a ser ese ejemplo vivo que el mundo espera. Dios busca madres de familia fuertes que den testimonio a través de su maternidad y de su alegría, que sepan entablar amistad con sus hijos; y hombres de negocios justos; y médicos que no descuidan su formación profesional porque saben sacar unas horas para el estudio, que atienden al enfermo con comprensión, como él quisiera ser tratado en esas mismas circunstancias: con eficiencia y amabilidad; y estudiantes con prestigio y que se preocupan de sus compañeros de Facultad, y campesinos, artesanos, obreros de las fábricas y de la construcción... Dios quiere hombres y mujeres cabales, que expresen en la realidad menuda de su vida el gran ideal que han encontrado.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En San José encontramos un modelo espléndido de &lt;i&gt;varón justo, vir iustu&lt;/i&gt;s&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;, que vivió de fe en todas las circunstancias de su vida. Pidámosle que sepamos ser lo que Cristo espera de cada uno en el propio ambiente y circunstancias.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt;, 1-6. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Es Cristo que pasa&lt;/i&gt;, 169. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr P. Rodríguez, &lt;i&gt;Fe y vida de fe&lt;/i&gt;, EUNSA, Pamplona 1974, p. 172. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; F. Suárez, &lt;i&gt;El sacerdote y su ministerio&lt;/i&gt;, Rialp, Madrid 1969, p. 194. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Flp&lt;/i&gt; 4, 8. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Surco&lt;/i&gt;, n. 215. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Symbolo Quicumque&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 22, 16. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; K. Adam, &lt;i&gt;Jesucristo&lt;/i&gt;, Herder, Barcelona 1953, p. 110. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 3, 5. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Amigos de Dios&lt;/i&gt;, 75. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 1, 19.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-5859118420761552109?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5859118420761552109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5859118420761552109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/vivir-la-fe-en-lo-ordinario.html' title='VIVIR LA FE EN LO ORDINARIO'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-2840896308563947384</id><published>2011-01-19T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-01-19T00:00:03.447-03:00</updated><title type='text'>UNIDAD INTERNA DE LA IGLESIA</title><content type='html'>&lt;p&gt;19 de enero. 2º Día del Octavario&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;UNIDAD INTERNA DE LA IGLESIA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La unión con Cristo fundamenta la unidad de los hermanos entre sí.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Fomentar lo que une, evitar lo que separa.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;El orden de la caridad.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. El Señor quiso asociarnos a su Persona con los más apretados lazos, con nudos tan fuertes como aquellos que atan las diversas partes de un cuerpo vivo. Para expresar la relación que han de mantener sus discípulos con Él, fundamento de toda otra unidad, el Señor nos habló de la vid y de los sarmientos: &lt;i&gt;Yo soy la vid verdadera&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. En el vestíbulo del Templo de Jerusalén se encontraba una inmensa vid dorada, símbolo de Israel. Al afirmar Jesús que Él es la vid verdadera, nos dice cómo era de provisional y figurativa la que entonces simbolizaba al pueblo de Dios. &lt;i&gt;Permaneced en Mí y Yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en Mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. «Mirad esos sarmientos repletos, porque participan de la savia del tronco: solo así se han podido convertir en pulpa dulce y madura, que colmará de alegría la vista y el corazón de la gente (cfr. &lt;i&gt;Sal&lt;/i&gt; 103, 15), aquellos minúsculos brotes de unos meses antes. En el suelo quedan quizá unos palitroques sueltos, medio enterrados. Eran sarmientos también, pero secos, agostados. Son el símbolo más gráfico de la esterilidad»&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La unión con Cristo fundamenta la unidad viva de los hermanos entre sí; una misma savia recorre y fortalece a todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo. En los &lt;i&gt;Hechos de los Apóstoles&lt;/i&gt; leemos cómo los primeros cristianos, &lt;i&gt;animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;, y los creyentes &lt;i&gt;vivían unidos entre sí... vendían sus posesiones y demás bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. La fe en Cristo llevaba –y lleva– consigo unas consecuencias prácticas respecto a los demás: una misma comunión de sentimientos y una disposición de desprendimiento que se manifiesta, en su momento, en la renuncia generosa de los propios bienes en beneficio de aquellos que se encuentran más necesitados. La fe en Jesucristo nos mueve –como a los primeros cristianos– a tratarnos fraternalmente, a tener &lt;i&gt;cor unum et anima una&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;, un solo corazón y una sola alma.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En otra ocasión escribe San Lucas: &lt;i&gt;perseveraban asiduamente en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;. Nuestra diaria oración y, sobre todo, la unión con Cristo en la Eucaristía –la &lt;i&gt;fracción del pan&lt;/i&gt;– «debe manifestarse en nuestra existencia cotidiana: acciones, conducta, estilo de vida, y en las relaciones con los demás. Para cada uno de nosotros, la Eucaristía es llamada al esfuerzo creciente para llegar a ser auténticos seguidores de Jesús: verdaderos en las palabras, generosos en las obras, con interés y respeto por la dignidad y derechos de todas las personas, sea cual sea su rango o sus posesiones, sacrificados, honrados y justos, amables, considerados, misericordiosos (...). La verdad de nuestra unión con Jesucristo en la Eucaristía queda patente en si amamos o no amamos de verdad a nuestros compañeros (...), en cómo tratamos a los demás y en especial a nuestra familia (...), en la voluntad de reconciliarnos con nuestros enemigos, en el perdón a quienes nos hieren u ofenden»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;, en el ejercicio de la corrección fraterna cuando sea necesaria, en la disponibilidad para ayudar a otros, en el empeño amable por acercarlos más al Señor, en el interés verdadero por su salud, por su formación...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La intimidad con Cristo crea un alma grande, capaz de fomentar la unión con todos aquellos que vamos encontrando en el camino de la vida y, de modo muy particular, con quienes estamos ligados con vínculos más fuertes.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. Una garantía cierta del espíritu ecuménico es ese amor con obras por la unidad interna de la Iglesia, porque, «¿cómo se puede pretender que quienes no poseen nuestra fe vengan a la Iglesia Santa, si contemplan el desairado trato mutuo de los que se dicen seguidores de Cristo?»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Este espíritu se manifestará en la caridad con que tratamos a los demás católicos, en el esmero que ponemos en guardar la fe, en la delicada obediencia al Romano Pontífice y a los Obispos, en evitar todo aquello que separa y aleja. «No basta llamarse católicos: es necesario estar efectivamente unidos. Los hijos fieles de la Iglesia deben ser los constructores de la unidad concreta, de su trabazón social (...). Hoy se habla mucho de rehacer la unidad con los hermanos separados, y está bien; esta es una empresa muy meritoria, a cuyo progreso debemos colaborar todos con humildad, con tenacidad y con confianza. Pero no debemos olvidar -alertaba Pablo VI el deber de trabajar aún más por la unidad interna de la Iglesia, tan necesaria para su vitalidad espiritual y apostólica»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor nos dejó un distintivo por el que el mundo había de distinguir a sus seguidores, la mutua caridad: &lt;i&gt;en esto conocerán que sois mis discípulos&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;. Y este amor constituye como la argamasa que une fuertemente las &lt;i&gt;piedras vivas&lt;/i&gt; del edificio de la Iglesia&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;, en expresión de San Agustín. Y San Pablo exhortaba así a los cristianos de la Iglesia de Galacia: &lt;i&gt;mientras tenemos tiempo, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;. San Pedro escribe en términos muy parecidos: &lt;i&gt;Honrad a todos, amad a los hermanos&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;, y el Príncipe de los Apóstoles utiliza aquí un término que abarca a todos los que pertenecen a la Iglesia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Cuando comenzaron las persecuciones, el término &lt;i&gt;hermano&lt;/i&gt; adquirió una fuerza conmovedora y entrañable, y la petición por quienes estaban más atribulados se hizo una necesidad urgente; ante las dificultades externas, la unión se hizo más fuerte. También en nuestros días nosotros debemos sentir necesidad de «alimentar aquel sentido de solidaridad, de amistad, de mutua comprensión, de respeto al patrimonio común de doctrina y de costumbres, de obediencia y de univocidad en la fe que debe distinguir al catolicismo; eso es lo que constituye su fuerza y su belleza, lo que demuestra su autenticidad»&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;. Si hemos de amar a quienes aún no están plenamente incorporados a la lglesia, ¿cómo no vamos a querer a quienes están dentro, a los que estamos ligados por tantos lazos sobrenaturales?&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El amor a Cristo nos debe llevar a evitar radicalmente todo lo que, aun de lejos, puedan parecer juicios o críticas negativas sobre los hermanos en la fe, y especialmente sobre aquellas personas que por su misión o su condición en la Iglesia están constituidos en autoridad o tienen el deber de vivir con una ejemplaridad específica. Si alguna vez nos encontramos con un mal ejemplo o con una conducta que nos parece equivocada, procuraremos comprender las razones que han llevado a esa persona a una desacertada actuación y la disculparemos, rezaremos por ella y, cuando sea oportuno, le haremos, con delicadeza que no hiere, la corrección fraterna, como nos mandó el Señor. Hemos de pedir a Santa María que jamás se pueda decir de nosotros que, por la murmuración o la crítica, hemos contribuido a dañar esa unidad profunda del Cuerpo Místico de Cristo. «Acostúmbrate a hablar cordialmente de todo y de todos; en particular, de cuantos trabajan en el servicio de Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;»Y cuando no sea posible, ¡calla!: también los comentarios bruscos o desenfadados pueden rayar en la murmuración o en la difamación»&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Ante el peligro, existe en el hombre como un instinto de proteger la cabeza; y esa misma actitud debemos tener también como cristianos. Amparar, en el ámbito en que nos movemos, al Romano Pontífice y a los Obispos cuando surgen críticas y calumnias, cuando son menospreciados... El Señor se alegra y nos bendice siempre que, en la medida en que está a nuestro alcance, salimos en defensa de su Vicario en la tierra y de quienes, como los Obispos, comparten la tarea pastoral. Y, porque la unidad es algo positivo que se construye día a día, rezaremos todos los días por el Papa y los Pastores, con amor y piedad: &lt;i&gt;Dominus conservet eum et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra...&lt;/i&gt; Que el Señor lo conserve y lo vivifique y lo haga dichoso en la tierra...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El amor a la unidad nos ayudará a mantener la concordia fraterna, a evitar lo que separa y fomentar aquello que une: la oración, la cordialidad, la corrección fraterna, la petición por aquellos hermanos que en ese día pueden estar más necesitados de ayuda, por quienes viven en países donde la fe es perseguida o impedida.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El orden de la caridad –que mira a los que están más cerca de Dios– nos lleva también a amar con obras a quienes el Señor ha querido que estén más próximos a nuestras vidas. Los vínculos de la fe, el parentesco, la afinidad, el trabajo, la vecindad..., originan deberes de caridad que hemos de atender particularmente. Difícilmente sería auténtica una caridad que se preocupara por los más lejanos y olvidara a quienes el Señor nos ha puesto cerca para que nuestro cuidado y oración los proteja y ayude. San Agustín afirmaba que, sin excluir a nadie, se entregaba con mayor facilidad a los que eran más íntimos y familiares. Y añadía: «en esta caridad descanso sin preocupación alguna, porque allí siento que está Dios, a quien me entrego seguro y en quien descanso seguro...»&lt;sup&gt;17&lt;/sup&gt;. Y San Bernardo pedía al Señor que le ayudara a cuidar bien de la parcela que le había sido encomendada&lt;sup&gt;18&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La unidad interna de la Iglesia, fundamentada en la caridad, es el mejor medio para atraer a los que aún se encuentran lejos y a los que ya, muchas veces sin darse cuenta ellos mismos, se encuentran en camino hacia la casa paterna. Debe ser tal nuestra manera de vivir que los demás, al ver la alegría, el cariño mutuo, el afán de servicio, se enciendan en deseos de pertenecer a la misma familia. La oración y el empeño por la unidad han de ir acompañados por el ejemplo vivo en medio de nuestra vida cotidiana. Ese mismo ejemplo atraerá con fuerza también a quienes, siendo miembros de la Iglesia Católica, se encuentran muertos en la caridad o dormidos, al estar alejados de los sacramentos, del trato íntimo con Jesucristo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 15, 1. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 15, 4-6. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá&lt;i&gt;, Amigos de Dios&lt;/i&gt;, Rialp, 2ª ed., Madrid 1987, 254. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 1, 14. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 2, 44-45. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 4, 32. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 2, 42. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Homilía en Phoenix Park&lt;/i&gt;, 29-IX-1979. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá&lt;i&gt;, Surco&lt;/i&gt;, Rialp, 3ª ed., Madrid 1986, n. 751. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; Pablo VI, &lt;i&gt;Alocución&lt;/i&gt; 31-III-1965. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 13, 35. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Cfr. San Agustín, &lt;i&gt;Comentario sobre el Salmo 44&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Gal&lt;/i&gt; 6, l0. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; &lt;i&gt;1 Pdr&lt;/i&gt; 2, 17. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Pablo VI, &lt;i&gt;loc cit&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá&lt;i&gt;, Surco&lt;/i&gt;, n. 902. — &lt;b&gt;17&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;Carta 73&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;18&lt;/b&gt; San Bernardo, &lt;i&gt;Sermón 49 sobre el Cantar de los Cantares&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-2840896308563947384?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/2840896308563947384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/2840896308563947384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/unidad-interna-de-la-iglesia.html' title='UNIDAD INTERNA DE LA IGLESIA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-5315089715582913019</id><published>2011-01-18T00:03:00.000-03:00</published><updated>2011-01-18T07:33:48.100-03:00</updated><title type='text'>DIGNIDAD DE LA PERSONA</title><content type='html'>&lt;p&gt;2ª semana. Martes&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;DIGNIDAD DE LA PERSONA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;La grandeza y dignidad de la persona humana.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Dignidad de la persona en el trabajo. Principios de doctrina social de la Iglesia.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;Una sociedad justa.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. Iba Jesús atravesando un sembrado, y los discípulos desgranaban algunas espigas para comerlas. Era un día de sábado; los fariseos se dirigieron al Maestro para que les llamara la atención, pues –según su propia casuística– no era lícito realizar aquel pequeño trabajo en sábado. Jesús salió en defensa de sus discípulos y del propio descanso sabático, y para esto acude a la Sagrada Escritura: &lt;i&gt;¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando se vio necesitado, y tuvo hambre él y los que estaban con él? ¿Cómo entró en la Casa de Dios en tiempos de Abiatar, Sumo Sacerdote, y comió los panes de la proposición, que no es lícito comer más que a los sacerdotes, y los dio también a los que estaban con él? Y les decía: El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado&lt;/i&gt;. Y a continuación les da todavía una razón más alta: &lt;i&gt;el Hijo del Hombre es señor hasta del sábado&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Todo está ordenado en función de Cristo y de la persona; también el descanso del sábado.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Los panes de la proposición eran doce panes que se colocaban cada semana en la mesa del santuario, como homenaje de las doce tribus de Israel&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;; los que se retiraban del altar quedaban reservados para los sacerdotes que atendían el culto.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La conducta de David anticipó la doctrina que Cristo enseña en este pasaje. Ya en el Antiguo Testamento, Dios había establecido un orden en los preceptos de la Ley de modo que los de menor rango ceden ante los principales. Así se explica que un precepto ceremonial, como era este de los panes, cediese ante un precepto de ley natural&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. El precepto del sábado tampoco estaba por encima de las necesidades elementales de subsistencia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Concilio Vaticano II se inspira en este pasaje para subrayar el valor de la persona por encima del desarrollo económico y social&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. Después de Dios, el hombre es lo primero; si no fuera así sería un verdadero desorden, como vemos desgraciadamente que ocurre con frecuencia.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La Humanidad Santísima de Cristo arroja una luz que ilumina nuestro ser y nuestra vida, pues solo en Cristo conocemos verdaderamente el valor inconmensurable de un hombre. «Cuando os preguntéis por el misterio de vosotros mismos –decía Juan Pablo II a numerosos jóvenes–, mirad a Cristo, que es quien da sentido a la vida»&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;. Solo Él; ningún otro puede dar sentido a la existencia, y por eso no cabe definir al hombre a partir de las realidades inferiores creadas, y menos por su producción laboral, por el resultado material de su esfuerzo. La grandeza de la persona humana se deriva de la realidad espiritual del alma, de la filiación divina, de su destino eterno, recibido de Dios. Y esto la sitúa por encima de toda la naturaleza creada. La dignidad, y el respeto inmenso que merece, le es otorgada en el momento de su concepción, y fundamenta el derecho a la inviolabilidad de la vida y la veneración a la maternidad.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El título que, en último término, funda la dignidad humana está en ser la única realidad de la creación visible a la que Dios ha amado en sí misma, creándola a su imagen y semejanza y elevándola al orden de la gracia. Pero además, el hombre adquirió un valor nuevo después que el Hijo de Dios, mediante su Encarnación, asumiera nuestra naturaleza y diera su vida por todos los hombres: &lt;i&gt;propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis. Et incarnatus est&lt;/i&gt;. Por eso, nos interesan todas las almas que nos rodean: no hay ninguna que quede fuera del Amor de Cristo, ninguna que alejemos de nuestro respeto y consideración. Miremos a nuestro alrededor, a las personas que diariamente vemos y saludamos, y veamos en la presencia del Señor si de hecho es así, si manifestamos a los demás ese aprecio y veneración.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. La dignidad de la criatura humana –imagen de Dios– es el criterio adecuado para juzgar los verdaderos progresos de la sociedad, del trabajo, de la ciencia..., y no al revés&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;. Y la dignidad del hombre se expresa en todo su quehacer personal y social; de modo particular, en el campo del trabajo, donde se realiza y cumple a la vez el mandato de su Creador, que lo sacó de la nada y lo puso en una tierra sin pecado &lt;i&gt;ut operaretur&lt;/i&gt;, para que trabajara&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt; y así le diera gloria. Por eso, la Iglesia defiende la dignidad de la persona que trabaja, y a la que se falta cuando se la estima solo en lo que produce, cuando se considera el trabajo como mera mercancía, valorando más «la obra que el obrero», «el objeto más que el sujeto que la realiza»&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt; –dice de modo expresivo Juan Pablo II–, cuando se le utiliza como elemento para la ganancia, estimándolo solo en lo que produce.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;No se trata de una cuestión de formas externas, de trato, pues incluso con unos modos humanos cordiales puede atentarse contra la dignidad de los demás, si se les subordina a fines meramente utilitarios, como mecanismo, por ejemplo, para elevar la productividad o mantener la paz en la empresa: hemos de venerar en todo hombre la imagen de Dios.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Lejos estaríamos de una visión cristiana si en algo mantuviéramos una visión chata, pegada a la tierra: los indicadores más fieles de la justicia en las relaciones sociales no son el volumen de la riqueza creada ni su distribución..., es necesario examinar «si las estructuras, el funcionamiento, los ambientes de un sistema económico, son tales que comprometen la dignidad humana de cuantos en él despliegan su propia actividad...»&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;. Hemos de tener presente que el criterio supremo en el uso de los bienes materiales debe ser «el de facilitar y promover el perfeccionamiento espiritual de los seres humanos, tanto en el orden natural como en el sobrenatural»&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;, comenzando, como es lógico, por aquellos que los producen.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Por eso, la íntima conexión entre trabajo y propiedad pide, para su propia perfección, que quien lo realiza pueda considerar de alguna forma «que está trabajando en algo propio»&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La dignidad del trabajo viene expresada en un &lt;i&gt;salario justo&lt;/i&gt;, base de toda justicia social; incluso en el caso en el que se trate de un contrato libre, pues, aunque el salario estipulado fuera conforme a la letra de la ley, esto no legitima cualquier retribución que se acuerde. Y si quien contrata (el director de una academia, el constructor, el patrono, el ama de casa...) quisiera aprovecharse de una situación en la que haya excedente de mano de obra, por ejemplo, para pagar unos salarios contrarios a la dignidad de las personas, ofendería a esas personas y a su Creador, pues estas tienen un derecho natural irrenunciable a los medios suficientes para el propio mantenimiento y el de sus familias, que está por encima del derecho a la libre contratación&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;. Otra «consecuencia lógica es que todos tenemos el deber de hacer bien nuestro trabajo... No podemos rehuir nuestro deber, ni conformarnos con trabajar medianamente»&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;. La pereza y el trabajo mal hecho también atentan contra la justicia social.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. Es preciso tener presente que la finalidad principal del desarrollo económico «no es un mero crecimiento de la producción, ni el lucro o el poder, sino el servicio del hombre integral, teniendo en cuenta sus necesidades de orden material y las exigencias de su vida intelectual, moral, espiritual y religiosa»&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;. Esto no niega un campo de legítima autonomía para la ciencia económica: la autonomía que es propia del orden temporal, que llevará a estudiar las causas de los problemas económicos, sugerir soluciones técnicas y políticas, etc. Pero estas soluciones se deben someter siempre a un criterio superior, de orden moral, pues no son absolutamente independientes y autónomas; y no se ha de confiar en acciones puramente técnicas cuando nos encontramos con problemas que tienen su origen en un desorden moral.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Es largo el camino hasta llegar a una sociedad justa en la que la dignidad de la persona, hija de Dios, sea plenamente reconocida y respetada. Pero ese cometido es nuestro, de los cristianos, junto a todos los hombres de buena voluntad. Porque «no se ama la justicia, si no se ama verla cumplida con relación a los demás. Como tampoco es lícito encerrarse en una religiosidad cómoda, olvidando las necesidades de los otros. El que desea ser justo a los ojos de Dios se esfuerza también en hacer que la justicia se realice de hecho entre los hombres»&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;. Debemos vivir, con todas sus consecuencias y en los campos más variados, el respeto a toda persona: defendiendo la vida ya concebida, porque allí hay un hijo de Dios con un derecho a vivir que Él le ha dado y que nadie le puede quitar; a los ancianos y más débiles, para quienes hemos de tener entrañas de misericordia, esa misericordia que el mundo parece perder. Como empleados u obreros, siendo buenos trabajadores y expertos profesionales, o como empresarios, conociendo muy bien la doctrina social de la Iglesia para llevarla a la práctica.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;También hemos de reconocer esa dignidad de la persona en las relaciones normales de la vida: considerando a quienes tratamos –por encima de sus posibles defectos– como hijos de Dios, evitando hasta la más pequeña murmuración y todo aquello que pueda dañarles. «Acostúmbrate a encomendar a cada una de las personas que tratas a su Ángel Custodio, para que le ayude a ser buena y fiel, y alegre»&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;. Entonces será más fácil el trato, y las relaciones ganarán en cordialidad, en paz y respeto mutuo.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El &lt;i&gt;Hijo del Hombre es señor hasta del sábado&lt;/i&gt;. Todo debemos ordenarlo en función de Cristo –Sumo Bien– y de la persona humana, por cuya salvación Él se inmoló en el Calvario. Ningún bien terreno es superior al hombre.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mc&lt;/i&gt; 2, 23-28. — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Lev&lt;/i&gt; 24, 5-9. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr. Sagrada Biblia, &lt;i&gt;Santos&lt;/i&gt; Evan&lt;i&gt;gelios&lt;/i&gt;, EUNSA, Pamplona 1983, in loc. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Cfr. Conc. Vat. II, Const &lt;i&gt;Gau&lt;/i&gt;d&lt;i&gt;ium et spes&lt;/i&gt;, 26. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Juan Pablo II, Nueva York, &lt;i&gt;En el Madison Square Garden&lt;/i&gt;, 3-X-1979. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. ídem, &lt;i&gt;Discurso&lt;/i&gt; 15-VI-1982, 7. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Gen&lt;/i&gt; 2, 15. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Discurso&lt;/i&gt; 24-XI-1979. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; Juan XXIII, Enc. &lt;i&gt;Mater et Magistra&lt;/i&gt;, 15-V-1961, 83. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Ibídem&lt;/i&gt;, 246. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; Juan Pablo II, Enc. &lt;i&gt;Laborem exercens&lt;/i&gt;, 15. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Cfr. Pablo VI, Enc. &lt;i&gt;Populorum progressio&lt;/i&gt;, 24-III-1967, 59. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Discurso&lt;/i&gt; 7-XI-1982. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, &lt;i&gt;loc. cit&lt;/i&gt;., 64. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; San Josemaría Escrivá, &lt;i&gt;Es Cristo que pasa&lt;/i&gt;, 52. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; ídem, &lt;i&gt;Forja&lt;/i&gt;, n. 1012.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-5315089715582913019?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5315089715582913019'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5315089715582913019'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/dignidad-de-la-persona.html' title='DIGNIDAD DE LA PERSONA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6861892140040358351.post-5894253490398121434</id><published>2011-01-18T00:00:00.000-03:00</published><updated>2011-01-18T07:24:17.154-03:00</updated><title type='text'>JESUCRISTO FUNDÓ UNA SOLA IGLESIA</title><content type='html'>&lt;p&gt;octavario por la unión de los cristianos   &lt;br /&gt;18 de enero. 1&lt;sup&gt;er&lt;/sup&gt; Día del Octavario&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;JESUCRISTO FUNDÓ UNA SOLA IGLESIA&lt;/p&gt;  &lt;ul&gt;   &lt;li&gt;Voluntad de Cristo de fundar una sola Iglesia.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La oración de Jesús por la unidad.&lt;/li&gt;    &lt;li&gt;La unidad, don de Dios. Convivencia amable con todos los hombres.&lt;/li&gt; &lt;/ul&gt;  &lt;p align="justify"&gt;I. &lt;i&gt;Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. ¡Cuántas veces a lo largo de nuestra vida hemos hecho esta profesión de fe, saboreando cada una de estas notas: &lt;i&gt;una, santa, católica&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;apostólica!&lt;/i&gt; Pero en estos días en que la Iglesia nos propone una Semana para rezar con más fervor por la unidad de los cristianos, estaremos unidos en la oración al Papa, a los Obispos, a los católicos de todo el mundo y a nuestros hermanos separados. Estos, aunque no tienen la plenitud de fe, de sacramentos o de régimen, tienden a ella, impulsados por el mismo Cristo, que quiere &lt;i&gt;ut omnes unum sint&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;, que todos, y de modo particular los cristianos, lleguen a la unidad en una sola Iglesia, la que Cristo fundó, aquella que permanecerá en el mundo hasta el fin de los tiempos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Creo en la Iglesia, que es una...&lt;/i&gt; La unidad es nota característica de la Iglesia de Cristo y forma parte de su misterio&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;. El Señor no fundó muchas iglesias, sino una sola Iglesia, «que en el Símbolo confesamos como una, santa, católica y apostólica, y que nuestro Salvador, después de su Resurrección, encomendó a Pedro para que la apacentara (cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 21, 17), confiándole a él y a los demás Apóstoles su difusión y gobierno (cfr. &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 28, 18 ss.), y la erigió perpetuamente en columna y fundamento de la verdad (cfr. &lt;i&gt;1 Tim&lt;/i&gt; 3, 15). Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien fuera de su estructura se encuentran muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad de Cristo»&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;. En ocasiones se ha comparado la Iglesia a la túnica de Cristo, inconsútil, &lt;i&gt;de una sola pieza, sin costuras, tejida de arriba abajo&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;: no tiene costuras para que no se rompa&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;, afirma San Agustín.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El Señor manifestó de muchas maneras su propósito de fundar una sola Iglesia. Nos habla de un solo rebaño y un solo pastor&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;, nos advierte de la ruina de un reino dividido en facciones contrapuestas -&lt;i&gt;omne regnum divisum contra se, desolabitur&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt; de una ciudad cuyas llaves se entregan a Pedro&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt; y de un solo edificio construido sobre el cimiento de Pedro&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;...&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Hoy, en la Comunión de los Santos, en la que de forma diversa participamos, nos unimos a tantos y tantos en todo el mundo que, con pureza de intención, piden: &lt;i&gt;ut omnes unum sint&lt;/i&gt;, que todos seamos uno, en un solo rebaño bajo un solo Pastor, que no se desgaje nunca más una rama del árbol frondoso de la Iglesia. ¡Qué dolor cuando algún sarmiento se separa de la vid verdadera!&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;II. La solicitud constante de Jesús por la unidad de los suyos se manifestó de una manera particular en la oración de la Última Cena, que es, a la vez, como el testamento que nos deja a los discípulos: &lt;i&gt;Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros... No solo ruego por ellos, sino también por los que creerán en Mí por las palabras de ellos, para que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que Tú me has enviado&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;i&gt;Ut omnes unum sint...&lt;/i&gt; La unión con Cristo es causa y condición de la unidad de los cristianos entre sí. Esta unidad es uno de los mayores bienes para toda la humanidad, pues, siendo la Iglesia &lt;i&gt;una y única&lt;/i&gt;, aparece como signo ante las naciones para invitar a todos a creer en Jesucristo, el Salvador único de todos los hombres; Ella continúa en el mundo esa misión salvadora de Jesús. El Concilio Vaticano II, haciendo referencia a los fundamentos del ecumenismo, relaciona la unidad de la Iglesia con su universalidad y con esta misión salvadora&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La unidad de fe y de costumbres es la que motiva la celebración del llamado primer Concilio de Jerusalén&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;, en los comienzos de la Iglesia. Y una buena parte de las &lt;i&gt;Cartas&lt;/i&gt; de San Pablo son un llamamiento a la unidad. El cuidado de este bien tan grande es el principal encargo que San Pablo hace a los presbíteros&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;, a sus más íntimos colaboradores, y a quienes le habían de suceder en el pastoreo y sostenimiento de aquellas comunidades&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;. Esta preocupación está siempre presente en todos los Apóstoles&lt;sup&gt;16&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La doctrina de los Padres de la Iglesia lleva siempre a defender esta unidad querida por Cristo, y consideran la separación del tronco común como el peor de los males&lt;sup&gt;17&lt;/sup&gt;. En nuestros días, ante la pretensión de un falso ecumenismo de algunos que consideran todas las confesiones cristianas como igualmente válidas, rechazando la existencia de una Iglesia visible heredera de los Apóstoles y, por tanto, en la que se realiza la voluntad de Cristo, el Concilio Vaticano II declaró para nuestra enseñanza que «una sola es la Iglesia fundada por Cristo Señor; muchas son, sin embargo, las Comuniones cristianas que a sí mismas se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. Esta división contradice abiertamente a la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la causa santísima de la predicación del Evangelio a todos los hombres»&lt;sup&gt;18&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Porque amamos apasionadamente a la Iglesia nos duele en lo más íntimo del alma este «escándalo para el mundo» que constituyen las divisiones y sus causas. Por eso hemos de pedir y de ofrecer sacrificios, pequeñas mortificaciones en medio del trabajo diario, para atraer la misericordia de Dios, de manera que –superando muchas dificultades– sea cada vez mayor la realidad de esta unión en la única Iglesia de Cristo. En lo que esté de nuestra parte, quitaremos lo que pueda ser obstáculo, aquello que, por no vivir personalmente las exigencias de la vocación cristiana, pudiera ser motivo para que otros se alejen o no se acerquen a la Iglesia; resaltaremos lo que tenemos en común, dado que quizá a lo largo de la historia se ha puesto más de relieve lo que separa que aquello que puede ser motivo de unión. Esta es la intención y la doctrina del Magisterio, pues «la Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro»&lt;sup&gt;19&lt;/sup&gt;. Aunque no están en plena comunión con la Iglesia, hay algunos que tienen la Sagrada Escritura como norma de fe y vida, manifiestan un verdadero celo apostólico, han sido bautizados y han recibido otros sacramentos. Algunos poseen el episcopado, celebran la Sagrada Eucaristía y fomentan la piedad hacia la Virgen María. Participan en cierto modo en la &lt;i&gt;Comunión de los Santos&lt;/i&gt; y reciben su influjo, y son impulsados por el Espíritu Santo a una vida ejemplar&lt;sup&gt;20&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El deseo de unión, la oración por todos, nos lleva a ser ejemplares en la caridad. También de nosotros se ha de decir, como de los primeros cristianos: &lt;i&gt;mirad cómo se aman&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;21&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;III. La unidad es un don de Dios y por eso está estrechamente ligada a la oración y a la continua conversión del corazón, a la lucha ascética personal por ser mejores, por estar más unidos al Señor. Poco podremos hacer por la unidad de los cristianos «si no hemos logrado esta intimidad estrecha con el Señor Jesús: si realmente no estamos con Él y como Él santificados en la verdad; si no guardamos su palabra en nosotros, tratando de descubrir cada día su riqueza escondida; si el amor mismo de Dios por su Cristo no está profundamente arraigado en nosotros»&lt;sup&gt;22&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El amor a Dios nos ha de llevar a pedir, de modo particular en estos días, por esos hermanos nuestros que mantienen aún muchos vínculos con la Iglesia. Contribuiremos eficazmente a la edificación de esa unión en la medida en que nos afanemos por buscar la santidad personal en lo corriente de todos los días y aumentemos nuestro espíritu apostólico. El fiel católico ha de tener siempre un corazón grande y debe saber servir generosamente a sus hermanos los hombres –a los demás católicos y a quienes tienen la fe en Cristo sin pertenecer a la Iglesia o profesan otras religiones o ninguna y mostrarse abierto y siempre dispuesto a convivir con todos. Hemos de amar a los hombres para llevarlos a la plenitud de Cristo, y así hacerlos felices. Señor –le pedimos con la liturgia de la Misa &lt;i&gt;infunde en nosotros tu Espíritu de caridad y... haz que cuantos creemos en Ti vivamos unidos en un mismo amor&lt;/i&gt;&lt;sup&gt;23&lt;/sup&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;1&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Símbolo Nicenoconstantinopolitano. Denz&lt;/i&gt; 86 (150). — &lt;b&gt;2&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 17, 21. — &lt;b&gt;3&lt;/b&gt; Cfr. Pablo VI, &lt;i&gt;Alocución&lt;/i&gt; 19-I-1977. — &lt;b&gt;4&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, Const. &lt;i&gt;Lumen gentium&lt;/i&gt;, 8. — &lt;b&gt;5&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 19, 23. — &lt;b&gt;6&lt;/b&gt; Cfr. San Agustín, &lt;i&gt;Tratado sobre el Evangelio de San Juan&lt;/i&gt;, 118, 4. — &lt;b&gt;7&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 10, 16. — &lt;b&gt;8&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 12, 25. — &lt;b&gt;9&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 16, 19. — &lt;b&gt;10&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Mt&lt;/i&gt; 16, 18. — &lt;b&gt;11&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 17, 11, 20-21. — &lt;b&gt;12&lt;/b&gt; Cfr, Conc. Vat. II, Decr. &lt;i&gt;Unitatis redintegratio&lt;/i&gt;, 1. — &lt;b&gt;13&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 15, 1-30. — &lt;b&gt;14&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Hech&lt;/i&gt; 20, 28-35. — &lt;b&gt;15&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;1 Tim&lt;/i&gt; 4, 1-16; 6, 3-6; &lt;i&gt;Tit&lt;/i&gt; 1, 5-16; etc. — &lt;b&gt;16&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;1 Pdr&lt;/i&gt; 2, 1-9; &lt;i&gt;2 Pdr&lt;/i&gt; 1, 12-15; &lt;i&gt;Jn&lt;/i&gt; 2, 1-25; &lt;i&gt;Sant&lt;/i&gt; 4, 11-12; etc. — &lt;b&gt;17&lt;/b&gt; San Agustín, &lt;i&gt;Contra los parmenianos&lt;/i&gt;, 2, 2. — &lt;b&gt;18&lt;/b&gt; Conc. Vat. II, Decr. &lt;i&gt;Unitatis redintegratio&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;19&lt;/b&gt; ídem, Const. &lt;i&gt;Lumen gentium&lt;/i&gt;, 15. — &lt;b&gt;20&lt;/b&gt; Cfr. &lt;i&gt;ibídem&lt;/i&gt;. — &lt;b&gt;21&lt;/b&gt; Tertuliano, &lt;i&gt;Apologético&lt;/i&gt;, 39. — &lt;b&gt;22&lt;/b&gt; Juan Pablo II, &lt;i&gt;Alocución por la Unión de los Cristianos&lt;/i&gt;, 23-I-1981. — &lt;b&gt;23&lt;/b&gt; Misal Romano, &lt;i&gt;Misa por la unidad de los cristianos&lt;/i&gt;, 3. Ciclo B. Oración después de la Comunión.&lt;/p&gt;  &lt;blockquote&gt;   &lt;p align="justify"&gt;Breve&lt;/p&gt;    &lt;p align="justify"&gt;Cada año, del 18 al 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo, la Iglesia dedica ocho días a pedir especialmente para que todos aquellos que creen en Jesucristo lleguen a formar parte de la única Iglesia fundada por Él.&lt;/p&gt;    &lt;p align="justify"&gt;León XIII, en 1897, en la Encíclica &lt;i&gt;Satis cognitum&lt;/i&gt;, dispuso ya que fueran consagrados a esta intención los nueve días que median entre Ascensión y Pentecostés. En el año 1910, San Pío X trasladó la celebración a los días 18 al 25 de enero de cada año (entre las fiestas de la &lt;i&gt;Cátedra de San Pedro&lt;/i&gt;, que se celebraba entonces el día 18 de este mes, y la &lt;i&gt;Conversión de San Pablo)&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;    &lt;p align="justify"&gt;El Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre ecumenismo, instaba a esta oración, «conscientes de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de una sola y única Iglesia de Cristo excede las fuerzas y la capacidad humana» (Decr. &lt;i&gt;Unitatis redintegratio&lt;/i&gt;, 24).&lt;/p&gt; &lt;/blockquote&gt;  &lt;p&gt;&lt;a href="http://www.meditaciondiaria.com.ar"&gt;www.meditaciondiaria.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6861892140040358351-5894253490398121434?l=www.meditaciondiaria.com.ar' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5894253490398121434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6861892140040358351/posts/default/5894253490398121434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.meditaciondiaria.com.ar/2011/01/jesucristo-fundo-una-sola-iglesia.html' title='JESUCRISTO FUNDÓ UNA SOLA IGLESIA'/><author><name>Jorge Cribb</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_j77MMW8XI-w/SsS0aKNYQ6I/AAAAAAAAAX8/hPTg1i-kW0Q/S220/jorgecribb.jpeg'/></author></entry></feed>
